Curiosa la forma en que funcionan la ideología y/o la corrupción. Si Madoff realiza una estafacon inversiones en la Bolsa de Valores, “la culpa es de un sistema capitalistasalvaje”. Pero cuando la estafa la hace un funcionario público, o un “sindicalistaamigo”, junto a un vendedor de medicamentos truchos, “es un hecho policial, no tenemosnada que ver”.
Sin embargo, así como cuando se produce una falla en el mercado de valores que lleva a unaestafa piramidal, se hace necesario revisar el sistema para verificar dónde y cómo se produjo laanomalía que permitió el delito y corregirlo. Así, cuando surge una organización que vendemedicamentos falsos o robados al Estado o a entidades para estatales que se financian con nuestrodinero, resulta imprescindible, además de juzgar y condenar a los responsables, revisar el sistemaque hace posible que estas cosas pasen.
A eso quiero dedicar las líneas que siguen, porque detrás de la “mafia de losmedicamentos” no sólo hay un delito. Hay un sistema que lo permite, que lleva décadasfuncionando y que podría, claramente corregirse.
Permítanme, entonces, repasar. En la Argentina, los trabajadores sindicalizados aportan parte desu sueldo a una obra social que le brinda una cobertura de seguro de salud. Como hay obras socialesmás ricas y obras sociales más pobres, dependiendo de los salarios que cobran sus afiliados, perolos costos de los servicios de salud son independientes de dichos salarios, funcionan diversosmecanismos de “redistribución” de fondos entre obras sociales, y entre afiliados.
Complementariamente, están los hospitales públicos, para atender, en principio, a quienes notienen cobertura, por trabajar en negro, o por no trabajar. Pero que terminan atendiendo a todos.El sistema de salud para jubilados y pensionados, quienes paradójicamente, pese a haber aportado asus diferentes obras sociales mientras estaban en actividad, no son cubiertos por éstas, engeneral, cuando se jubilan. Y los sistemas de medicina privada, que brindan seguro de salud atrabajadores autónomos, empresarios, profesionales independientes o trabajadores que, además,contratan una medicina prepaga.
Detrás de toda esta maraña de entidades, subsidios cruzados, fondos públicos y privados, todomezclado, están los prestadores de servicios independientes, laboratorios, droguerías, farmacias,profesionales de la salud. Un sistema complejo, en el marco de gastos de salud crecientes,derivados de la evolución de la tecnología.
Sistema que, además, tiende al sobre gasto, por definición, en la medida que los que consumen nopagan directamente o no tienen ningún control sobre lo que demandan. (Yo no puedo decidir quéestudios hacerme o qué medicamentos comprar.)
Es bajo este contexto, donde surge el caso particular de los medicamentos falsos, que hoy estásaliendo a la luz.
En efecto, del dinero que cada trabajador aporta de su salario para su cobertura de salud, unporcentaje va a engrosar un fondo destinado a financiar tratamientos caros y prolongados, conremedios de alto precio que no son cubiertos directamente por la prestación obligatoria.
Este fondo le “paga” a cada obra social esos tratamientos de manera no automática.Cada obra social presenta una solicitud para que le “cubran” el gasto en cuestión y unfuncionario decide darle curso o no a ese trámite, girando los fondos correspondientes en cadacaso. En otras palabras, en el negocio de los medicamentos de alto costo interviene un laboratorioque los produce. Una droguería u otro intermediario que se lo vende a una obra social. Directivosde la obra social que “contratan” con el vendedor y que, a la vez, le solicitan losfondos a un funcionario del Ministerio de Salud. Y, por último, ese funcionario público queautoriza o no el giro de esos fondos, discrecionalmente.
Si todos los integrantes de esa cadena son “honestos”, los remedios son de buenacalidad y los pagos son los adecuados. Si en la cadena surgen deshonestos, los remedios son falsos(o son verdaderos, pero alguien igual paga una coima para que se lo compren a él y no a lacompetencia), y muchos de los participantes de esta cadena se llenan de plata. Dinero que hastasirve para financiar campañas electorales y otras necesidades de la política. Obviamente, estaplata no es del Estado, sino que es dinero de los trabajadores, de su sueldo. Y, obviamentetambién, si los remedios son falsos, no cumplen su cometido, y en no pocos casos, matan a aquéllosque los consumen. ¡Los trabajadores financian su propio asesinato!
Está claro que este sistema no lo inventaron los Kirchner. Pero está claro también que no sólono quisieron cambiarlo, si no que, además, ellos y sus amigos se beneficiaron de él.
Por último, los que saben y hacen las cuentas comentan que con todo lo que se gasta bajo estesistema se podría tener un seguro de salud razonable para toda la población.
Pero cambiar el sistema no sería “progre”.




