•SU CONFLICTO CON LA ARGENTINIDAD Y EL FANTASMA DE MARADONA

Messi, el extranjero

Qué bárbaro Messi, ¿no? Así llamaban los griegos, justamente, a los extranjeros. La onomatopeya bar era usada para imitar el sonido de la gente al hablar y de allí nace la palabra barbarós, que significaba “el que balbucea” o “el que no conoce la lengua”.

Messi, el extranjero
24-08-2026 | 10:07

Miré hacia el público y no distinguí ningún rostro. No me había dado cuenta de que todaesa gente se apretujaba para verme a mí”

De “El extranjero” (1942), Albert Camus (1913-1960).

Qué bárbaro Messi, ¿no? Así llamaban los griegos, justamente, a los extranjeros. La onomatopeyabar era usada para imitar el sonido de la gente al hablar y de allí nace la palabra barbarós, quesignificaba “el que balbucea” o “el que no conoce la lengua”. Muy bien. Yaentrados en tema, colegas, sigamos con el geniecillo que tiene a casi todo el mundo rendido a suspies. Por cierto: “casi”, somos nosotros.

Suena extraño para una sociedad exitista, pero aquí, Messi, lejos de ser indiscutido, hastaindigna a nuestros Nacionalistas de Mundial, secta nativa que cada cuatro años, víctima de unaferoz excitación psicomotriz, se lanza a reivindicar la argentinidad pura. Estos patriotas deliving y LCD le exigen que, cada vez que vista la celeste y blanca, repita esas jugadas dePlayStation que tan fácil le salen en Europa. Lo acusan. Juran que “no sabe la letra delhimno”. Horror.

Más allá de la necedad de estos simpáticos energúmenos, es cierto que acá juega mal, atado, sinconfianza. Se enreda, choca, pierde, se fastidia. Parece otro. ¿Qué le pasa?

Es fácil culpar de todo a Maradona, que como técnico, pobre, no seduce a nadie. Su rústicosistema con dos líneas de cuatro deja a Messi aislado, huérfano, sin socios que lo alimenten oabran la defensa rival y esas cosas, claro, no suelen pasarle en el deslumbrante Barcelona de Pep.Sin embargo, en estos últimos partidos sin Xavi, con un Iniesta a media máquina y un Zlatan algodeprimido, Messi deslumbró con arrebatos individuales, esas increíbles jugadas de dibujito japonésdonde se lo ve encarando a un ejército de defensores que, un segundo después, caen ridículamentesobre el césped, humillados. Gol.

Messi sí rindió a pleno en la Sub-20, cuando la pasaba bomba jugando a la Play con Ustari y elKun, sus amigos. Ya con Peckerman, en la Mayor, se apichonó con el maltrato del EngancheMelancólico y ni el paternal Coco, finalmente expulsado por estos niños ricos con tristeza, niMaradona, que hasta borró al malo de la película, lograron contenerlo. Las Eliminatorias fueron unatortura. Ni la tocó. La insólita teoría de que los sudamericanos lo marcan mejor que en Europa noresiste el menor análisis. ¿Cuántos defensores de Bolivia, Ecuador, Perú o Venezuela la rompen enlas ligas europeas, muchachos? No, no es eso. ¿Y entonces? ¿Qué cuernos le pasa a este pibe?

Para muchos, acaso sea difícil imaginar que alguien que acaba de ganar 33 millones de euros elaño pasado tenga algún problema que el dinero no pueda solucionar. Pues lo tiene. Es lo que creo y,si me lo permiten, trataré de explicarlo.

Messi es un bárbaro. Literalmente. Y aquí se inhibe fatalmente, por culpa de su irresueltoconflicto con la argentinidad. Se siente cómodo en Cataluña, en el club que lo hizo crecer yconviviendo con un plantel que siempre fue como una torre de Babel. Pero rodeado de compatriotas,su castillo se desmorona. Lo invade la vieja historia de desarraigo, el amor-odio. Su crisis deidentificación.

¿Qué es Messi? ¿Catalán? No. ¿Español? Menos. ¿Argentino? Sí, en su raíz profunda, la infanciaen Arroyo Seco… y en el dolor de la distancia. No es fácil. Lo experimenté en carne propia,en Madrid, entre 2002 y 2004, en uno de esos exilios económicos que, cada tanto, impone laArgentina. Escribir para gente de otra cultura y con códigos diferentes fue una experienciafantástica pero agotadora. Volví porque soy, digamos, demasiado argentino, con todo lo bueno y lomalo que eso significa. ¿Y Messi? ¿Cuál es su lugar en el mundo? ¿Para quién escribe el pequeñofutbolista que factura como una multinacional?

La comparación con Maradona es tan inevitable como ridícula. Ya lo dije y lo repetiré ahora: porsuerte y por desgracia, Messi no es Maradona. No insistan. El fenómeno de Fiorito, patriota de LaBoca y el sur pobre de Italia, mutó en deidad de los humildes y supo cómo llevar hasta lo más altoa la Argentina de Bilardo y al Napoli, un clubcito pintoresco pero marginal. Fue más rey que líder.Hoy es sólo mito. Messi, por el contrario, nació en cuna de oro y juega en un poderoso que, segúnla catalanidad militante, es “mes que un club”. Hablamos de una megaestrella delsistema. Otra historia, señores.

Uno era un compositor, el otro es un solista virtuoso. Uno, la rebeldía, el otro la burbujaglobal. ¿Y? Hacer cuentas con lo que ganaron es, si me disculpan, una estupidez. A ver, ¿que lediríamos a Van Gogh, entonces? “¡Vicent, fracasado, no hablés más; si vos no vendiste ni uncuadro, gil! ¡Aguante Gauguin!”. Uf. Me niego a perder tiempo en algo que, como diría Borges,no es otra cosa que un abuso de la estadística. Amén.

Similares por el opuesto, Messi y Maradona desafiarán las leyes de la lógica y se jugarán todoen Sudáfrica. Hasta les puede ir bien, quién sabe. Al fin y al cabo lo dos comparten el mismokarma, compatriotas. El de la Argentina, ese país de cruel fascinación donde todo es posible, hastalo bueno.

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