Cuando Eduardo Duhalde dice que Néstor Kirchner es un “adicto al poder”, no es igualque cuando lo dicen Elisa Carrió, Francisco de Narváez, Solá o algún otro político que tenga esemismo parecer y desee expresarlo públicamente. Desde luego que alguien podría también decir quetiene “ambición de poder”, lo que podría no sonar tan mal; o decir que tiene“voluntad de poder”, y sonar incluso nietzscheano; o decir que tiene “vocación depoder”, y sonar hasta como un elogio. Decir, como más de uno ha dicho, que es más bien un“adicto al poder” es sentar una patología y agravar el caso político convirtiéndolo enun caso clínico. Si el que lo dice es Duhalde, la metáfora (si es que es metáfora) adquiere otraresonancia. Porque en el caso de que Kirchner fuese, en efecto, un adicto al poder, ¿quién fue elque lo inició en la adicción?
Se podrá alegar tal vez, que antes de Duhalde ya había probado. Había probado con unaintendencia en Río Gallegos, había probado con la gobernación de Santa Cruz. Pero, ¿alguien podríadiscutir acaso que ese poder en definitiva ni es mucho ni pega fuerte? Lo que cuenta de verdad esla dosis de poder que implica presidir el PJ, la dosis de poder que implica presidir la Nación. YDuhalde mismo le proporcionó a Néstor Kirchner el pase a semejantes poderes.
No me pronuncio sobre el acierto o el desacierto de la opinión política en cuestión; lo que mellama la atención es la metáfora (si es que es metáfora). Como me llama la atención también la otrametáfora (y ésta sí es metáfora) que agregó el propio Duhalde en esas mismas declaraciones:“La gente en la Provincia de Buenos Aires se volcará contra Kirchner en forma detsunami.” Eduardo Duhalde, que antes de ganarse la vida como agente inmobiliario se la ganócomo bañero, pensó en un tsunami porque un tsunami arrasa. Pero un tsunami es una catástrofenatural, arrasa para sembrar la destrucción y la muerte, un tsunami es una cosa espantosa, un hechoque nadie quiere.
Claro que, ¿qué viene o debería venir después de que pasa un tsunami? Lo mejor es que venga elbañero, lo mejor es que llegue el guardavidas.
Porque de Duhalde no puede decirse que no quiere saber nada con el poder. Fue intendente, fuegobernador, fue vicepresidente, fue presidente: el poder le gusta. Pero lo que tiende a dar aentender es que si toma el poder es porque se lo ofrecen (2001) o que lo toma forzado por lascircunstancias, a instancias de los demás (como lo haría ahora). Y a diferencia de Kirchner, eladicto, él en cambio bien puede entrar o salir; si quiere, puede dejar. ¿O acaso no se apartó porsu propia voluntad de los cargos y las disputas? ¿O no dio un paso al costado, un paso atrás, unpaso en falso, y dijo hace un tiempo que renunciaba a la política? No quería más poder, fue suargumento. Ahora tomará el que le pidan que tome.
Desde que leí La revolución productiva me quedó rondando una duda, que nunca atiné a despejar:cuál de los dos autores del libro, si Carlos Menem o si Duhalde, habría sido el responsable de lainclusión de la cita de Bertolt Brecht que en las páginas de ese volumen consta. No es una citatrillada, una que podrían haber tomado por caso de una aparición televisiva de Cipe Lincovsky porejemplo, sino que sugiere una lectura directa, incluso si esporádica, de alguno de los textos deBrecht.
Desde luego que estoy dando por supuesto que el libro en cuestión ha sido escrito, además deconcebido, por sus sedicentes autores; dado que considero como una maniobra dolosa firmar un libroque uno mismo no ha escrito, y de dos presidentes de la República no puedo ni quiero sospecharmaniobras dolosas. Muy bien, hubo entonces un día, allá a fines de los años 80, en que uno cayó alchalecito de Lomas o el otro se hizo anunciar en el Bauen, y llevaba consigo la cita de Brecht paraproponérsela al compañero de fórmula, que era también compañero de escritura.
¿Cuál de los dos? Nunca lo supe. Tanto uno como el otro me resultan un poco brechtianos, noporque me los haga muy lectores ni muy espectadores de las obras de Brecht, ni mucho menossimpatizantes de su ideario político, al que detestan; sino porque consigo imaginarlos bastantebien figurando en algunas de esas obras. Teniendo una presencia tan fuerte en un pasado tancercano, ambos se proponen por igual para la presidencia en las próximas elecciones nacionales. Miintención de voto no ha de tomar esos rumbos, pero sigo con suma atención las palabras de que sevalen para hablar de sí mismos y de los otros.





