Debes escuchar tu voz interior. ¡Yo no la oí realmente hasta que me quedé sordo!
—¿Hallar el silencio dentro de mí para poder oír la música?
—Sí. Sí. Sí. El silencio es la clave. El silencio entre las notas. Cuando el silencio teenvuelve, tu alma puede cantar.
Ed Harris y Diane Kruger en “Copying Beethoven” (2006), dirigida por AgnieszkaHolland
Detesto el horrible sonido de las vuvuzelas. Las escuché por primera vez acá, durante el Mundialde 1978, y desde entonces mi mente las asocia con una época en la que, a pesar de las amablesteorías que hablan de un pueblo eufórico que ganaba la calle para verse las caras y sentirse libreal menos por un rato, me acostumbré a no gritar los goles. Ni los seis contra Perú, ni la corajeadade Kempes en la final. Una lástima. Perdón Marito, vos no te lo merecías.
Según aseguran ciertos científicos de la Universidad de Salford, empeñados por alguna extrañarazón en registrar datos pelotudísimos, la intensidad del sonido de una vuvuzela puede compararseal ruido de un avión a punto de despegar. Y además juran que los labios de quienes la tocan semueven aproximadamente ¡235 veces por segundo! Wow. Un esfuerzo similar al que debía hacer, porejemplo, Miles Davis para tocar su trompeta en So What. ¿Qué les parece? Como bien dijo Oscar Wildecuando a fines del siglo XIX le mostraron la maravilla de la época, el teléfono. “¿Se hablapor aquí? Ahá. Pero, ¿de qué?”
Prrrrp, prrrrp… O algo así. Uno se siente un idiota la primera vez que intenta sacarlesonido a una trompeta, y la segunda también. La vuvuzela no parece tan complicada, así que cuandoel novato consigue imitar con ella el barritar de un elefante, el zumbido de un enjambre de abejasasesinas cargadas con 220 volts o el llamado de un cuerno de caza –los expertos todavía no seponen de acuerdo a qué diablos se parece ese chillido–, ya puede sentirse un solista detribuna. Que el Altísimo nos proteja de semejante porquería.
Si a estas alturas alguien supone que me burlo de un instrumento autóctono de la más puraafricanidad, citaré a Bernd Clausen, profesor de etnología musical de la Universidad de Würzburg:“No existe en la cultura musical africana ningún instrumento que genere sonido a través de unembudo, y menos aún que esté fabricado con… plástico”. Y, no, claro. Su colega, GeroErdmann es todavía más específico: “La vuvuzela fue inventada hace solo nueve años y es uninstrumento demasiado joven para estar arraigado en la cultura africana”. Efectivamente:recién en 2001, mientras las gemelas y nosotros nos caíamos a pedazos, la firma Masincedane Sportcomenzó a comercializarlas en Sudáfrica. ¡Mire usted! Aclarado el punto, muchachos, seguiremosdetestándolas sin peligro de herir susceptibilidades. Muchas gracias.
Este Mundial es muy onda vuvuzela. De una nota sola, monocorde, estridente y vacío; más bienberreta, metido a rosca en nuestras cabezas a fuerza de marketing y publicidad. Con todo respeto, aCristiano Ronaldo, Rooney, Kaká o Ribéry se los ha visto mejor en los posters que en la cancha. Lospartidos son tan aburridos que uno se ilusiona con los duelos a vida o muerte a partir de octavosque al menos tienen… ¡penales! Ay. ¡Pero qué aspiración tan modesta!, como dijo Borges sobreGaltieri en 1981, cuando le comentaron que ese general de voz aguardentosa “soñaba con serotro Perón”. Es lo que hay.
Francia y su astrólogo fueron un desastre, España una decepción, Inglaterra un bostezo yAlemania un misterio de inestabilidad casi latina. Así anda Europa, viejo. Bien Uruguay, sobriaHolanda y los más contundentes… ¡Ar-gen-tina! ¿En serio?
Sí, colegas. Los mejores, hasta ahora y dentro de la confusión general, han sido los players dela inclasificable Armada Brancaleone maradoniana. Frente a dos rivales espantosos (si jugaransiempre así, Nigeria y Corea pelearían el descenso en nuestro Nacional B), el equipo demostró quetiene potencia ofensiva de sobra. Tevez la juega de héroe, así que a nadie le molesta su barullo.Higuaín hizo tres y perdió otro hat trick en el primer partido, Milito espera su turno y, ohsorpresa, el yerno Kun entró para mostrar esa cintura de goma que un día, contra Racing, destartalóla cadera del pobre Crosa. Chapeaux.
Ah, me olvidaba de Verón, que para mí no puede faltar, ni contra los pobres griegos que estudianpara ser argentinos del 2001, ni nunca. Es un lío, porque para que jueguen él y Tevez, Maradonadeja un agujero negro por derecha que puede resultar fatal frente a un rival serio. Pero Verón–lo siento– es el único con autoridad para usar la cabeza y racionalizar el vértigo delos otros. Aunque no juegue tan
bien, como contra Nigeria, el equipo lo pide a gritos. Con Verón atrás, Messi juega suelto,seguro, más adelantado y con el revolver cargado. ¿Qué tal un 3-4-3 elástico, con Clemente porderecha, que es el único que conoce el oficio? (¡Qué horror, querido Pupi Zanetti!, vos noleas…) ¿Lo podrá armar Maradona, entre palmada y palmada, o será mucho pedir? Modestamente,apuesto por esa fórmula, compatriotas.
Veremos, dijo Stevie Wonder, puso primera y aceleró a fondo.





