•el centenario y el bicentanario

Miserias del presente

Hace varios años que el gobierno de Chile se ocupa seriamente de celebrar el Bicentenario. Encara la realización de importantes obras públicas, que mejorarán la vida de la sociedad, y promueve debates sobre el pasado y el presente, la libertad y el orden, la eficiencia económica y la equidad.

24-08-2026 | 04:46

Hace varios años que el gobierno de Chile se ocupa seriamente de celebrar el Bicentenario.Encara la realización de importantes obras públicas, que mejorarán la vida de la sociedad, ypromueve debates sobre el pasado y el presente, la libertad y el orden, la eficiencia económica yla equidad.
El gobierno argentino ha hecho poco hasta ahora, salvo usar el Bicentenario para bautizar unagrosera apropiación de las reservas públicas. No están los tiempos para grandes obras públicas. Sehan iniciado algunos emprendimientos culturales más modestos, que hoy están a la espera de que elsecretario de Cultura termine de darles un formato adecuado con las ideas de los “pensadoresnacionales” que viene citando como manes de la cultura argentina. Los debates deben mucho mása la iniciativa de la sociedad que a la del Estado.
Lo que sí se ha aportado desde las esferas oficiales es una lectura del pasado, unacomparación entre la Argentina de 1910 y la de 2010. La han producido los intelectuales delrégimen, entre quienes hay unos cuantos que viven de escribir sobre el pasado, y la repiten sincambiar una coma funcionarios y políticos, desde la Presidenta hacia abajo. Sin dudas, es laversión oficial.
Según ella, la Argentina de 2010 es infinitamente mejor que la de 1910. Se dice que en 1910los trabajadores vivían en conventillos, los militantes sociales eran reprimidos, la educación eradeficitaria por la alta tasa de analfabetos, la participación política era restringida y laeconomía estaba sufriendo una deformación monstruosa a manos de los intereses imperialistas.
Cuestionar estas afirmaciones es tan fácil como refutar las cifras del INDEC. Basta conmencionar los bolivianos esclavizados en talleres clandestinos, la solapada represión cotidiana dela Bonaerense, las escuelas públicas convertidas en centros de asistencia a los indigentes, osimplemente describir lo que es hoy una elección en nuestro Conurbano.
Pero estos intelectuales merecen otra crítica, más profesional. Para elaborar este discurso,adecuado a las necesiddes del régimen, cometen un error elemental, de esos que cualquier estudiantede historia aprende al comienzo de su carrera. No sirve de nada comparar dos momentos del pasado sino se explica el proceso que los une. Dos fotografías no sirven. Hace falta conocer la película.
Si pensamos la película argentina del siglo XX, la miseria de nuestro presente y el brillo denuestro pasado no pueden ser más evidentes. En 1910 la Argentina estaba en el comienzo de unespectacular proceso de expansión, que con sus más y sus menos, se prolongó hasta aproximadamentela década de 1970. Una economía relativamente próspera, que siempre aseguró el pleno empleo. UnEstado potente, capaz de imprimir un rumbo a la sociedad. Sobre todo, una sociedad con una grancapacidad de integración: primero fueron los inmigrantes europeos, luego los migrantes internos yfinalmente los de los países limítrofes, quienes siempre vivieron aquí mejor que en sus lugares deorigen. Fue una sociedad extremadamente móvil, en la que habitualmente los hijos estuvieron mejorque los padres, ya sea en educación, en posición social o en ingresos. Sobre todo, una sociedaddemocrática, en la que gradualmente fueron desapareciendo rangos y estamentos. Le tocó alperonismo, entre 1945 y 1955, darle a la sociedad argentina su último y formidable impulsodemocratizador.
¿Qué tenemos hoy? Una economía que ocupa a pocos, un Estado depredado y de capacidadeslicuadas y una sociedad polarizada, con 20% de gente extremadamente rica y 50% pobre o indigente.El cambio se inició a mediados de los setenta. El peronismo, que había coronado la construcción dela sociedad democrática, viene gobernando la actual desde hace mucho tiempo. Ha hecho y siguehaciendo mucho para que las cosas estén así, en los noventa y en el siglo XXI. Quizá por eso susintelectuales y funcionarios hagan un esfuerzo tan grande por desmerecer los logros del primercentenario y tapar con un INDEC la triste realidad del segundo centenario.

*Historiador.

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