•concentracion y regulacion

Monopolios y mercado en la prensa

El proyecto de Ley de Medios, promovido por el Gobierno, y llevado a una resonancia aún mayor por el tema de la televisación del fútbol y la iniciativa de la AFA de romper el contrato con TyC, ha empezado a instalar un debate público que a la Argentina le está faltando.

Monopolios y mercado en la prensa
23-08-2026 | 13:06

El proyecto de Ley de Medios, promovido por el Gobierno, y llevado a una resonancia aún mayorpor el tema de la televisación del fútbol y la iniciativa de la AFA de romper el contrato con TyC,ha empezado a instalar un debate público que a la Argentina le está faltando. Es muy argentino quelos temas sustantivos se debatan poco en ámbitos donde la opinión pública, en sus distintas napas,puede formar opiniones con fundamento, y que cuando los temas se instalan rápidamente se politicen.Hoy parece claro que para gran parte de la sociedad no se entiende demasiado bien qué se supone quehay que cambiar y por qué.
Una discusión, en la frondosa maleza de argumentos políticos, diatribas y consecuenciasprácticas –como la televisación del fútbol–, es la relativa a la importancia de laregulación de los grados de concentración en el mercado de los medios. Normalmente, el concepto deconcentración, o de grado de monopolización en una industria, es referido a la distribución delmercado, el market share. Eso requiere una definición, no siempre sencilla, de cuál es laindustria, o más apropiadamente, cuál es la cadena de valor a la que se aplican esos conceptos. Losmedios de prensa suelen ser definidos como el conjunto de medios gráficos, radiales, televisivos deaire y televisivos de cable. Sin duda, la provisión de insumos básicos, por ejemplo el papel paralos gráficos y los contenidos para todos, pero sobre todo para los televisivos, son eslabonesrelevantes de la cadena. Además, ahora que el mundo cambia más rápidamente, aparecen nuevos mediosa los que es difícil aplicar los mismos conceptos, porque son por definición virtuales y a menudobastante intangibles; pero no hay duda de que entran a conformar el mismo mercado. Y cuando seincorpora a esos nuevos eslabones, el problema de los proveedores es de una magnitud descomunal. Enlos últimos años se ha hablado más de la puja regulatoria y judicial por Microsoft que de laconcentración en el mercado de diarios o de radios.
El regulador, en casi todas partes del mundo, busca evitar altos grados de concentración,primero en cada eslabón, segundo en la cadena integrada. En la Argentina se habla más de algunosaspectos de todo esto que de otros. Que distintos eslabones críticos en la cadena estén muyconcentrados parece inquietante en todas partes del mundo –excepto en los países muyestatistas, donde todo está por definición muy concentrado–. De eso se está hablando hoy enla Argentina, pero no por muchas más razones que el interés del Gobierno por “desarmar”la posición dominante del Grupo Clarín en esa cadena.
El debate de fondo debería empezar por otro lado: ¿cuál es la estructura de distribución delmercado que en mayor medida favorece los grados de libertad disponibles al público para informarseo satisfacer sus demandas de consumo de medios? Parte de la lógica que suele aplicarse a losmercados de otros bienes no es muy razonable en el caso de los medios. Para ponerlo en pocaspalabras: si Clarín, o quien fuese, tiene el 48, el 38 o el 28% del mercado, posiblemente es menosimportante que el número de oferentes independientes en ese mercado. Un mercado con tres oferentesal 33% cada uno, o uno con cinco oferentes al 20% cada uno, no es concentrado; pero si uno tiene el50% y los demás el 12% cada uno, está más concentrado. Ahora, siguiendo esa definición, laconcentración cambiaría muy poco si ese 50% estuviese distribuido no entre cuatro sino entrecuarenta oferentes. Y esta situación sería inmensamente más beneficiosa para la sociedad y para losconsumidores que la primera.
En el caso de la prensa, lo relevante no es cuánto mercado tienen los que tienen más sinocuántas opciones tienen los segmentos del público que quieren oír otras voces, o que quierenhacerse oír, para lo cual nada ha habido en la historia comparable a lo que hoy ofrecen los nuevosmedios –mientras a los gobernantes no se les ocurra tratar de interferir–.
El desiderátum de un buen sistema de medios de prensa debería ser que el mayor número posiblede nichos de demanda encuentren las voces y los canales que buscan, y que del lado de la ofertapuedan ingeniárselas para llegar a ellos. Me remito a Nicholas Negroponte: “Prodúzcalo y losconsumidores aparecerán. Si aparecen, formidable; si no aparecen, mala suerte”. Para que esosproductores tomadores de riesgo aparezcan y pongan su producto en oferta, el sistema tiene que serabierto, y no importa demasiado cuánto tiene el que tiene más. Si alguien tiene algo para ofrecer,es posible que aparezca la demanda; si alguien detecta que la demanda está ahí, latente, es posibleque se decida a producir una oferta. Que esto pueda ocurrir es lo que debería preocuparnos más: elproblema no es cómo acallar algunas voces sino cómo estimular la multiplicación del número devoces.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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