•ensayo

“Morochos” y clase media

24-08-2026 | 18:08

Un comentario de la presidenta argentina, Fernández de Kirchner, me resulta útil para comenzar adesarrollar el tema del ensayo. Refiriéndose a la clase media, deslizó la idea de que ésta“cree que separándose de los laburantes, de los morochos” mantiene su estatus social.¿La clase media no trabaja, no labura? Este comentario es más llamativo porque parte de alguien queen su práctica gubernamental mantiene una relación bastante aceitada con los trabajadoresorganizados y propone la revalorización del trabajo argentino. Sin embargo, la cita dicha al pasarrevela un inconsciente colectivo sobre el trabajo y sobre los trabajadores confuso que predomina enel progresismo de las más diversas fuerzas políticas y que parece encontrar algún sentido enpasados ya superados por el paso implacable del tiempo y de los cambios históricos que loacompañaron. Este mismo relato evoca una situación cultural con relación al trabajo y a lostrabajadores, común al progresismo occidental que une complejamente relaciones de poder encontradasy contradictorias nunca resueltas. Los progresistas occidentales somos, por un lado, burgueses eindividualistas hasta los tuétanos, y por el otro, anticapitalistas. Por lo menos decimos desear, oesperar, la “superación del capitalismo”, en la lógica de la dialéctica históricadiseñada de Hegel a Marx. En ese enfoque se da la perspectiva extrema que enfrenta al capital conel trabajo, dándole el nombre de trabajador casi exclusivamente al obrero, entendido en el sigloXIX como la clase baja, el proletariado, que era la que realizaba el auténtico esfuerzo, el sectorverdaderamente laburante. Ha pasado mucho tiempo y las transformaciones de esa inicial relaciónparadigmática entre el capital y el trabajo han suscitado mutaciones, proliferaciones, cambios. Lascuales se han ido extendiendo por todos los países y por todas las culturas de la tierra,mundializándose o globalizándose, según el término que cada cual quiera elegir. En su extensa ydocumentada biografía de Karl Marx, Jacques Attali anota, por ejemplo, lo siguiente: “Ya noes posible hoy definir las clases sociales” en compartimientos fijos. Igualmente agrega:“Burguesía y proletariado no son ya dos grupos sociales en oposición absoluta. Los propiosasalariados están divididos en grupos cada vez más matizados; algunos de ellos son ahoraaccionistas; los cuadros profesionales administran empresas sin ser sus propietarios y se apropiande una parte de las ganancias; los innovadores, los artistas y los deportistas adquierenimportancia financiera”. La complejidad ha invadido el mundo y las culturas del trabajo.Attali agrega en la citada obra que “al lado del dinero, el saber (y sus también laboriosostrabajadores) se convierte en un capital determinante del mundo global; una parte importante de lasganancias pasa por él y es imposible medir el costo de producción de un objeto por las horas detrabajo necesarias para producirlo”.


Dos polémicos textos nos ayudan a profundizar en esta complejidad que une a la antigua nociónde trabajo con las casi infinitas formas de trabajar actuales. Uno es La sociedad poscapitalista,de Peter Drucker; el otro, El trabajo de las naciones, de Robert Reich. El primero advierte loscambios que se han producido hacia fines del siglo XX y que han ido mutando a los factores de laproducción de la economía clásica o inglesa. Fondos de pensiones privados o públicos abastecen ycontrolan en parte la provisión y la asignación del dinero. Los recursos aquí provienen de anónimosy desconocidos asalariados. El capital ha dejado de ser el factor predominante de la producción. El“giro hacia la sociedad del saber y la información” lo ha desplazado. Si es necesariohablar de clases, dice Drucker, la dupla burgueses y proletarios ha sido reemplazada por la de“trabajadores del saber y trabajadores de los servicios”. Robert Reich, a su vez,estudia en forma conjunta los cambios organizacionales y las estratificaciones que éstos ofrecen ala figura del trabajador universal. Contrapone los modelos clásicos del Estado y de las empresasnacionales, de carácter piramidal, con sedes fijas y burocracias estables, con el avance de losmodelos globales hoy en auge en el mundo multipolar. “En lugar de una pirámide–escribe–, la estructura de una empresa de alto valor global se parece más a unatelaraña. Los intermediarios estratégicos están en el centro de la misma, pero existe todo tipo deconexiones que no los incluyen directamente, y además nada es fijo y se van formando nuevos nexostodo el tiempo.” Reich, que ha sido ministro de Trabajo del gobierno de Bill Clinton, utilizael nombre del libro de manera analógica con el clásico de Adam Smith La riqueza de las naciones. Laforma en que una nación pueda organizar la inteligencia, la educación, la libertad creativa y lalaboriosidad de sus ciudadanos en los parámetros de la nueva sociedad global le dará un mayorprotagonismo histórico, y ello, posiblemente, otorgue una mayor felicidad a sus habitantes. Seretrasarán los países que sigan atrapados por nociones ya envejecidas, aunque míticas, del pasadoindustrial nacional, cuyo eje conceptual fue el enfrentamiento entre el capital y el trabajo. (Enjuego aparecen aquí también las concepciones tradicionales y burocráticas de la educación. Sevuelve necesario intentar nuevas formas de enseñanza abarcativas de todos los núcleos diferentesque conforman hoy una verdadera cultura del trabajo.)


La oposición maniquea entre capital y trabajo comienza a ceder después de la Segunda GuerraMundial. En el primer gobierno peronista, donde alguno de estos inconscientes colectivos de tipomás ideológico que estratégico se nutren, Perón tuvo en claro que esta oposición sólo tenía sentidocuando el “capital pretende erigirse en un instrumento de dominación” (discurso deseptiembre de 1944), pero el capítulo “Los fundamentos de la economía” de la DoctrinaPeronista está presidido por esta frase del líder justicialista: “La riqueza nacional nace dela producción; y el desenvolvimiento de la producción siente la influencia de los capitalesdisponibles, de ahí que para la prosperidad de un país sea de vital importancia desarrollar laformación de capitales con una utilización juiciosa por parte tanto de los particulares como de lospoderes públicos. Juzgo, en consecuencia, que debe estimularse el capital privado, por cuantoconstituye un elemento activo de la producción y contribuye al bienestar general”. Ya en losdiscursos tempranos de Perón encontramos conceptos que semejan a los planteados por Reich acerca dela adecuada organización de los diversos trabajos, productivamente referidos a una época, como lade aquellos años, dominada todavía por el desarrollo industrialista nacional. El 18 de enero de1945 dice: “La organización de la riqueza argentina es el imperativo de la hora. No hablamosde economía dirigida; hablamos de organización de la riqueza, que no es lo mismo. Hay que empezarpor organizar al propio Estado [para esta tarea], y hay que organizar el trabajo para evitar lalucha que destruye valores pero que jamás los crea”. Un discurso del 23 de julio de 1947resulta hasta risueño, porque refleja las dificultades que el líder político encontraba paraorganizar productivamente las distintas esferas públicas y privadas del trabajo. Decía: “Paraconsolidar la independencia necesitamos que el país produzca más (...) Pero, desgraciadamente, delos dieciséis millones de argentinos hay diez que gastan y consumen sin producir, como los zánganosde la colmena, y solamente hay seis millones que fabrican la miel. Estamos empeñados en que esosdiez millones de perezosos comiencen a producir”. (Aclaramos que esa producción no puede servista como exclusivamente material. La producción de educación, por ejemplo, espsíquico-ético-espiritual, como el arte mismo.) En los discursos del Día del Trabajo tambiénhallamos, de distintas maneras, una lógica distinta a la de la economía inglesa, sobre los factoresde la producción. En la de 1948 dice, por ejemplo, “brazos, cerebros, capitales”.Brazos: trabajadores que ayuden a fabricar manufacturas, que construyan edificios y caminos;cerebros, inteligencias que sirvan para educar técnico-prácticamente a los brazos, que sirvan paraorganizar la gestión del Estado y para coordinarla con las inteligencias de las empresas privadas ycon las de las proveedoras de capital. Los distintos trabajos y los distintos trabajadoresadquieren mayor valor cuando se los utiliza coordinada y orgánicamente. Para una comunidadorganizada, el trabajo del pueblo es siempre uno, aun cuando se muestre de las formas más matizadasy diversas. La cultura del trabajo peronista es una cultura que no terminó de hacer escuela a vecespor incomprensibles contingencias histórico-políticas a las que el mismo Perón no fue ajeno, y quedejaron, a mi juicio, inconscientes colectivos y pseudoideologías más cercanas a un progresismooccidental de cuño marxista, hoy poco prácticas (no las practican ni siquiera las que aún sepresentan como naciones socialistas o comunistas). Pero la época, accionada por un nuevo ordenmultipolar todavía en formación, ofrece posibilidades nuevas a nuestro país, como a todas lasnaciones del Cono Sur, en particular las que pueden producir alimentos y productos industriales yminerales para las nuevas potencias emergentes. The Economist ha reconocido recientemente que parala América del Sur ha terminado la época de ser identificada como “el patio trasero” delos Estados Unidos. Los términos de intercambio vuelven a favorecer desenvolvimientos estratégicospropios, como ocurriera para la Argentina y para el Brasil al final de la Segunda Guerra Mundial enlos primeros años posteriores. Una época así llama de nuevo a revalorizar el Estado, pero no conconceptos totalitarios anticuados y antiglobales, y a reorganizar lo industrial propio–incluso tecnológicamente– pero sin chauvinismos anacrónicos que nos podrían hacerperder todas nuestras ventajas comparativas, manteniendo en exceso empresas no competitivas coningresos básicamente fiscales.
Una situación temporalmente tan favorable requerirá audacia estratégica para adquirir unanueva cultura del trabajo que vuelva a dar sentido a este aspecto esencial de la vida humana. Hayque avanzar en este requerimiento de la época, aun reconociendo que la tarea no es fácil ni pequeñay que va más allá de un gobierno, de un partido e, incluso, de una generación.

*Ensayista y periodista.

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