La megalomanía de la literatura argentina no pasa por la gran extensión de los libros. Mientrasque la literatura norteamericana está, cada temporada, a la busca de su gran novela (lo que incluyeen el mismo paquete un ensanchamiento mayor a las 400 páginas) la argentina es una literatura quese mueve cómoda en la brevedad: de El Matadero a los relatos de Borges, de El uruguayo de Copi alas novelitas de Aira, de los cuentos de Silvina Ocampo a El paseo internacional del perverso deLibertella, la forma corta encarna buena parte de lo más interesante de la tradición nacional. Entodo caso, para volver a la segunda palabra del comienzo de esta columna, la megalomanía vernáculapasa por otro lado: por la excentricidad, la rareza, la inadecuación entre escritura y sociedad(por supuesto que la literatura argentina también ha dado –y sigue dando– muchas ymuchas y muchas novelas normales, hasta el punto en que curiosamente normalidad y literatura se hanvuelto casi sinónimos, pero sobre ese malentendido no vale la pena detenerse).
De vez en cuando, la excentricidad argentina se vuelve extensa. Entre los textos relativamenterecientes (recientes en un sentido más amplio que el servicio de novedades de las grandes cadenasque rota cada tres meses) recuerdo a Osvaldo Lamborghini, una biografía, de Ricardo Strafacce (850páginas en el impresionante formato de 24 cm x 17 cm); a El traductor, de Salvador Benesdra (639páginas en un formato algo más pequeño); a Donde yo no estaba, de Marcelo Cohen (726 páginas en unformato otra vez impactante) y, por supuesto, a Los Soria de Alberto Laiseca (1.342 páginas en laprimera edición en la editorial Simurg). Pues bien: Huevo o cigota, de Esteban López Brusapertenece a esa pequeña familia de extraordinarios textos largos. Publicado este verano también porSimurg, sus 630 páginas se leen como una novela que, casi, no se asemeja a nada que se haya escritorecientemente. Como esto no es una reseña, no me veo obligado a resumir el argumento del libro.Pero, para ser honesto, si lo estuviera, no sabría cómo hacerlo. Seguramente se debe a unaincapacidad de mi parte, pero también al talento del autor. Ocurre que para López Brusa laliteratura es irreductible a cualquier comentario, a la intersección con otros discursos, al afueradel texto. Es que, a riesgo de parecer un título saeriano, la literatura para López Brusa es loirreductible.
Huevo o cigota fue un programa de radio en La Plata (ciudad en la que vive el autor y nombre deun programa que condujo realmente), y sobre esa experiencia de la palabra oral, la novela despliegaun conjunto de caminos narrativos en el que se cruzan el análisis del discurso, la metaficción, lacrítica social y un pensamiento sobre la identidad personal, que desembocan en una redefinición delo que entendemos por realidad. ¿Es Huevo o cigota una novela realista? En todo caso lo es, en elsentido en que pueden serlo las novelas del recién mencionado Saer o Ulises de Joyce. Es decir, unrealismo estallado, un realismo que sospecha de lo real, que propone a lo real como un punto defuga inalcanzable antes que como un universo de certezas. Huevo o cigota es una novela sobre unprograma de radio escrita bajo la convicción de que la literatura si a algo se opone es a lacomunicación.
Esteban López Brusa nació en La Plata en 1964. Publicó dos novelas y dirigió La muela de juicio,revista literaria editada en su ciudad natal (de la que rara vez sale) a la que, usando el lenguajeremanido del periodismo cultural, bien podríamos llamar mítica (recuerdo una entrevista a MatildeSánchez y otra a Aira, imperdibles). Pero Huevo o cigota es su libro mayor, su obra maestra. Unagran novela de nuestro tiempo.





