•la inseguridad volvio a la agenda

Muerte, negocios y 2011

El caso de la embarazada baleada en La Plata delata la bijouterie parlamentaria, política y mediática. Y tapa treguas y fórmulas.

24-08-2026 | 15:38

De vez en vez se sacude la población por un episodio luctuoso, siempre más dramático, porviolaciones a la seguridad. Hasta que el público se acostumbra a la sucesión de robos, secuestros,asesinatos. En estas horas, rompió el asimilado hábito un asalto deliberado, con balazo incluido, auna mujer embarazada. Por la arista casi insólita de atentar contra una panza que contenía a unbebé de ocho meses, el periodismo llevó el caso a la superficie, algunos se interesaron y hasta serecordó la inseguridad con la que se respira. Si hasta resulta ingenua la apreciación de que unmaleante pudiera matar por 20 mil dólares, cuando por bagatelas sensiblemente menores losirresponsables del delito, también los profesionales, pueden liquidar a a una familia completa.Repugnante realidad argentina abrumada por los Fort, Tinelli o Maradona y por la omisión o desidiade sus ciudadanos ante esta multiplicación de episodios criminales, tan inútiles como los gobiernospara contenerlos. Por no hablar de la nauseabunda certeza de que en el Congreso de la Nación ningúnpartido político se han atrevido a proponer una iniciativa legislativa que contenga el desborde dela violencia urbana. Prefieren otros temas, pavadas frente a la muerte. Por lo tanto, un crimen talvez no defina a un país; sí la complicidad general. Y hay horribles datos históricos de esteantecedente.

Si uno pregunta por esta ausencia, tropezará con explicaciones varias, casi todas evasivas,ninguna sustancial. Y lo cierto es que el Gobierno hasta evita referirse a la inseguridad en susdiscursos, la centroizquierda se inquieta por imaginar medidas que se contradigan con su esquema dederechos humanos y los de la centroderecha evitan zambullirse en el agua para que nadie los ubiqueen la piscina de los presuntos represores. En suma, tienen miedo. Y prefieren discutir sobre lasreservas del Central, el matrimonio gay, las facultades delegadas, el porcentaje de lasretenciones, las candidaturas, ítems que pueden mejorar una forma de vida. Pero ningún legisladorparece preocuparse por la vida.
Prólogo demasiado editorial, quizás, y ajeno a una columna de información y cierta opinión.Tal vez haya que disculparse ante el lector. Y abordar, en cambio, ya que de periodismo se trata,de la novedad o especie que habla la mayor parte de los dirigentes políticos del país, aunque notrascienda: la veracidad o no –negada por los protagonistas de las dos partes– de unatregua entre el Gobierno y el Grupo Clarín (versión lanzada hace más de veinte días por el escritorJorge Asís tras anunciar un encuentro en Olivos entre el CEO del poderoso núcleo mediático y, porlo menos, el ex presidente Kirchner). Cuesta creer que aquella guerra política, destituyente,encendida y hostil devenga en una paz eterna, pero hay quienes se arriesgan a ese pronóstico yotros, quizás más certeros, se inclinan por una impasse a partir de lo siguiente:

l) Se apagó o morigeró el bombardeo cotidiano, expuesto en el interior o en latapa del diario, sobre la conducta ética de los Kirchner. Ya nadie percibe la indecencia queparecía ocupar la doble lectura de las denuncias contra el matrimonio o sus principalesfuncionarios. Se atenuó la catarata de sospechas, nadie recuerda a Sadous, los tejes y manejes conVenezuela o las licitaciones concedidas por el ministro De Vido.

2) A su vez, ya no parece desayunarse Néstor con Héctor Magnetto como media luna,tampoco la presidente Cristina habla de la “apropiadora” señora de Noble, los ministrosno invocan más los derechos humanos para el caso de los hijos adoptados y, como se sabe, esteexpediente ingresó en una siesta luego del fracaso para descubrir el ADN en sus ropas. Los mediosadictos al Gobierno, por su parte, se desconectaron de la frecuencia con la que aludían a lainvestigación y menos se entusiasman con anticipar la posible prisión de la dueña del emporio.

Más o menos argumentos, estos transitan por las mesas políticas, aunque no se divulgan. Poralguna previsión secreta, por la falta de confirmación o por el convencimiento de que la tregua,quizás, se ajustó a una convención diplomática luego de que los bandos consintieran una banderablanca: hay santuarios que no se tocan, mientras la guerra continúa en otros frentes. Por ejemplo,en la pugna sobre Papel Prensa –algunos imaginan una intervención judicial sobre la empresadentro de una quincena, especialmente desde que el juez Oyarbide interviene en el conflicto–o en la instrumentación de la nueva Ley de Medios. Así como se desató hace casi dos años elconflicto político más fuerte del Gobierno, ahora se advierte una licuación. Como no hay datosprecisos, habrá que esperar la evolución de los hechos, que progresa en el sentido de la tregua.
Si este tema capital se cuela de rondón, mientras la gente ve la tele de las luminariassubdesarrolladas, atiende el explosivo mundo legislativo de esta semana o se distrae con MauricioMacri y el juicio político o la comisión investigadora, se gestan un par de situaciones nuevas. Asaber: Telecom por un lado y dos candidaturas subalternas, pero claves, en el horizontepolítico.

Como es público, naufragaron en parte ciertas ofertas de cuño oficialista para adquirir la parteitaliana de Telecom. Ante esa imposibilidad, la falta de fondos y la escasa voluntad peninsularpara desprenderse de sus acciones, floreció otra negociación. El nuevo tramo consiste en lacontinuidad de los italianos en la empresa y, a cambio, el reemplazo de sus socios actuales en elpaís (el Grupo Werthein, con los cuales mantienen una ardua controversia) por otro consorciotambién de innegable afinidad con el Gobierno. En ese emprendimiento, auspiciado por David Martínez–socio en el cable con Clarín–, se han anotado Cristóbal Lopez, Eduardo Eurnekian,Ernesto Gutiérrez, y cuentan con el apoyo de un banco para financiar la operación. Parte de estahistoria se conocía, pero no tanto que prosperan las tratativas, aparecen capitalistas brasileños,interviene el estudio jurídico de un ex ministro de los K y participa mediando un diputado, JuanJosé Alvarez, hoy convertido en un operador cristinista en el Congreso. Bien vale una misa elnegocio más promisorio de las comunicaciones en el país.

Casi con el mismo sigilo se observan, en el oficialismo, dos candidaturas: el que acompañe aNéstor Kirchner (de lejos, el preferido es José Alperovich, hoy gobernador de Tucumán, que dejaríaa su mujer en el cargo) para su proyecto de 20ll y el ladero de Daniel Scioli en la Provincia deBuenos Aires. Ambas son piezas a codiciar –pueden luego aspirar a otro mandato y comocabezas–, más la bonaerense, de ahí que en este distrito puje la ambición del sindicalistaHugo Moyano. Tuvo su desencuentro con Kirchner, quien no lo deseaba para presidir el partido–le corresponde por la enfermedad de Alberto Balestrini–, aunque se resignó por latenacidad del camionero. No parece sencillo que se incorpore a la fórmula: temen que reste más delo que sume. De ahí que los intendentes, a pesar de que les cuesta aceptar a uno de su actividad,quizás consientan al quilmeño Federico Scarabino como número dos.

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