•vacaciones y poder

Mundos en libertad

En una de mis columnas del año pasado, en este mismo diario, evoqué mi hipótesis de que las sociedades humanas, desde el punto de vista de la comunicación, se pueden describir como configuraciones de espacios mentales que se agrupan en “mundos”.

24-08-2026 | 03:26

En una de mis columnas del año pasado, en este mismo diario, evoqué mi hipótesis de que lassociedades humanas, desde el punto de vista de la comunicación, se pueden describir comoconfiguraciones de espacios mentales que se agrupan en “mundos” –por ejemplo:mundo profesional, político, familiar, sexual, del deporte, de la salud, de la comida, de laamistad–, más o menos segregados o interconectados, según los casos. A partir de laconsolidación del capitalismo, las sociedades “modernas” se han caracterizado por unacreciente complejidad de la vida social y en consecuencia por generar más mundos que las sociedadespremodernas; en cuanto a determinar si los mundos están hoy más interconectados entre sí que en lassociedades premodernas, gracias a las tecnologías de la comunicación, hay que tener cuidado ytratar esa pregunta como una cuestión empírica; en las sociedades actuales tenemos mundos tanto omás encapsulados que muchos mundos identificables en la antigüedad o en la Edad Media.

Un miembro cualquiera de la sociedad navega por diferentes mundos a lo largo de su actividad devigilia (esta antigua metáfora de la navegación, actualizada por Internet, sigue siendoextremadamente poderosa) pasando de un mundo a otro con mayor o menor dificultad, viéndose sometidoa diferentes rituales y condiciones y constatando también, en determinados momentos, que hay mundosen los que no puede entrar. Uno de los aspectos centrales para el actor es la cuestión del poder:en el mundo en que me encuentro en un momento dado, ¿con respecto a quiénes me defino como igual,quiénes son diferentes de mí? Y cuando hay relaciones de poder en juego, ¿quién es inferior, quiénsuperior a mí?

Los ciclos del tiempo social afectan las relaciones de los actores con los mundos. Un momentoparticularmente interesante es el período de vacaciones, sobre todo si se ha tomado la decisión decambiar de contexto (viajar al extranjero, ir a un país en el que se habla otra lengua, etc.).Cuanto mayor es la descontextualización, tanto más probable es que las fronteras entre los mundosse vuelvan problemáticas, que se perturben los rituales de entrada y salida, que se multipliquenlos malos entendidos en cuanto a los indicadores sobre el tipo de situación en que uno se encuentraen un momento dado. Todo esto puede formar parte, claro, de la diversión propia de un proyecto de“vacaciones en el extranjero”.

En lo que a mí respecta, no todas las negociaciones relativas a las fronteras entre mundos sonplacenteras. En un país extranjero, me resultan problemáticas, me descolocan, aquellas en dondeestá en juego la desigualdad social: la descontextualización hace que los gestos y actitudes que lasituación “solicita” de mí sean explícitos y visibles (no automatizados, como en lacotidianeidad del país donde vivo) y esa solicitación, a la vez, me sorprende y me irrita.

Hace pocos días en Pontal do Peba, litoral sud del estado de Alagoas, Brasil. En la inmensaplaya de arenas blancas (que es al mismo tiempo la principal avenida del pueblo por la que circulanautos, camiones, motos y hasta un ómnibus), hay sólo dos posadas, una claramente popular y la otrade clase media burguesa, por decirlo de alguna manera, marcada por un nombre y un propietariofranceses, además de un CD de Jacques Brel que difunden los parlantes alrededor de la piscina.Trescientos metros de arena las separan, pero está claro que se necesitan una tonalidad de voz, unaexpresión facial y una postura corporal totalmente distintas, en una y en otra, para pedir unacaipirinha.

En la sede del Centro Internacional de Semiótica y Comunicación (Ciseco) de Japaratinga, tambiénen Alagoas, del que he hablado en alguna de mis columnas y donde me encuentro en este momento, seestá instalando una churrasquería y yo debo oficiar, ante el artesano que la construye, de“patrón”. Como debo asegurarme de que el objeto final tenga las característicastécnicas de una parrilla argentina, nuestra interacción es densa. Pero las diferencias de color depiel activan necesariamente, en el nordeste del Brasil, el pasado histórico de la esclavitud, ysobre todo determinan las diferencias de clase. Es a priori impensable que patrón y obrero puedansentarse a una misma mesa para discutir algo: el obrero permanece de pie, a una distanciarespetuosa.

Entonces lo invito a sentarse a mi lado. Aprovecho mi estatuto ambiguo de extranjero pararechazar esa búsqueda constante de una confirmación del carácter natural de la desigualdad,permanentemente solicitada por los espacios, los gestos, la ropa, las miradas, el tono de voz, lossilencios.

Bueno. En vacaciones, cada uno busca a su manera sentirse mejor. ¿Las vacaciones no formanparte, al fin y al cabo, de lo que nuestras sociedades llaman el “tiempo libre”?


*Profesor plenario Universidad de San Andrés.

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