Escribe la cronista Amanda Mars que cuando, hace un poco más de un año, Mouriño recibió lanotificación de despido, supo que sus 58 años de edad no eran la mejor carta de recomendación y queel cese en su trabajo lo incluía en ese grupo que los especialistas llaman de “difícilreinserción laboral”. Ramón Atilano Mouriño, gallego de nacimiento, argentino por adopción yfugado, por la crisis económica local, a Cataluña en 2004, se dirigió a la Acció Solidària Contral’Atur (Acción Solidaria contra el Desempleo), una ONG que facilita microcréditos a personassin trabajo, una de las tantas entidades que batallan en Barcelona por auxiliar a los“parados”. España se encamina hacia una tasa de “paro” del 20%. Según laoficina europea de estadística (Eurostat), en julio el paro alcanzó el 18,5%, la tasa más alta dela UE. La crisis asestó un duro golpe al mercado laboral español: la tasa de desempleo se situó enel 9,5% en los países del euro, una décima más que en junio y dos puntos más que el año anterior,según la misma fuente, y en el conjunto de la Unión, alcanzó el 9%. En total, en la Unión Europease contabilizan 21,7 millones de desempleados.
Algo similar sucede cuando se observan los grupos más desfavorecidos: en España, entre los másjóvenes, el desempleo alcanza al 38,4%, mientras que en el conjunto de la UE es del 19,8% y en la“zona euro”, del 19,7%. Entre las mujeres, el paro español (19%) duplica al registradopor sus socios europeos.
En crisis. Ramón Mouriño llamó a la puerta de Acció Solidària contra l’Atury pidió ayuda para montar una peluquería de caballeros en Sant Cugat del Vallès. Fue peluquero enBuenos Aires desde 1976 hasta 2004, año en que se refugió en su tierra natal. Después de variasreuniones, la entidad social le prestó el dinero que le hacía falta para abrir su establecimiento.Según una encuesta realizada en julio de este año, los españoles identifican el desempleo como elproblema número uno de los hogares y apuntan a la especulación inmobiliaria como principalculpable. El Gobierno encuentra sus causas afuera, en la situación financiera internacional y susconsecuencias, pero estos argumentos no explican por qué los trabajadores españoles están peor quelos de otros países desarrollados.
La crisis financiera mundial –disparada por las hipotecas subprime– trastocó losplanes de las economías mejor protegidas, pero el impacto es aún mayor en aquellos países cuyo PBIpermanecía más ligado al sector de la construcción. España es uno de los países que más crecimientoha obtenido en los últimos años gracias al sector, y la recesión golpea más duro sobre la mano deobra dedicada a la construcción y la auxiliar.
Otro elemento a tomar en cuenta es que en países como Alemania, en el mes de julio pasado, seredujo el sueldo y horario laboral de 1.246.000 trabajadores para no despedirlos. En España, a lasreformas que en materia laboral algunos especialistas señalan como pendientes –por ejemplo lacreación de empleo estable (según datos del Observatorio Laboral de la Crisis de la Fundación deEstudios de Economía Aplicada, de cada cien trabajadores con contrato temporal en enero de 2009, 14perdieron sus trabajos por cada dos que lo hicieron con contrato indefinido)–, se les agregala regulación administrativa de las relaciones laborales que se instrumenta a través de los ERE(expedientes de regulación de empleo) y que dota al modelo de rigidez, lo que termina produciendoefectos indeseados: si las empresas no pueden aplicar medidas acordadas de moderación salarial entiempos de crisis, se ven obligadas a despedir. Probablemente en Alemania la cifra de desempleosería mayor (8,2%, 3,46 millones de personas) si no fuese por la cantidad de empleados que seencuentran con sueldos reducidos.
Otra cuestión está dada por el hecho de que España carece de una política laboral proactiva;destina más fondos que ningún otro país de la UE en políticas pasivas del mercado laboral (pago desubsidios). Se ha observado que las personas que pasan más de medio año en el “paro”encuentran grandes dificultades para regresar a la actividad, y así la situación de desempleotiende a prolongarse tanto por la escasez de políticas activas (reciclaje) como por la“seguridad” del pago de subsidios. Esta no parece la mejor manera de combatir undesempleo creciente: de hecho, existe una correlación entre el gasto del Estado y el aumento deldesempleo si se compara con otros países que dedican menos inversión a subsidios y jubilacionesanticipadas y que promueven la formación y la creación de negocios.
Una ayuda. Oriol Romances, de Acció Solidària contra l’Atur, explica que laspeticiones de ayuda a su entidad se han desbordado y que se ven obligados a denegar hasta el 30% delas ayudas económicas a fondo perdido: las que sirven para pagar facturas o alquiler. Desde lamisma institución, sostienen que esta crisis es diferente a las otras porque el problema de lavivienda es más agudo. Con esta situación, se multiplicó el número de asociaciones de ayuda adesempleados: están las que reivindican más prestaciones para los “parados”, grupos deayuda mutua y ONGs asistenciales. En el disperso y poco coordinado mapa de entidades, lasasociaciones asistenciales son las más numerosas, y entre ellas hay muchas que nacieron durantecrisis económicas anteriores, que prácticamente desaparecieron con la bonanza y que ahorarenacieron. La Asociación Parados Sin Fronteras nació hace tres crisis. “Todo el mundo tieneque disponer de unos ingresos equivalentes al salario mínimo”, sostiene su fundador, GabrielColomer, pero mientras el salario mínimo universal no llega, Colomer propone “medidasimaginativas, como las que utilizaban los argentinos durante el corralito”.
El “modelo argentino” aporta muchas ideas a las asociaciones de“parados”, pero las más reivindicativas y políticamente comprometidas también recurrenal llamado “modelo francés”, que logró crear unas organizaciones de“parados” fuertes y consolidadas, que movilizan a mucha gente y hacen oír su voz, segúnOleguer Bohigas, representante de la Asamblea de Parados y Paradas de Barcelona. A inicios de esteaño, Ramón Atilano Mouriño abrió su nueva peluquería en Sant Cugat. “De momento, me alcanzapara pagar el alquiler y la cuota para la Acció Solidària contra l’Atur”. No se atrevea vaticinar ni su futuro ni el de su negocio; dadas las circunstancias, el resto de suscompatriotas, tampoco.





