Neustadt, Hadad, ¿Clarín?

25-08-2026 | 03:11

Dinosaurios de la credibilidad. Uno, de la era de Menem; el otro, de la de De laRúa.

Bernardo Neustadt no sólo era el periodista más influyente de la Argentina. Los que aspiraban aser presidentes lo cortejaban, y quien logró serlo adaptó su plan de gobierno a las ideas quedifundía el periodista. Era 1989 y todavía los canales de TV no se habían privatizado. Por entoncesél tenía 30 puntos de rating con un programa que le daba mayor audiencia calificada que el diarioClarín. Tanto éxito hizo evidente que, más que un periodista o un contrapoder, era el poder. Y surating comenzó a decrecer. Cuando se volvió a elegir presidente, en 1995, Neustadt ya tenía lamitad del rating que en las elecciones anteriores y en un canal privado y número uno–Telefe– donde el promedio del rating en el horario nocturno era mucho mayor. Cuandohubo que renovar el contrato, el canal pidió incluir una cláusula que permitiera levantar elprograma si no alcanzaba los 15 puntos de rating; Neustadt se ofendió y se fue a otro canal–América–, donde hizo 5 puntos de rating. Poco después, su programa fue levantado ynunca más volvió a la televisión abierta.

Más chico, más corto y menos espectacular, el tránsito de las alturas del éxito al subsuelo dela insignificancia de la credibilidad también lo vivió Daniel Hadad. Con su programa periodísticoDespués de hora lideró diariamente el rating de la TV abierta de su horario desde un canal–América– que iba último el resto del día. Era 2001 y tanto influyó en la caída deFernando de la Rúa que su sucesor –Eduardo Duhalde– trató de apaciguarlo contribuyendoa que el periodista terminara dueño de un canal de televisión, el 9. Tanto éxito en tan poco tiempo–a su Radio 10 sumó el diario Bae, el sitio de Internet Infobae y el Canal 9– hizoevidente que más que un periodista o un contrapoder, era un poder.

Ya dueño del canal de televisión, volvió a enfrentar las cámaras con otro programa diarioperiodístico: El primero de la mañana, y su rating fue tan bajo como el de Neustadt cuando se fuede Telefe. Tras sólo 20 días de emisión, el programa de Hadad se extinguió sin pena ni gloria. Elpoder es la tumba de un periodista, y con la misma velocidad que Hadad se convirtió en elempresario de medios más exitoso, se transformó en el periodista menos valorado.

Pensamiento nómade. ¿Sucederá lo mismo con Clarín? ¿Que muera de éxito, como dicePeter Drucker que mueren los muy exitosos? ¿Que al igual que Neustadt y Hadad, al descubrirse queutilizaba el periodismo para otros fines, se consuma reduciéndose hasta su mínima expresión?

No creo, las personas jurídicas son mucho más reciclables que las personas físicas. Perodifícilmente Clarín vuelva a ser el mismo, aun si no se aprobase la Ley de Medios, porque en sulucha por resistir el embate del Gobierno dejó expuesto ante el público en general lo que antessólo conocían los expertos. Que puede ser opositor acérrimo después de ser funcional aloficialismo, en función de las contraprestaciones que recibe o deja de recibir. Se aplica lo queescribió Nietzsche: “No me importa que me hayas mentido, sino que, de ahora en adelante, nopodré creer en ti” .

Tampoco creo que Clarín emerja herido de muerte tras el debate de la Ley de Medios porque susredacciones cuentan con la mayor cantidad de buenos periodistas del país y sus productos seguiránsiendo deseados por los consumidores más allá de las cuestiones éticas. La semana pasada lanzó lacolección de libros de Mafalda que se venden con el diario Clarín y agotó en todos los kioscos; ysu Gran DT aumentó la cantidad de visitantes únicos de Internet casi tanto como todos los usuariosúnicos de Lanacion.com más Perfil.com.

Donde sí Clarín saldrá con daños irreparables será en su relación con los factores de poder. Unavez que los políticos confirmen que no es infalible y le entran las balas, crecerá geométricamentela cantidad de adversarios dispuestos a desafiarlo. No hay sistema de defensa más económico que eltemor de los adversarios a un enfrentamiento.

El mejor ejemplo son los elefantes que crecieron en cautiverio en los circos: pudiendo arrancarun árbol de un tirón, se quedan atados a un pequeño palo clavado en la tierra porque en su infanciasus fuerzas no alcanzaban para arrancarlo y ahora de adultos creen que no pueden. Aun el animal máspoderoso y gigantesco, al tener grabado en su memoria el registro de la impotencia, aunque luegoresulte anacrónico no intentará librarse de esa atadura.

Lo mismo sucede con los políticos y otros factores de poder, que se sentían injustificadamenteincapaces de hacerle frente a Clarín y, progresivamente, se irán animando a hacerlo.

Se equivocan tanto los agoreros del fin de Clarín como los que creen que todo seguirá igual.

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