•que hacer con los pobres

Ni arbitrariedad ni clientelismo

Existen dos miradas predominantes y contrapuestas sobre cuál es la política social adecuada para enfrentar la pobreza que caracteriza a nuestra sociedad.

23-08-2026 | 10:54

Existen dos miradas predominantes y contrapuestas sobre cuál es la política social adecuada paraenfrentar la pobreza que caracteriza a nuestra sociedad.

Una plantea que nos encontramos frente a un verdadero cuadro esquizofrénico ya que se demanda ala población que acceda a un trabajo para poder vivir, pero no se generan las oportunidades deempleo necesarias para ello. En consecuencia, es imprescindible otorgar ingresos monetarios enforma relativamente amplia sin que se exija la realización de labores a cambio. La arbitrariedad yel clientelismo a los que puede conducir la implementación de esta mirada son evaluados como“consecuencias no deseadas” y el programa Jefes/as de Hogar fue su expresión másvisible.

La otra mirada acusa a la anterior de “asalariar la exclusión” ya que afirma que nosólo es preciso otorgar dineros sino además que éstos surjan de un trabajo. Por esta razón aboganpara que los ingresos otorgados tengan una labor de contrapartida. Se afirma, además, que esta esla única vía para fomentar una cultura del trabajo y eliminar el clientelismo.

Ambas posturas tienen bases donde apoyarse: en verdad, llevamos mucho tiempo con alto desempleoaun después de experimentar coyunturas de alto crecimiento económico. Así, nos cuesta reconocer queel crecimiento no tiene, ni aquí ni en otras latitudes, el impacto sobre la creación de puestos detrabajo que tenía en el pasado y en consecuencia apostar todo al crecimiento económico es un gruesoerror que sólo puede resquebrajar aun más el maltrecho tejido social argentino. Por ello, para estamirada, el capitalismo argentino todavía tiene que probar que es capaz de generar trabajo antes deabandonar políticas amplias de transferencias monetarias a desocupados.

Por el otro lado, quienes sostienen la importancia del trabajo como factor de inclusión socialargumentan que la autoestima, elemento esencial para una vida digna, se erosiona ante la ausenciade una actividad laboral porque ésta es la forma predominante de adquirir reconocimiento frente alos otros. Afirman también que la ausencia de trabajo en forma prolongada es mucho más que ausenciade ingresos para vivir, es simplemente pertenencia o no a la sociedad, y la falta de“afiliación social” es causa de males como la depresión, el conflicto familiar, lasadicciones y hasta el suicidio.

En este debate podemos quedar entrampados ya que no parece viable plantear esquemasgeneralizados de otorgamiento de ingresos desvinculados de obligación alguna sin desincentivar lainclinación al trabajo o caer en la arbitrariedad clientelista. Pero, si bien el trabajo es factorde autoestima e inclusión social, chocamos con la realidad de que el capitalismo argentino pareceincapaz, hasta el momento, de otorgar empleo a todos los que demandan. ¿Podemos salir de estatrampa?

Es posible encontrar soluciones cortando camino entre estas dos posiciones. O sea, combinandoingresos generalizados e incondicionales como sugiere la primera visión con otros condicionados alcumplimento de ciertas labores como sugiere la segunda mirada.

¿A quiénes otorgar ingresos incondicionales? En primer lugar y en forma universal, a todas laspersonas mayores porque ellas ya dieron su aporte a la sociedad y, además, a todos los niños, dadoque lo harán en un futuro. Los ingresos condicionales (que requieren una labor) deben estarorientados exclusivamente hacia los desocupados.

Hay sin embargo una importante distinción entre ambos tipos de ingresos. Aquellos para niños ypersonas mayores deben ser universales y como son simples transferencias monetarias pueden seradministrados con cierta facilidad por el Estado nacional. Los segundos requieren la organizaciónde actividades productivas o sociales, desafío de por sí complejo y que exige la creatividad degobiernos locales, empresas y organizaciones de la sociedad civil para poder concebirlas eimplementarlas.

Avanzar por este camino implicaría un enorme avance en la redefinición de la política socialargentina. Niños y mayores serían acreedores de un ingreso sin más trámite que la solicitudrompiendo la dependencia respecto de quienes administran los recursos de la política social. Porotra parte los desempleados, empezando por los sectores más críticos dentro de ellos, obtendrían uningreso a cambio de una labor productiva o social comprobada. Por otro lado es importante señalarque estos recursos se agregan a nivel del hogar, ya que una familia sumaría al ingreso del jefe dehogar el salario familiar provisto por derecho de sus hijos.

¿Es viable financieramente una propuesta de este tipo? A modo de ejemplo, generar un ingresobásico aceptable para los casi 6 millones de niños cuyos padres no perciben asignaciones familiaresinsumiría alrededor de 9 mil millones de pesos. Por otro lado, los jefes de hogar desocupados conniños a cargo son alrededor de 300 mil; un programa para ellos con labores de contraprestaciónoscilaría en torno de los $ 1.500 millones. En suma, estamos hablando en este ejemplo de poco másde $ 10 mil millones, cifra que el presupuesto nacional 2008 asignó a los programasasistenciales.


*Profesor titular, UBA. Investigador principal, Conicet.

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