En la Argentina, cuando se habla de gobierno, la referencia es sólo hacia el Poder Ejecutivo.Por una malformación cívica olvidamos que, según la forma representativa, republicana y federal quemarca la Constitución, el gobierno está compuesto por dos poderes más, el Legislativo y elJudicial. El matrimonio presidencial aprovecha esta situación y lleva al paroxismo la nefasta ideade que los que están fuera del PEN son de palo. Legisladores y jueces están padeciendo eseterremoto que los deja a la intemperie y los obliga a colocarse a la defensiva. Esta especie dedemocracia mutilada que amputa al Congreso de la Nación y hostiga la independencia de los juecescon diversos mecanismos, erosiona a toda la dirigencia en general, pero perjudica en particular ala oposición, que por momentos aparece pedaleando en el aire.
Esta concentración inédita de poder en Néstor Kirchner lo convierte en un gran titiritero quemueve los hilos de su tropa con sagacidad y gran capacidad de daño para propios y extraños. Tambiénlo coloca en el centro de la escena para recibir todos los cachetazos. Los casos más emblemáticosde estas horas son los de Eduardo Fellner y Ricardo Jaime. La obediencia debida los condena, pero ala vez los coloca apenas como autores materiales de las oscuridades ordenadas desde la quinta deOlivos.
¿Hay algún argentino informado sobre los movimientos internos del kirchnerismo que no sepa quecada paso de Jaime tuvo el aval, la complicidad o la mirada para otro lado de Kirchner? ¿Desdecuándo alguien de su entorno se mueve sin el control obsesivo y enfermizo que ejerce el ahoradiputado?
“Sincericida” como siempre, Luis D’Elía calificó de “ladri” aJaime, el ex secretario de Transportes y hombre de tanta confianza con Kirchner que tenía accesodirecto a su despacho sin tener que pasar por el de Julio De Vido. “Ladri”, según elDiccionario Etimológico Autorizado del Lunfardo del prestigioso académico Oscar Conde, significa:“1. Político o funcionario corrupto o sospechoso de corrupción. 2. Cualquier persona queobtiene éxitos, especialmente económicos, sin esforzarse demasiado.”
Artemio López, sociólogo y provocador intelectual por naturaleza, fue más allá cuando definió algobierno de Aníbal Ibarra como “ladri-progresismo”. ¿Hará falta llamar a concurso paradefinir qué tipo de “ladri” sería Jaime, según D’Elía?
Más allá de la semántica, están los hechos; Jaime viene caminando desde muy lejos en eltiempo y en el territorio de la mano de Néstor. No es casual que la única propiedad que elcordobés-patagónico reconoce como propia sea un humilde departamento intrusado, ubicado en CaletaOlivia. Allí ejerció su segundo cargo público como director de Catastro. Durante la dictadura sehabía desempeñado en la misma área, pero en Córdoba.
Las leyendas que se cuentan en el Sur sobre los motivos que explican este sólido concubinato deNéstor y Jaime se meten en la vida privada de ambos, merodean temas tan delicados como lapaternidad y por responsabilidad informativa no corresponde explayarse. Hay algo en lo que, enforma reservada, todo el mundo coincide: Cristina K detesta al ingeniero agrimensor Ricardo RaúlJaime. No se sabe si nunca terminó de digerir a “los amigotes” del marido o despreciala estética (¿también la ética?) menemista que Jaime ostentó siempre con sus anillos, cadenitas yrelojes de oro que relucían en su piel tostada en la cama solar.
Si se dejan de lado las anécdotas y se mira más de cerca la política, la cercanía de CarlosMenem con Néstor Kirchner se estrecha cada vez más y por muchos motivos. No sólo por el acuerdotácito entre ambos en el Senado, que le permite a Kirchner evitar que sesione. También porque elprincipal operador en la Cámara alta, Miguel Angel Pichetto, forjó su moral en los usos ycostumbres del menemismo y porque a la hora de diseñar la estratégica mediática en Olivos, Kirchnerelije a empresarios amamantados durante esa década. Para hacer el trabajo sucio y cobarde que atacaperiodistas críticos desde los medios oficiales y paraoficiales, Kirchner apela a mano de obraotrora progre que gana fortunas provenientes de las arcas del Estado. Para las alianzasestratégicas, prefiere gente experimentada que conformó algo similar a lo que fue el CEI paraMenem. Lo de Daniel Hadad no es nuevo. Ha sido y es uno de los más eficientes soportesperiodísticos del kirchnerismo. Hasta sus enemigos elogian su capacidad de gestión. Hay quesumarles otros dos notorios hombres de negocios: Jorge “Corcho” Rodríguez, ex socio deRodolfo Galimberti y ex pareja de Susana Giménez, y el banquero Raúl Juan Pedro Moneta, emblema deaquel holding que unió al Citi y Telefónica, entre otros, y que hoy ha vuelto a saciar su vocaciónde cronista al comprar un conglomerado de radios importantes.
Estos son los generales que acompañan a Kirchner como comandante en jefe de su campaña paralograr el 40 por ciento de los votos y apostar a atomizar tanto a la oposición para que ningunollegue al 30 por ciento y así evitar el ballottage. El resto de los colaboracionistas que aportanpor izquierda en los medios prefiere ignorar esta realidad mientras funciona como infantería.
Pero vamos al otro caso. ¿Alguien cree que el presidente de Diputados le clavó un puñal por laespalda a años de funcionamiento legislativo por una decisión personal? Eduardo Fellner fue elegidopor todos sus pares debido a su prudencia y actitud de caballero. En su momento, algunosadvirtieron que había que consagrar otra autoridad porque finalmente Kirchner, como a tantos, leiba a quebrar la voluntad para someterlo. Y eso es lo que ocurrió con Fellner. Desde 1983, todoslos que ocuparon su lugar se pusieron por encima de las peleas interbloques y adoptaron una posturaecuánime y ecuménica. Esta vez, Fellner incineró en el altar K gran parte del respeto que habíalogrado entre los diputados. No hay antecedentes de alguien que haya levantado una sesión a los 45minutos por falta de quórum. Nunca hubo tantas zancadillas infantiles como no hacer sonar lachicharra, redireccionar los teléfonos internos hacia otros destinos, apagar el tablero, pisarcontratos de asesores. Por eso, Graciela Camaño pidió el desplazamiento de Fellner. Se sintióviolada en su buena fe y le dijo que le “faltaba hombría de bien”.
Está claro: los mínimos lazos de confianza se han evaporado en el Congreso. Kirchner lo festejacomo un triunfo, pero el desprestigio también los salpica a él y a su esposa. Cristina lo reconocióhace poco cuando dijo que en 2001 “nos querían matar a todos” sin diferenciar aoficialistas y opositores. Tampoco se diferenció entre los tres poderes que integran el gobierno dela Nación.





