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Niños burbuja

En el limbo terrenal del aislamiento por la nueva gripe, nos vamos convirtiendo todos en niños burbuja, somos John Travolta besando a la realidad a través de un plástico traslúcido, tendemos al preservativo corporal, al forro total.

Niños burbuja
23-08-2026 | 01:12

En el limbo terrenal del aislamiento por la nueva gripe, nos vamos convirtiendo todos en niñosburbuja, somos John Travolta besando a la realidad a través de un plástico traslúcido, tendemos alpreservativo corporal, al forro total. El prójimo es patógeno, hay que tenerlo lejos. Se acabaronlas reuniones de cuerpo presente. Los teatros, los cines, los estadios, las escuelas serán ruinasalgún día, las filas de sillas vacías quedarán como un símbolo de un pasado gregario,irresponsable. (Espero estar exagerando.) Las parejas que se conozcan por Internet quizá jamás sereúnan y si quieren reproducirse lo harán enviándose por correo pasteurizado una cápsula de semencongelado. O no existirán las parejas, será todo como en la novela Un mundo feliz, de Huxley, dondela familia es una rareza del pasado.

Ya hay gente que vive de manera bastante similar. Trabajan con la computadora desde su casa,reciben una transferencia bancaria por su trabajo, hacen pedidos al supermercado, pagan las cuentaspor Internet... No salen. El mundo exterior les llega a través de pantallas. Tengo un amigo que secompró un cajón peruano de percusión y está tomando unas clases que encontró en YouTube dadas porotra gente del otro lado del mundo que se filma enseñando a tocar ese instrumento. Así se formanlas comunidades virtuales o digitales. No es nada nuevo. Los amigos de esta época no son ni unholograma, son rastros de conciencias más o menos simpáticas que dejan opiniones en Facebook. Lasexualidad ya hace tiempo que se volvió digital, o quizá fue lo primero en digitalizarse. De hechofue el consumo de pornografía lo que provocó que cada vez se sumaran más usuarios, que a su vezquerían tener mayor velocidad de conexión para poder bajar videos. La red de redes creció movidapor una pulsión sexual masturbatoria.

Esta tendencia al aislamiento encaja perfectamente con la emergencia sanitaria. Como en lossueños, el miedo precede y provoca el monstruo. Así la paranoia séptica precedió al virus. Hastatenemos miedo de contagiarnos a nosotros mismos. Si tomo del pico de la misma botella que yo, sitomo mate conmigo, ¿me contagio? Algunos dirán que finalmente el prójimo se revela en su verdaderanaturaleza monstruosa, como un ser lleno de secreciones y fluidos peligrosos, un animal infecciosoamenazante que nos bufa a centímetros de la cara con aliento mortal. ¡Salí con tus tucrobios!,decía mi hermana cuando era chiquita. Mis microbios, tus tucrobios.

La única secuela que me gustaría que quedara de toda esta psicosis aislante es que se abandonela costumbre del beso en la mejilla entre hombres, algo que empezó hace uno diez años más o menos.Con lo fácil que es darse la mano, ese gesto antiguo que viene de mostrar que no vas a sacar unarma. Pero francamente no creo que nada cambie. Vamos a encerrarnos un tiempo, miraremos muchatele, los niños fundirán la Playstation y esperaremos a que nos avisen que ya se puede salir. Hayque ver qué pasa entonces. Las pocas veces que me he encerrado tres o cuatro días a escribir,cuando volví a salir, la calle me parecía casi alucinógena, una película clase B con zombis ymujeres hermosas, todos casi irreales de tan reales, híper reales digamos, hasta el portero contoda su normalidad me parecía el freak más raro del planeta. Es una experiencia sorprendente, losdemás interactúan con uno, hablan, se vuelven amenazantes, algo fuera de nuestro control. Despuésde un rato la sensación se pasa y uno vuelve a correr anestesiado dentro de la manada.

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