•el peligro del desequilibrio fiscal

No aprendemos las lecciones

Somos un país que no incorpora las lecciones de su propia historia. En materia económica, esto se traduce en una prolongada y por momentos inexplicable declinación relativa y en la repetición de episodios críticos que, aún en circunstancias diferentes, guardan sorprendente similitud.

24-08-2026 | 05:26

Somos un país que no incorpora las lecciones de su propia historia. En materia económica, estose traduce en una prolongada y por momentos inexplicable declinación relativa y en la repetición deepisodios críticos que, aún en circunstancias diferentes, guardan sorprendente similitud.
A mediados de 1985, el gobierno del Dr. Alfonsín impulsó un inteligente programa económico–el Plan Austral– que produjo una estabilización muy rápida de la economía y unarecuperación de la capacidad de crecimiento. Con el tiempo, las circunstancias originales fueroncambiando y se comenzaron a instrumentar distintas enmiendas, sin que con ello se consiguieraretomar el rumbo original. Cada cambio producía menos resultados y al final, como todos sabemos, seprodujo un estallido hiperinflacionario y el presidente renunció anticipadamente.
Después de varios fracasos en dominar la situación, a comienzos de 1991 el gobierno del Dr.Menem puso en marcha el Plan de Convertibilidad. Cualquiera sea la opinión que se tenga sobre esaorientación de política económica, durante varios años produjo crecimiento sin inflación, aunquegeneró un deterioro del aparato productivo y de la situación social. Pero con el transcurso deltiempo, también este programa se fue resquebrajando y volvió la política de los“parches”. Esta vez fue más exitosa, porque al menos le permitió al presidente terminarsu mandato.

El gobierno del Dr. De la Rúa se convirtió inexplicablemente en custodio de la resquebrajadaconvertibilidad y convocó a su creador para ayudar a sostenerla. Los “parches” setornaron infinitos y en 2001 todo estalló por los aires. Incluso el propio presidente.
Hoy existe consenso en que si se hubiera salido de la convertibilidad alrededor de 1996, elproceso hubiera sido mucho menos traumático y nos hubiéramos podido ahorrar la fenomenal crisis yvarias de las medidas extremas que luego hubo que adoptar, frente a la carencia de otrosinstrumentos. No es necesario que le recuerde al lector que el suscripto fue parte del equipo queimpulsó esas medidas, pero por las dudas lo hago.
¿Cuáles son las lecciones? Es simple, hay que evitar que se acumulen tensiones que luegoconcluyan en estallidos. ¿Por qué no ocurre? Porque eso tiene un costo político y los sucesivosgobiernos “estiran” el uso de los instrumentos hasta que ocurre lo inevitable. Tienecierta lógica. Menos explicable es que la sociedad y el conjunto de la dirigencia política–con honrosas excepciones– no impidan que eso ocurra.
Hoy, en realidad por lo menos desde el 2007, estamos en uno de esos momentos en que“parche tras parche” nos encaminamos hacia un desequilibrio grave. Pero estamos atiempo de evitar que el final anunciado tenga lugar.

La creación del Fondo del Bicentenario, afectando el uso de reservas al pago de la deudaexterna, puede llegar a inscribirse en la historia como uno de esos momentos que jalonaron elcamino hacia una crisis o como un punto de inflexión hacia la adopción valiente de cambios en lagestión de los recursos públicos.
En concreto, en situaciones extraordinarias a veces es necesario adoptar medidasexcepcionales, como podría ser la utilización de las reservas para fines diferentes de su funciónhabitual. No es ésa la cuestión.
La situación es que –una vez más– la Argentina ha entrado en el peligroso caminodel desequilibrio fiscal, tanto nacional como provincial y es necesario tener un programa de porlos menos dos años de horizonte para evitar que esto se profundice y el próximo gobierno tenga latriste misión que tuvo Eduardo Duhalde en 2002.
En otros términos, la solución hay que pensarla dentro de la institucionalidad por la cualcotidianamente nos rasgamos las vestiduras. Lo que se necesita es que el Poder Ejecutivo Nacionaleleve al Congreso una ley correctiva del Presupuesto, donde incluya, si es el caso, su propuesta deutilización de las reservas y todas las demás medidas que habría que adoptar para restablecer elequilibrio.
Si usted, estimado lector, está de acuerdo con esto, dígaselo a su diputado o senador. Es suoportunidad.

*Economista. Ex viceministro de Economía.

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