•La crisis institucional por las reservas

¿No habíamos salido del default?

Mirando a través de la polvareda que levantó la última crisis institucional provocada por el kirchnerismo, van surgiendo, nítidos, algunos de sus más preocupantes escombros.

24-08-2026 | 03:27

Mirando a través de la polvareda que levantó la última crisis institucional provocada por elkirchnerismo, van surgiendo, nítidos, algunos de sus más preocupantes escombros. Hay ahora anarquíaen la conducción del Banco Central, la entidad autónoma encargada de velar por la estabilidad de lamoneda. Esto ocurre justo en el inicio de un proceso de aceleración inflacionaria que vuelve aponer la inflación cerca del 20%, a pesar de que el crecimiento es aún anémico. Hubo un nuevoembargo, en este caso por más de US$ 3.500 millones en las cortes de Nueva York. Hay un dobleconflicto de poderes gatillado por un Poder Ejecutivo que no respeta las decisiones autónomas delPoder Judicial y que simultáneamente pretende apropiarse de facultades exclusivas del PoderLegislativo. Hay, también, una nueva escalada en el peligrosísimo conflicto de poder entre laPresidenta y su Vicepresidente.

Es cierto que nuestros males empalidecen frente a la tragedia que sufren hoy los habitantes deHaití. Pero la contemporaneidad de ambos terremotos no nos permite esquivar aquél adagio popularsegún el cual nuestra bendita tierra está, en general, exenta de los frecuentes desastres naturalesde otros pagos porque está, en cambio, excesivamente expuesta a los desastres provocados por elhombre –especialmente nuestros dirigentes–.

Como en todo terremoto, en medio del desastre que se manifiesta en la corteza terrestre (elepicentro) poco importa detenerse en los desplazamientos tectónicos que dieron origen a latragedia. Sabemos bien, sin embargo, que es poco aconsejable ignorar los movimientos del centroporque éstos se pueden repetir. En efecto, identificar los movimientos de las entrañas de la tierramuchas veces permite anticiparse y evitar nuevas tragedias y salvar miles de vidas.

Tomemos de la periferia el nuevo embargo del juez Griesa, que dio lugar, primero, a una insólitaconferencia de prensa en la que el ministro de Economía lo acusó de formar parte de la conexióninternacional de la conspiración en contra del gobierno de los Kirchner; segundo, a un fallidoanuncio del secretario de Finanzas acerca de una falsa indulgencia del juez; finalmente, a unaexoneración por parte de la Presidenta de la Nación, por considerarlo más probo y más expeditivoque nuestros propios jueces. Que lo anec-dótico no nuble la vista de la sustancia. La analogía delterremoto es por demás pertinente. Fueron muchos los temblores y remezones legales desde larenegociación de la deuda en 2005, todos ellos cabalmente ignorados por las mentes brillantes queidearon el Fondo del Bicentenario para el Desendeudamiento y la Estabilidad. Dos de esos remezones,de hecho, no han sido resueltos aún, a pesar de que el ministro intente negarlo. Hay todavía US$200 millones de la ANSES (desde la época de la nacionalización de las AFJPs) y US$ 105 millones delBCRA (desde la época del pago anticipado de la deuda al FMI) congelados en Nueva York a la esperade un fallo definitivo de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos.

Podríamos decir entonces que hoy subsisten tantos embargos como intentos del Poder Ejecutivo porquedarse con cajas ajenas.

Mientras pienso en embargos, nuevos y pasados, y pienso en los cada vez más necesarios (y másgenerosos) canjes de deuda –para garantizar el éxito del último de ellos, se nos dijo, es quese montaba aquél Fondo de extenso nombre– me pregunto, ¿acaso no habíamos salido deldefault?

A medida que recorro el trayecto inverso, del epicentro al centro, me topo con el titular detapa de un diario del 3 de marzo de 2005: “La Argentina salió del default: la aceptación delcanje fue de 76,07%”. El subtítulo agrega: “La deuda pública quedó en 125 mil millonesde dólares”.

Es comprensible la confusión del ciudadano común. Hoy debemos más, a pesar del fuerte superávitfiscal de los últimos años, no nos prestan, nos embargan y tenemos que esconder nuestros aviones ynuestros ahorros para que las cortes internacionales no los confisquen.

Quizás el origen de lo que ocurre hoy haya que buscarlo en lo que no se hizo y en lo que seocultó en aquella reestructuración de deuda “tan exitosa” de 2005. No se obtuvo laquita que se anunció en aquél momento. Ni se recuperó el acceso al crédito, que es uno de losprincipales objetivos de tal negociación ya sea que se trate de un país soberano o de una empresapequeña o mediana.

En aquella ocasión se recompraron bonos por US$ 78 mil millones a cambio de US$ 38 mil millonesen efectivo y nuevos bonos (una quita nominal del 51%). Se les regaló a los acreedores, además, laposibilidad de un ajuste por inflación, cuando se sabía que después de semejante devaluación lainflación inexorablemente le iba a ganar al dólar en los años subsiguientes.

Se les regaló también un premio a los bonistas, asociándolos a la mejora del PBI de argentinaque inevitablemente iba a ocurrir cuando volvieran a emplearse al menos una parte de los recursosque quedaron ociosos después de la crisis social y económica más extraordinaria de nuestrahistoria. Estos dos regalos barrieron con la quita de capital.

Para tapar el fracaso de aquella reestructuración, el Gobierno sucesivamente envió a Moreno aintervenir el INDEC, se apropió de fondos de las provincias, se llevó los ahorros de las AFJPs, usófondos de la ANSES y ahora intenta llevarse puesta la autonomía del BCRA y sus reservas.

Quizás haya que ir más atrás y detenerse en las raíces del default de 2001 y también en elorigen y autenticidad de la deuda pública argentina. Pero no hay dudas de que con unaverdaderamente exitosa negociación de la deuda en 2005, ninguno de los injustificables atropellosinstitucionales más recientes hubiera sido siquiera necesario. Los argentinos pagamos hoy, entreotras cosas, el costo de la mentira, de la mala praxis y de la obsesión por el corto plazo. Lamentira, como lo están comprobando Cristina y Néstor Kirchner, Boudou y el propio Redrado, tienepatas cortas.

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