En los últimos tiempos se han multiplicado los análisis que sostienen la tesis de una carreraarmamentista en la región. Los cultores de ésta emplean con fines instrumentales toda declaración odato que contribuya a azuzar la supuesta escalada militar sudamericana. Desde Hugo Chávezvislumbrando “vientos de guerra” en el acuerdo entre Bogotá y Washington para lautilización de bases militares, pasando por la compra brasileña de submarinos franceses o laadquisición venezolana de armamento ruso y chino, todo es leído como parte de un“preocupante” fenómeno. Sin embargo, un análisis revela que, lejos de un escenario deagudización de los dilemas de seguridad, nos encontramos frente a procesos de “modernizacióndisuasiva”.
La literatura especializada señala que para comprobarse una carrera de este tipo debeverificarse una relación de interdependencia en las compras de armamento por parte de dos paísesque previamente tenían una elevada percepción de amenaza recíproca. Las carreras armamentistas secaracterizan por un elevado gasto presupuestario y por la sensación social y política de inminenciade la guerra.
En el caso de América del Sur, la mencionada correlación empírica simultánea no se verificani siquiera para los países que mantienen históricos diferendos limítrofes: Chile (con Perú yBolivia) y Venezuela (con Colombia). En lo que hace a compra de armamentos, no se observa ningúnpatrón sólido de respuesta entre las partes. Mientras Chile adquirió 316 tanques entre 1999 y 2006,y casi 50 aviones de combate F 16; Bolivia compró 16 tanques y Perú optó sólo por dos fragatasusadas de origen italiano. Las compras venezolanas –entre ellas, 24 aviones Su 30 de últimageneración– tampoco han originado respuestas de Colombia, más allá de la adquisición deaviones Kfir de segunda mano destinados a la lucha contra la insurgencia.
Otro indicador es el incremento en el número de efectivos. Tampoco se verifica aquí un patrón“acción-reacción”. En el período 2000-2005, Chile ha reducido su personal militar de101 mil hombres a 72 mil, Perú de 115 mil a 80 mil y Bolivia lo ha incrementado sólo en un 5%. Enel caso colombo-venezolano, ambas partes experimentaron un aumento, aunque muy desigual: Colombiade un 35% y Venezuela de sólo un 4%. Por último, el gasto militar también refuta la idea de unacarrera armamentista. Mientras el presupuesto de defensa de Chile como porcentaje del PBI se haelevado levemente de 3,4% en 2003 a 3,7% en 2007, el de Perú se ha reducido de 2,2% a 1,2% y el deBolivia ha experimentado un leve incremento, de 1,3% a 1,5%.
Así las cosas, reducir el análisis al número y tipo de armas que se compran nos hace perderde vista aspectos que contribuyen a la percepción de la seguridad regional. En este sentido,América del Sur gasta en defensa la mitad del promedio mundial, a la vez que atraviesa un períodode cooperación e institucionalización en materia de defensa y seguridad. Desde luego, esto nosignifica que la región esté exenta de conflictos, pero éstos se hallan crecientemente contenidospor los inéditos niveles de cooperación, institucionalización e interdependencia económica.
Los países de América del Sur adquieren armas por razones no vinculadas a la identificaciónde amenazas regionales. Las compras de Chile se relacionan con la Ley del Cobre, que establece queun 10% de las exportaciones de ese metal sean destinadas a la compra de material bélico. Venezuela,para un eventual y poco probable enfrentamiento con los EEUU. Colombia lo hace por su conflictointerno. Brasil, en cambio, privilegia la necesidad de que su poder militar se corresponda con suestatus de potencia ascendente. En suma, la adquisición de grandes cantidades de armamento puedeser un motivo de preocupación regional, pero tal inquietud no debería ser considerada un problemamilitar o de seguridad, sino, por el contrario, una cuestión que merece mayor atención política ydiplomática.
En breve, las referencias a una carrera armamentista en Sudamérica no parecen encontrarsustento en la realidad. Lejos de pujar por nuevos equilibrios militares, las compras de los paísesde la región responden, más bien, a la necesidad de reemplazar el material existente.
*Doctor en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Essex (Inglaterra).
**Magíster en Estudios Internacionales (UTDT).




