Argentina no es Colombia”, dijo Néstor Kirchner a un milímetro de provocar un chisporroteodiplomático. “Vamos a luchar contra el narcotráfico… Pero la batalla a fondo va a sercontra todos los narcos, ¿eh?”, completó con una pausa teatral y subrayando el concepto“contra todos”. La Jotapé recargada no dejaba de cantar al son de los redoblantes:“Soy argentino / soy soldado del Pingüino”. Enardecido y nostálgico de su juventud,Néstor Kirchner mostró muchas de sus cartas en los pliegues de sus discursos ante la agrupaciónfundada por su hijo, La Cámpora, en la Biblioteca Nacional y en Vicente López, durante el plenariodel Movimiento Evita, que conduce Emilio Pérsico.
¿A quien se refería Néstor Kirchner con eso de “contra todos los narcos, eh”? Loscamporistas lo tomaron para el lado de Eduardo Duhalde, en simultáneo con lo que Luis D’Elíaexpresó a la salida del despacho de la jueza María Servini de Cubría después de haber sidocondenado a pagar una multa de 6 mil pesos por haber acusado a Duhalde de lo mismo que lo acusóminutos después: “Seré un gladiador sin cuartel para exterminar el flagelo de la droga ytengo la plena convicción de que Duhalde es un narcotraficante”.
Los evitistas interpretaron que el tiro por elevación de Kirchner había sido contra HéctorMagnetto. Es que el diputado por Buenos Aires y ex presidente por Santa Cruz no apeló a loseufemismos aquella noche: “Queremos que la Justicia avance en la investigación de un procesode lavado de dinero donde está involucrado el señor Magnetto. Si les hubiéramos dado Telecom,estaría todo bien con nosotros”. Los muchachos, entre las banderas rojinegras y laiconografía setentista y ante el asentimiento de Néstor, corearon: “Se va a acabar, se va amorir, el monopolio de Clarín”. El grupo mediático sospecha que Kirchner se refirió a unadenuncia de Hernán Arbizu, “un banquero que se fugó rumbo a Nueva York con una lista desupuestos depositantes argentinos en el JP Morgan”.
El delicado y mortal tema del narcotráfico también está clavado en la columna vertebral de lasrelaciones comerciales entre el Gobierno, algunos gremios y los aportes a la campaña de Cristina.Un jerarca sindical socio del kirchnerismo como Juan José Zanola seguirá preso durante un tiempo;su horizonte es tormentoso a medida que se acerca 2011 y el matrimonio K va perdiendo parte de sucapacidad de presión. Los temores que esa situación despierta quedaron marcados en el trato de buencompañero y de “inocente hasta que se demuestre lo contrario” que le dio a Zanola sucolega Antonio Caló, líder de la UOM y uno de los hombres mas próximos a Néstor Kirchner.
Andrés Meiszner, titular del RENAR e integrante de la flamante agrupación Casa Peronista-AníbalFernández Conducción, en lugar de refugiarse en un escueto comunicado debería ofrecer unaconferencia de prensa y responder todos los interrogantes que surgen del permiso de portación paracasi un centenar de armas que en un momento tuvo Martín Lanatta. ¿A nadie le pareció extraño?¿Cuántas personas en la Argentina están autorizadas a portar tantas armas? ¿A qué se dedican? ¿Cómose ganan la vida? ¿Qué extraña relación hay entre los aportantes directos e indirectos al Frentepara la Victoria donde aparecen personajes como Martín Magallanes, el suicidado Ariel Vilán, elasesinado Sebastián Forza y Néstor Lorenzo, “el Yabrán de los medicamentos” segúnGraciela Ocaña.
Tiembla El Calafate cada vez que se especula hasta dónde puede salpicar la investigación si seconcreta el llamado a declaración indagatoria a Héctor Capaccioli y Sebastián Gramajo, tesorerosporteños del riñón político de Alberto Fernández. Quienes conocen la ausencia de culpa de losKirchner temen que ante la desesperación puedan tirar abajo del camión a Alberto yresponsabilizarlo de todos los males terrenales. Los más salvajes alientan esa posibilidadargumentando que se trata de un traidor como tantos. Los más racionales aseguran que una guerra decarpetas hasta hoy secretas dejaría al Gobierno colgado de un pincel.
El kirchnerismo está convencido de que no hizo las cosas mal. De que padeció y padece unacampaña de difamación de la “derecha mediática” y que por eso parte de los millones deciudadanos que los castigaron en las urnas votaron equivocadamente, creyendo algo que Néstor yCristina no son. En el máximo arrebato autocrítico suelen decir, otra vez, que no es malo lo quehicieron pero que, tal vez, fue malo cómo lo comunicaron. Por eso saltaron los tapones de EnriqueAlbistur, Miguel Núñez y Martín Granovsky y no los de los ministros que ejecutaron o pusieron lacara por las medidas tomadas. El ascenso a primera de Alfredo Scoccimarro y la incorporación apréstamo por dos años del joven y talentoso publicista Maximiliano López parecen haber parido losprimeros cambios. Cristina se muestra santa y republicana, administradora eficaz (en cada anuncioaclara que no se trata de la suerte ni del viento de cola, que todo es por su capacidad de gestión)y Néstor sigue ametrallando adversarios desde las tribunas partidarias. Cristina muestra su recibode sueldo y bromea con los periodistas. Dice que su sueldo limpio de 16 mil pesos “tampocoson 40 millones, un director de escuela de mi provincia gana más o menos eso, yo no cobro aguinaldoy hasta Kirchner, que está ahí y no hace nada, gana el doble”. La verborragia maníaca y lahiperpresencia a veces se convierte en una trampa para la Presidenta. El pudor de barrio indica que“no se debe contar plata delante de los pobres”. Además, estuvo a un paso de recordaren la memoria colectiva aquellas tristes declaraciones de Domingo Cavallo cuando dijo quenecesitaba 10 mil dólares por mes para vivir. No se trata de utilizar como argumento feroz adesocupados ni indigentes. No se trata de pedirle a Cristina un comportamiento demagógico, pero hoyla mitad de los argentinos que tienen la suerte de trabajar gana menos de 1.600 pesos. Tal vez conla entrega del comprobante salarial y el silencio hubiera salido mejor parada de la situación. Esbienvenida su teoría de que “los ruidos de las protestas y los conflictos sindicales ysociales son ruidos propios de la democracia y son mil veces preferibles a los silencios de lasdictaduras”. Para el trabajo y la mirada cuestionadora que está en el ADN del periodismocorren las mismas reglas. El ruido de un periodista investigando o criticando al poder tambiénnutre a la democracia más que las omisiones o el ocultamiento que suelen hacer los mediosparaoficiales.
Es positivo que la Presidenta se muestre en pleno ejercicio de su gobierno y que intenteextirpar de su discurso cualquier concepto agresivo. Divisón del trabajo. El rol de castigador delos enemigos queda reservado exclusivamente a Néstor. Ya sea para darle como en bolsa a ArturoValenzuela, “último pasajero del viaje al Obama peronista que hizo lo mismo queNéstor”, o para ordenar que a la cena de empresarios ni se les ocurra invitar a HéctorMéndez, Cristiano Rattazzi, Héctor Magnetto y demás “herejes”.
En el reparto de roles y cachetazos, a Hugo Moyano le toca atender al vicepresidente de laNación, Julio Cobos. En 24 horas lo comparó con la travesti Zulma Lobato y con un “chepibe” sin dignidad. Que alguien que navega hace mucho por los últimos puestos de la tabla deposiciones de la imagen positiva y a punto de irse al descenso junto a Guillermo Moreno sea elencargado de esmerilar a quien encabeza la intención de voto desde la 125 es una inexplicablecabriola que suma sólo restas.
Como si fuera poco, la Nochebuena trajo malas nuevas para los Kirchner. No porque el lanzamientode Eduardo Duhalde elimine de inmediato el alto nivel de rechazo que tienen los dos últimos expresidentes de la Nación. Pero polariza ferozmente la pelea en el peronismo en general y en elbonaerense en particular. Son dos pesos pesados que obligan al resto a tomar posiciones. Losgobernadores Mario Das Neves, Alberto Rodríguez Saá y Juan Manuel Urtubey van a despotricar conrazón, igual que Felipe Solá, contra esa urgencia de decir de qué lado están. Pero van a tener queexplicar a quién prefieren, más allá de que tal vez ninguno sea candidato a presidente. Laprincipal táctica de Duhalde (que pelotea su discurso con Eliseo Verón) es convocar a todos losargentinos a votar contra Néstor Kirchner en las internas abiertas y obligatorias de agosto de2011. “Yo me encargo de llevarme al loco porque yo lo traje, pero ustedes me tienen queayudar”, les dijo Duhalde a los intendentes que le prometieron apoyo más adelante, cuando noestén a tiro de la caja K. Néstor Kirchner tiene una astucia y una voluntad casi sin antecedentes.Su nuevo lema es “Ni me retiro ni me rindo. Nos quieren demonizar y proscribir”, y lespromete a los intendentes que si lo acompañan en 2011 “van a seguir profundizando elmodelo”. Este es, precisamente, el punto conflictivo que los barones del Conurbano no seatreven a decirle de frente a Néstor. Que el problema no es la política ni el modelo económico. Queel problema es él y el nivel de resistencia que su figura despertó en amplios sectores de lapoblación, que manifiestan su hartazgo y sus deseos de cambios.
Como se ve, no es nada navideño el espíritu que envuelve a la política de estas horas. Lasacusaciones, sobre todo dentro del peronismo, han puesto el listón más alto. No conformes condescalificaciones paraideológicas como gorilas, destituyentes, trostko-leninistas, fascistas ystalinistas, ahora se han potenciado las denuncias sobre mafias y narcotraficantes. Los expedientesjudiciales son cada vez más utilizados como armas arrojadizas y eso convierte a los jueces enángeles o demonios, según quién sea la víctima o el victimario. Son fuertes las versiones de queNorberto Oyarbide estuvo en Olivos y acordó garantizar tranquilidad al matrimonio, pero seguir latempestad contra Zanola y Ricardo Jaime. Fue una exageración de la ironía periodística premiar aNéstor Kirchner como “el empresario del año”, debido a que su genio financiero lepermitió aumentar en 158% su patrimonio sólo en 365 días, conseguir intereses inéditos para suscolocaciones a plazo fijo en dólares y en pesos o por el pago de alquileres en medio del tsunamifinanciero internacional. Y encima, en sus ratos libres ayudó a su esposa a gobernar el país. Esaactitud erosiona la credibilidad judicial hasta límites peligrosos. Ya se sabe por cuál ventanasale la política cuando entra por la puerta de los Tribunales. Muchos protagonistas centralestodavía no tienen delineado quiénes serán sus aliados, pero no tienen dudas acerca de quiénes son yserán sus enemigos.
Noche sin paz y sin amor, pero con un arbolito cargado de presentes griegos y de una enfermedaddemasiado argentina: sólo tenemos muy claro lo que no queremos. O lo que odiamos. La palabrapública se devaluó en el medio de la belicosidad y en cualquier encuesta seria puede verse cómorepercute en la caída de la imagen positiva de casi todos los referentes políticos, de la Justiciay de los medios de comunicación en general.
Una luz de alerta debería poner freno a tanto misil dialéctico y recordar que la tragedia de2001, entre otras cosas, puede explicarse como la ruptura de todos los contratos simbólicos derepresentación que llevaron directo a esa nefasta expresión del “que se vayantodos”.





