La escena es conocida y pertenece tanto a la vida real como al drama (que también es parte de lavida real): un grupo de jóvenes se subleva, la policía abre fuego, un joven muere de un balazo.Volvió a representarse el 6 de diciembre de 2008 en el barrio de Exarchia, en pleno corazón deAtenas. La muerte de Alexandros-Andreas Grigoropoulos (Alexis) incitó al grupo de teatro Motus, deRimini, a adentrarse en las muy vigiladas calles de Exarchia, donde la protesta continúa aún hoy ydonde la policía ha dispuesto un ghetto, para recoger testimonios de los protagonistas. He tenidola suerte de ver en Roma la tercera performance de una serie de cuatro: se llama Iovadovia(antigone)contest #3, con esa tendencia típicamente europea de disolver los títulos en una marañade caracteres, un poco para que el espectáculo no pueda ser llamado, sino vivido. Las versionesanteriores de este (antigone)contest llevan nombres similares: Let the sunhine in (antigone)contest#1 y Too late! (antigone)contest #2.
En Iovadovia (o “Yo me las tomo”) la performer Silvia Calderoni reinterpretafragmentos de Antígona que mezcla con sus impresiones, recogidas de testigos en Atenas. Uncompañero de escuela de Alexis, principal testigo contra el policía que disparó, ha decidido notestificar. Tiene miedo.
El espectáculo me gusta mucho, hay un perro ladrando como loco, que la sigue como una eriniaeducada y saltarina, pero no es de eso que quiero hablar. El modo en que se dramatiza lo real esmuy distinto en Europa y en Latinoamérica, o –para decirlo según una hipótesis cuestionable ysabatina– en sociedades viejas y en sociedades jóvenes.
Europa se nutre de una cosa que los precede de antes de que su mundo fuera como es ahora: losclásicos. Estos no son estables, son retraducciones actuales de manuscritos griegos, romanos,bárbaros. El diario La Repubblica de hoy publica en Internet unos poemas semibabilónicos que unestudioso británico ha restituido en su sorprendente oralidad: esto es, un recitado en base a unaspiedras llenas de cuñas, en una fonética que –suponen– es la de Nínive. La sombra delclásico de piedra, como un ídolo sempiterno, vigila Europa. Su discurso no se comprende, pero sepronuncia. Es esta “ambigüedad de propósito” del clásico la que permite que vuelva aser parasitado una y otra vez por la sociedad actual.
Las sociedades jóvenes, en cambio, no mantienen este vínculo de obediencia con esos clásicosque le pertenecen al otro continente. Las valoran, a lo sumo, como objetos de visita, comosantuarios de piedra para las fotos pero, en general, hay una ausencia de miradas pétreas por sobrelos hombros de los artistas. Si se quisiera hacer una obra sobre Alexis, simplemente se haría. Nonecesitaríamos la coartada de Antígona: la joven que se rebela contra el poder, contra la ciudad,para cumplir con el mandato de su ética individual, de su Razón. Las obras europeas que he vistotienden a no crear los nuevos mitos, y parecen querer encontrar profundidad aludiendo a las raícesde aquello que los precede.
Nuestra misión local parece ser la de producir los nuevos mitos. Como dice mi maestro Kartun,cada obra es en realidad un mito en miniatura.
Yo, que vivo saludablemente a dos aguas, observo con dolor las patologías de ambas. El tributo aun mito que la cultura ya ha aceptado y validado puede generar la contradicción insoluble dearremeter contra esa misma cultura pero sin dejar de rendirle obediente pleitesía. La falta deanclaje en suelo firme y ya pisado, en cambio, puede ofrecernos originalidad, pero, en el peor delos casos, también mucha superficialidad. ¿Cuántos de estos pomposos modestos nuevos mitossobrevivirán al tiempo, ahora que no quedan grabados en piedra sino en disquetes de 5¼, en DVDs quese borran a los cinco años, en memorias frágiles que no sólo los resisten sino que además losolvidan con la misma facilidad que las noticias del periódico? Ayer leía en un diario en Frankfurtque el primer ministro griego afirmaba que Grecia saldría de la crisis como un mercado de spa ybienestar para el turismo. ¿Y Alexis? ¿Quién lo recordaría hoy si no hubiera gente como la de Motusque –en vez de hacer noticia de él– pretenden hacer mito?
La revuelta de estudiantes continúa en Atenas. Y en Buenos Aires. Ojalá Antígona no serepresente en nuestras calles. Ojalá se entienda, de una vez por todas, que lo que los alumnospiden es algo que se les debe: un plan de obras. ¡Un plan! ¡Un boceto de futuro! Algo que elGobierno parece incapaz de ofrecer, maquillando esta incapacidad tras patéticas excusas.




