La interpretación que prevalece en nuestro país sobre el origen de la crisis global, losmecanismos para su solución y la causa de nuestra crisis estanflacionaria es totalmente equivocada.Si nuestra dirigencia no lo comprende, aun cuando la mayoría de la naciones encuentre una salida yvuelvan a crecer sostenidamente, nosotros seguiremos enredados en una crisis local mucho más graveque la que ya nos aqueja y estaremos cada vez más aislados del mundo.
La interpretación que prevalece en Argentina. Los economistas que dan apoyatura intelectual alas políticas de los Kirchner, así como los empresarios que bregaron por la pesificación condevaluación para licuar sus pasivos en 2002, entienden que la crisis global, iniciada en EE.UU. enagosto de 2007 demuestra el fracaso de la economía de mercado abierta al comercio y al movimientode capitales, sin suficiente intervención de los Estados nacionales para proteger la produccióninterna de bienes y servicios. Sostienen que este fracaso quedó demostrado cuando entraron encrisis las políticas de los 90 en Argentina, entre 1999 y 2002.
Entienden que la solución es la que se aplicó en Argentina desde 2002, es decir laimplementación de lo que denominan el “modelo productivo”, para contraponerlo al“modelo neoliberal”, al que caracterizan como la prevalencia de los intereses delsector financiero y de los exportadores e importadores sobre los intereses de los que producenbienes y servicios para el mercado interno.
Y atribuyen la crisis de la economía argentina al impacto negativo de la crisis global sobrenuestro país que, de otra manera, habría continuado creciendo, según ellos, al ritmo que lo hizoentre 2003 y los tres primeros trimestres de 2008.
Si ésta fuera la interpretación sólo de los Kirchner y sus seguidores, se podría sostener quese trata de una lectura oportunista de la realidad frente a la necesidad de llevar adelante unacampaña electoral que se presenta difícil para el oficialismo.
Pero muchos de los dirigentes y economistas que habiendo apoyado a Néstor Kirchner duranteuna buena parte de su mandato se han distanciado de él desde su ruptura con Duhalde algunos, desdela salida de Lavagna del Gobierno otros, o desde la aparición del conflicto con el campo los más,parecen tener la misma interpretación que los Kirchner, al menos respecto de lo que significa lacrisis global y cuál es su solución.
Sólo se diferencian de los Kirchner por las causas de la crisis que sufre ahora la Argentina.
Sostienen que antes que el impacto negativo de la crisis global, son más responsables loserrores de los Kirchner al dejar atrasar el tipo de cambio desde fines de 2006 en adelante.
La interpretación que prevalece en el mundo. Aunque hay interpretaciones diversas, en el mundoprevalece la opinión de que la crisis global tiene su origen en la subestimación del riesgoasociado a inversiones inmobiliarias y de otro tipo en economías en las que abundó la liquidez y eloptimismo, principalmente, pero no exclusivamente, en los Estados Unidos. Algo parecido ocurrió enEspaña, Inglaterra, Irlanda y los países de Europa oriental.
El exceso de liquidez y el optimismo exagerado no se debió a la falta de intervención de losEstados nacionales sobre la economía, sino a la ausencia de mecanismos de coordinación ysupervisión global de las intervenciones estatales nacionales que, tanto en países superavitarioscomo deficitarios, contribuyó por igual al desbalance global de la última década.
Los excesos de liquidez en las economías que pudieron sostener por muchos años fuertesdéficits en las cuentas corrientes de sus balanzas de pagos, tuvieron que ver con políticasmonetarias expansivas de sus bancos centrales y con las intervenciones de los Estados de muchaseconomías emergentes que, para evitar la repetición de crisis financieras que las habían afectadoen el pasado, siguieron políticas mercantilistas para generar fuerte superávits en las cuentascorrientes de sus balances de pagos. Precisamente, como lo hiciera Argentina desde 2002 enadelante.
Por consiguiente, si ésta es la interpretación más aceptada sobre el origen de la crisisglobal, es inimaginable que la solución se consiga con una generalización de las políticasmercantilistas como las que pregonan en Argentina los promotores del “modeloproductivo”. Por el contrario, en la reunión del G-20 en Londres, se puso énfasis en elcompromiso de evitar el proteccionismo y en la necesidad de dar crédito a las economías emergentespara que puedan aplicar políticas expansivas de su demanda interna y no se vean obligadas a generarsuperávits en la cuenta corriente de su balanza de pagos.
Esta estrategia para sacar al mundo de la crisis global va a determinar que el consumo y lainversión aumenten en las economías emergentes que tienen muchas reservas y conservan buen créditopúblico, como China, India, Brasil, México y la misma Rusia. Los EE.UU. serán los primerosinteresados en que esto ocurra, porque necesitan que alguien compense la caída del consumo y lainversión que sufren y que, si bien podrá atenuarse con las medidas monetarias y fiscales que estáaplicando el gobierno de Obama, no se puede revertir totalmente, porque la tasa de ahorro de lasfamilias norteamericanas debe necesariamente aumentar.
En este contexto no debería esperarse un impacto demasiado negativo de la crisis global sobrela economía argentina, porque nuestros principales productos de exportación tienen precisamentecomo mercados estas economías emergentes y sus precios no deberían bajar mucho más de lo ya hanbajado. Además, tienen todavía precios que son casi el doble de los que se conseguían en la décadade los 90. ¿Por qué entonces hay más pesimismo que en la mayor parte de las economías emergentes?
La razón es simple. Mientras las economías emergentes, especialmente las que acabo demencionar, cuentan con un elevado nivel de reservas y muy buen crédito público, nuestra economíaapenas tiene reservas para respaldar los pasivos monetarios del Banco Central y el crédito públicoestá más deteriorado que nunca. Además, nuestra economía sufre una inflación persistente y estácomenzando a aparecer un déficit fiscal que sólo podrá ser financiado con emisión monetaria.
Y los sectores más productivos están agobiados por impuestos distorsivos que desalientan laproducción y la inversión. En otras palabras, nuestros problemas no se originan en la crisis globalsino que son fruto de nuestra propia torpeza.
Debemos advertir el error y reinsertarnos en el mundo. Para salir de esta trampa en la que hemoscaído por errores de diagnóstico y la tendencia a culpar a otros de nuestros males, debemos cambiarde actitud frente al mundo. Cumplir con los compromisos asumidos en las reuniones del G-20 y dejarde encerrar a nuestra economía con medidas proteccionistas de viejo cuño que nos malquistan connuestros vecinos y nos alejarán de China, nuevo actor del escenario mundial.
Debemos aprovechar los mecanismos que están poniendo en marcha las instituciones financierasinternacionales para reconstruir el crédito público.
No será imposible, siempre y cuando estemos dispuestos a dejar de mentir con nuestrasestadísticas y demostremos voluntad de encontrar soluciones mediante el diálogo y la negociacióncon los acreedores que aún sufren nuestro default de la deuda: los países nucleados en el Club deParís y los tenedores de bonos que no se presentaron al canje.
La recuperación del crédito público, en particular el de los organismos, permitirá que eldéficit fiscal, sobre todo el que surja de la eliminación de los impuesto distorsivos, no agravelas presiones inflacionarias que surgen de los inevitables ajustes de precios y tarifas antescongelados.
Apenas termine el proceso electoral, cualquiera sea su resultado, el Gobierno debe revisarcon sensatez la estrategia seguida desde 2002.
Esperar hasta diciembre de 2011, cuando seguramente asumirá un nuevo gobierno, significaráuna tragedia, porque si no encontramos una salida a la trampa estanflacionaria, las consecuenciassociales en los próximos dos años y medio serán muy dolorosas. Argentina no puede seguir desafiandoal mundo con arrogancia, restringiendo las importaciones con medidas proteccionistas y desalentandola inversión y la producción de alimentos y energía.
Estos son los dos rubros en los que nuestros valiosos recursos naturales nos ofrecenoportunidades extraordinarias de generación de ingresos y riqueza y nos permiten contribuir aresolver la crisis alimentaria y energética global que, lejos de haber desaparecido, se acentuarácuando se hayan superado los problemas financieros que hoy agobian al mundo.
Nuestros dirigentes deberían prestar atención a lo que opinan los presidentes de Brasil,Uruguay, Chile, Perú y Colombia. Acabo de participar en Washington en muchas reuniones en las quepensadores de todas las latitudes aportan ideas para resolver la crisis global.
En ninguna he escuchado opiniones positivas sobre el discurso oficial de la Argentina, encontraste con la simpatía que despierta entre gente de distintas posiciones ideológicas, peroobsesionada por encontrar soluciones, la posición de los países hermanos que he mencionado.
En nada nos ayuda identificarnos con la Venezuela de Chávez y la Cuba de Fidel.
La mayoría de los dirigentes políticos y económicos del mundo identifica los regímenes deestos países como resabios de un pasado al que nadie quiere volver.




