Los resultados de la elección legislativa del 28 de junio fueron un golpe duro para el gobiernode Cristina Fernández de Kirchner. El mensaje no ha podido ser más claro: la ciudadanía desapruebael rumbo actual de la política del Gobierno. Finalmente, y tras un silencio de varios días, laseñora presidenta pronunció un breve discurso transmitido por la cadena nacional de radiodifusión,que sin duda sorprendió tanto a la clase política como a la opinión pública: sin admitir la derrotadel kirchnerismo, la Presidenta retomó la iniciativa. Subrayó la necesidad de definir prioridades yllamó a todas las fuerzas políticas a colaborar con el Gobierno. El tema más urgente, dijo, es lasituación social, y en la medida en que evaluó aproximadamente en más del 35% el número de familiasargentinas por debajo del umbral de la pobreza, desestimó implícitamente los datos del INDEC.Anunció la creación de lo que llamó un salario mínimo universal, a cuya primera etapa sedestinarían de inmediato 600 millones de pesos, para hacer frente a los casos de mayor urgencia, yexpresó su voluntad de enviar a la nueva Legislatura, como corresponde, un proyecto mucho másambicioso que debería entrar en vigencia el 1º de enero de 2010. La segunda sorpresa fue queCristina Kirchner calificó de “rumores infundados” la información relativa al envío alCongreso del proyecto de Ley de Radiodifusión. Recordando sus propias palabras del año pasado,según las cuales “apenas hacen un minuto de televisión, dos horas de radio o alguna página dediario, que al otro día ya nadie se acuerda”, desestimó la importancia del tema en estemomento y enfatizó el peso de la voluntad política por sobre la mala voluntad de los grandes gruposde comunicación porque, subrayó, “los argentinos saben lo que está pasando”.]
Sí: el texto entre corchetes (que podría haber sido una crónica aparecida en algún diario, díasdespués de las últimas elecciones legislativas) es en verdad un relato, seguramente ingenuo, depolítica-ficción. Lo único verídico es la última cita sobre los medios, tomada de un discurso de laseñora presidenta. ¿Esta fantasía podría haber sido real? Sí. ¿Era políticamente sustentable? Sí.¿Hubiese generado una crisis del Gobierno? No. Por el contrario: habría reforzado con vigor sulegitimidad, descolocando a la oposición. En el mejor de los casos, hubiese abierto la puerta a unaposible concertación de las fuerzas políticas sobre prioridades de gobierno, iniciando una lentanormalización de la situación.
Pero los sueños son sueños. Nada de eso ocurrió y los 600 millones de pesos fueron usados parapagar a la AFA y a los clubes la televisación de los partidos hasta fin de este año, con un gastoprevisto de 6 mil millones en los próximos diez: habrá cada vez más familias pobres en laArgentina, pero podrán ver gratis los partidos de fútbol, financiados por los ciudadanos quepagamos impuestos. Curiosa manera de concebir los mecanismos de redistribución del ingreso. Y elcontrol de ese discurso de los medios, del que al otro día ya nadie se acuerda –según laapreciación de la señora presidenta en mayo del año pasado– se transformó en la primeraprioridad de la política nacional. ¿Qué está pasando? No es fácil responder a esta pregunta, peropara hacerlo es necesario en todo caso desplegar las lecturas del penoso proceso político encurso.
1. Si juzgamos a los presidentes por sus comportamientos y sus decisiones, sepodría concluir que existe una profunda diferencia entre Néstor y Cristina Kirchner en cuanto a laconcepción de la función y la importancia de los medios de comunicación. Mientras Néstor Kirchnerprácticamente no manifestó durante su mandato ninguna estrategia particular en el uso de los medios(a diferencia, por ejemplo, de sus coetáneos Chávez y Lula), Cristina Fernández multiplica losdiscursos transmitidos por la cadena nacional y parece aplicar, en sus apariciones televisivas,algunas reglas bastante precisas. (Hay investigaciones en curso acerca de esta cuestión, que seránpresentadas durante un coloquio sobre “Las transformaciones de la mediatizaciónpresidencial”, que tendrá lugar la semana próxima en el pueblo de Japaratinga, en el nordestedel Brasil, organizado por el Ciseco, Centro Internacional de Semiótica y Comunicación. Como elautor de estas líneas asistirá a dicho encuentro internacional, se compromete con el lector atenerlo informado sobre el tema.)
Siendo presidente, Néstor Kirchner aprobó la fusión de Multicanal y Cablevisión (mientras que elgobierno de Cristina está haciendo lo imposible por anularla) y renovó las licencias sin plantearel más mínimo problema. En suma: los recursos políticos invertidos actualmente en el combate contrael Grupo Clarín parecen indicar que la señora presidenta atribuye a los medios una enormeinfluencia sobre la sociedad, considera que constituyen un instrumento fundamental en el ejerciciodel poder y busca aplicar ciertos criterios al empleo de dicho poder en la comunicación política.Tal vez haya logrado que su marido comparta este punto de vista, sobre todo si pudo convencerlo deque la actitud marcadamente crítica de los medios más importantes hacia su gobierno fue la causaprincipal de la derrota del 28 de junio.
Cristina Kirchner expresó claramente esta concepción sobre el poder de los medios en su discursodel 27 de agosto, cuando anunció el envío del proyecto de ley al Congreso. Aludiendo a lasacusaciones hechas al kirchnerismo sobre el abuso de “superpoderes”, la señorapresidenta subrayó que “mientras hablaban de los superpoderes, en realidad había unsuprapoder en la República Argentina, un suprapoder, suprapoderes [sic], lo que significa que porsobre los poderes instituidos por la Constitución, del Ejecutivo, del Legislativo y del Judicial,hay otros poderes, sutiles y no tanto, que tienen la suficiente fuerza para imponer y arrancardecisiones en cualquiera de los tres poderes a partir de la presión. Por eso, conceptos comolibertad de expresión, como libertad de prensa, como derecho a la información, deben ser concebidose interpretados en su correcta dimensión. Porque libertad de expresión no puede convertirse enlibertad de extorsión. Porque libertad de prensa no puede ser confundida con la libertad de lospropietarios de la prensa”. Se trata, como puede verse, de la vieja teoría del “cuartopoder” en una versión extrema, que al parecer algunos intelectuales consideran“progresista”.
En la conferencia de prensa del 14 de setiembre, ante la pregunta obvia acerca de por qué“hace dos años se aprobó la fusión entre Multicanal y Cablevisión, y hace muy pocos días nosenteramos de una noticia exactamente en contrario de esta primera decisión”, CristinaKirchner, esforzándose explícitamente en diferenciarse de su marido, replicó que “eso habríaque preguntárselo al anterior presidente” y recordó una respuesta dada minutos antes, acercade que “en la República Argentina la presidenta es Cristina Fernández de Kirchner”.
2. Del proceso político actual se puede tener una visión un poco distinta, que losobservadores más cínicos considerarán probablemente como la única interpretación válida: en elfondo, la lucha encarnizada por una nueva ley de medios es un enorme esfuerzo de reacomodamiento yde recuperación de poder por parte del Gobierno, destinado a despojar de ciertos negociosmediáticos a los enemigos para dárselos a los amigos, aprovechando la liberación de numerosaslicencias de explotación. Desde este punto de vista, la supuesta búsqueda de“pluralismo” y “diversidad” se transforma en su contrario: una maniobra deconcentración del poder, esta vez en el campo de los medios. Dadas las características delejercicio del gobierno en estos seis años de kirchnerismo nacional, esta lectura no parecedescabellada.
Se la puede reforzar si se subraya que la coyuntura actual, provocada por el Gobierno, exhibeuna propiedad característica de su metodología: el fondo es pura forma. La substancia ideológica esuna suerte de atractor destinado a generar ruido, a movilizar a su alrededor lo esencial de laenergía del campo político, facilitando así el objetivo táctico, que sólo tiene que ver con lamaximización del poder del Ejecutivo. Y esta modalidad parece, sí, compartida por ambos miembros dela pareja presidencial. De los tres tercios en que se diferenciará, según la ley, la explotacióndel sector de los medios, el tercio público podrá ser por definición controlado por el Ejecutivo; alos componentes del tercio privado sin fines de lucro (comunidades, entidades no gubernamentales,sindicatos, etc.) difícilmente se los puede imaginar adoptando actitudes de crítica hacia ungobierno que les ha otorgado la explotación de ciertos medios, y la liberación de numerosaslicencias permitirá colocar en el tercer tercio, comercial privado, a buen número de aliadosactuales y potenciales del kirchnerismo.
Todo discurso es sintomático y el de Cristina Kirchner no escapa a esta regla. El carácterpuramente formal de las tomas de posición ideológicas se transparenta a veces en la comunicación dela propia señora presidenta. Un caso es el tema de los derechos humanos, muletilla del Gobierno,que termina siendo usada en los más diversos contextos. Valga como ejemplo aquella curiosacomparación, a propósito de las decisiones tomadas sobre la televisación del fútbol, entre elsecuestro de los goles y el secuestro de personas desaparecidas durante el Proceso. Estatransmigración conceptual reapareció en el discurso del 27 de agosto a propósito de la Ley deMedios, proyecto, dijo Cristina Kirchner, que “es de todos los que queremos vivir en unaArgentina más democrática y más plural (…) no es de este gobierno, no es de un partidopolítico, es de la sociedad, es también en nombre de los 118 periodistas detenidos desaparecidosdurante la dictadura, que con su vida dieron testimonio de lo que es el verdadero ejercicio de lalibertad de prensa”. Extraño paralelo. Porque si de algo hay allí un testimonio, no es delejercicio de la libertad de prensa, sino de lo que ocurre cuando se la anula radicalmente. Sólocabe esperar que no necesitemos tener en el futuro la experiencia de esos casos extremos paradecidirnos a defenderla.
3. Hay una tercera lectura que se focalizaría precisamente en la sustanciaideológica del proyecto. Una nueva ley de medios es necesaria; se deben definir controles paraevitar una concentración indebida de recursos en el campo de los medios; es necesario garantizar elpluralismo de las opiniones y la diversidad de sus expresiones. Considerados en sí mismos, nadiepuede estar en desacuerdo con estos principios, que son la base de las legislaciones quereglamentan el campo de los medios de comunicación en la mayoría de los países“centrales” y particularmente en los países de la Unión Europea, cuya legislación fueampliamente utilizada por los redactores de la ley aprobada en la Cámara de Diputados. Pero es ungrave error olvidar que las consecuencias de la aplicación de una ley no pueden ser evaluadas sintomar en cuenta la cultura política del país en que se la discute y las metodologías que seejercitan desde el Ejecutivo. Los ataques repetidos y explícitos al Grupo Clarín provenientes deloficialismo y las consecuencias objetivas de la recomposición de las licencias si la ley esaplicada vuelven inconsistentes las declaraciones de la señora presidenta, según las cuales elproyecto es para todos y no contra un enemigo en particular.
De lo que se trataba era de asegurar las condiciones para que una discusión técnicamenteadecuada y sin apresuramientos pudiese tener lugar en el espacio público. Todo indica que esascondiciones no han sido reunidas, y que, en consecuencia, las dos primeras lecturas de la situaciónparecen bastante razonables. Tanto más cuanto que la nueva Ley de Medios se convierte en un caso denecesidad y urgencia después de una derrota electoral.
Lo que hay que entender es que estas tres lecturas se adicionan, y que el proceso político encurso (como todo proceso político-social) es multidimensional. Focalizarse en los contenidosideológicos del proyecto, descuidando las otras dimensiones (todas las intervenciones de la señorapresidenta han estado destinadas a empujar en esa dirección) es precisamente caer en la trampa dela metodología kirchnerista. Ese parece ser el caso de los socialistas –si hacemos de suactitud la evaluación más benévola posible, a saber: que han sido políticamente ingenuos.
Hay aquí otro aspecto curioso de la situación. La obsesión por la capacidad extorsiva del“cuarto poder” de los medios ha sido, históricamente, una característica de la derechay no de la izquierda “progresista” democrática. En Europa, los gobiernos socialistasnunca se preocuparon particularmente por las críticas provenientes de los medios ni tampocointentaron promulgar leyes destinadas a reforzar el control sobre ellos. Fueron los socialistasquienes iniciaron en Francia el proceso de privatización de la televisión pública, respetandosiempre la autonomía del CSA, el Consejo Superior del Audiovisual, autoridad de aplicación de lasleyes sobre la radio y la televisión: aspectos diferenciales de la cultura política. Hoy en día esla derecha la que en Francia intenta acentuar su control sobre los medios audiovisuales: Sarkozy haconseguido modificar la reglamentación, haciendo que sea el Poder Ejecutivo el que nombra alpresidente de la televisión pública, eludiendo así la autoridad del CSA y provocando unaconsiderable polémica. De la hipótesis sobre el poder extorsivo de los medios de información, siguela imperiosa necesidad de controlarlos al máximo, ampliando de paso, por qué no, los buenosnegocios de los amigos. La misma configuración de actitudes y motivos parece estar operando enEcuador y en Venezuela. No sé si Dios los cría, pero está claro que ellos inmediatamente sejuntan.
En todo caso, y aunque hacer pronósticos políticos es siempre arriesgado, me inclino a coincidircon algunos comentarios de los últimos días: esta operación apresurada de aprobación de la nuevaLey de Medios agrava la fragilidad del gobierno de Cristina Kirchner y el Ejecutivo llegará a lasituación de la nueva Legislatura más debilitado que si dicha operación no hubiese existido. Y comono creo, personalmente, en el desmesurado poder que la señora presidenta atribuye a los medios,estoy convencido de que, aun cuando el Gobierno consiga con esta nueva ley reforzar su controlsobre ellos, esto no significará ninguna garantía de preservación del poder kirchnerista.
Para decirlo brutalmente: un gobierno “controla” a los grandes grupos decomunicación cuando los sabe utilizar, no cuando buscar destruirlos; con persuasión, con autoridadmoral y con una buena estrategia de comunicación.
Si no, pregúntenle a la Rede Globo.




