•EMBAJADORES EN EL MUNDO

Nuevos tangos testimoniales

Dijo Ernesto Sabato: “Los millones de inmigrantes que se precipitaron sobre este país en menos de cien años no sólo engendraron esos dos atributos del nuevo argentino, que son el resentimiento y la tristeza, sino que prepararon el advenimiento del fenómeno más original del Plata: el tango”.

24-08-2026 | 01:26

Dijo Ernesto Sabato: “Los millones de inmigrantes que se precipitaron sobre este país enmenos de cien años no sólo engendraron esos dos atributos del nuevo argentino, que son elresentimiento y la tristeza, sino que prepararon el advenimiento del fenómeno más original delPlata: el tango”. Ese “fenómeno” nos hizo reconocidos en el mundo, luego de queEnrique Saborido llevara a la Fragata Sarmiento, a poco de partir en 1906, uno de los primerostangos: La Morocha, que escribiera con Angel Villoldo y que fuera así “lanzado a los cuatrovientos”. El tango y la inmigración de principios de siglo le abrieron cauce al argentino quesomos hoy y esa música y sus letras se convirtieron en nuestros mejores representantes. En micondición de periodista, hijo de inmigrantes, fui como otros tantos colegas, receptor del acontecerde la segunda mitad del siglo XX. Obviamente, fui adicto al tango, que muchas veces selló miscrónicas políticas e inspiró algunas de mis letras. Puedo mencionar: Milonga pal presidente y LaRosada, escritos con Eladia Blázquez, que les puso música y los interpretó, y Lo que habrá visto DiSandro, con música de mi colega de La Prensa José María Coria, que cantó Jorge Vidal, dedicado aRoberto Di Sandro, un periodista que desde hace más de sesenta años cubre la información de la Casade Gobierno.

El tango tuvo su veta social y política, basta citar algunos: Cambalache y Yira, yira, deDiscépolo; Al mundo le falta un tornillo, de Cadícamo; Dios te salve, m’hijo, de Acosta; o El45, de María Elena Walsh. Mis crónicas tangueras, escritas en la Olivetti que el gobierno de ArturoFrondizi hizo instalar en 1958 en la sala de periodistas de la Casa de Gobierno, pretende ahoracolocar a ilustres argentinos, herederos de la inmigración como grandes embajadores del país, juntoal tango.Así, surgió una letra nada menos que para quien escribió todas las letras: EnriqueCadícamo, con el inestimable aporte musical de Atilio Stampone; Cadícamo inmortalizó la nostalgiaargentina y creó el “himno” al desarraigo con Anclao en París, cantada tanto por losbohemios del 30 como por los emigrados de siempre. Juan Manuel Fangio, rey en las curvas y en lasrectas, fue otro de nuestros embajadores en el mundo, a partir de haber cruzado los Andes en suChevrolet, llegando a Caracas, y ser cinco veces campeón del mundo, en épocas de gran florecimientode la mecánica automotriz. No necesitó entonces los imponentes trajes protectores de los pilotos dehoy: le bastaba su camisa de mangas cortas. René Favaloro fue un tango en sí mismo: nacido en elbarrio El Mondongo, de La Plata, fue médico rural en Jacinto Arauz, inventor del bye pass parasortear los riesgos coronarios, maestro del bisturí y de la decencia. No se le puede negar lacondición de embajador argentino a Maradona. En el lugar más remoto del mundo se podía constatarque Diego era sinónimo de Argentina. Edmundo Rivero, en la segunda mitad del siglo XX, se pasó lasnoches cantando al sur, ante la mirada absorta del turismo venido del mundo para recalar en elViejo Almacén, donde esa voz total entusiasmó tanto a jeques árabes como al rey de España o adelegaciones japonesas. El bandoneón arrollador de Astor Piazzolla reinstaló el tango y loincorporó a las orquestas de cámara del mundo. Jorge Luis Borges no sólo escribió los mejoresversos sobre el tango –“esa ráfaga, el tango, esa diablura/ los atareados añosdesafía”–, lo llevó al mundo creando el mito del coraje y del cuchillo. En mis tangostestimoniales, no están todos los grandes contemporáneos de la segunda mitad del siglo XX, pero delos mencionados no sobra ninguno. Finalmente, también hago una referencia a la ciudad del tango:“Cuando Gardel le cantó/ al Buenos Aires querido/ el tango fue en esa voz/ el cariñosolatido/ del porteño corazón. En Boedo o Puerto Madero,/ el tango es un sentimiento/ una llama queestá ardiendo/ en la ciudad que lo alzó/ del arrabal al Colón”.


*Periodista y escritor. Autor de las letras del CD Buenos Aires Tango Siglo XX.

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