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Obama y la cruda realidad

La reunión entre Obama y Netanyahu dejó algunas dudas sobre el proceso de paz. Israel sigue sin dar respuestas concretas. El rol de Siria en las negociaciones.

Obama y la cruda realidad
24-08-2026 | 14:58

El 6 de julio, Barack Obama y el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, se reunieron enWashington para abocarse principalmente a las conversaciones de paz entre los líderes palestinos ylos israelíes. Al día siguiente, ante exponentes de la comunidad judía norteamericana, Netanyahuaseguró que las reuniones palestino-israelíes comenzarán “muy pronto”, pero deinmediato advirtió que serán “muy, muy difíciles”. Antes de volar rumbo a los EstadosUnidos, el premier israelí debatió en el seno de su gabinete acerca de su convicción de que habíallegado el momento en el que el presidente palestino Mahmoud Abbas se encontrara directamente conlos más altos funcionarios del gobierno de Israel, ya que esta era la única manera de avanzar haciala paz. El 8 de julio, 15 mil peregrinos procedentes de diversos lugares de Israel, encabezados porlos padres del soldado Gilad Shalit –cautivo del movimiento islámico de resistencia Hamasdesde hace cuatro años–, se estacionaron frente a la residencia de Netanyahu exigiéndole unacuerdo de intercambio de cautivos. El lema de los manifestantes fue: “Netanyahu: Giladtambién es tu prisionero”. La laberíntica situación en Medio Oriente hace que, una y otravez, la política exterior para la región de Obama y su dinámica se lleven por delante a larealidad. Se conoce que el tiempo es un recurso escaso y no renovable; un rasgo de sabiduríaconsiste en saber cuándo es inexorable ofrendar una preciada ración con forma de paciencia.

Esta columna aludió hace unos meses al conocido y añejo adagio: un proceso de paz duradero enMedio Oriente “pasa por Damasco”. Su presidente, Bashar al-Assad (quien visitóArgentina recientemente) ha distinguido la diferencia que existe entre la firma de un tratado depaz y la existencia de una paz sustentable. En nuestro país hizo declaraciones que vale la penatraer a colación, no por novedosas sino por significativas. “¿Por qué los palestinos tienenque pagar el precio de lo que ha ocurrido en esa guerra?”, se preguntó, refiriéndose alHolocausto y a la Segunda Guerra Mundial. Y añadió: “Desde 2003 hasta ahora, más de un millóny medio de iraquíes fueron asesinados. Ahora mismo, más de un millón y medio de palestinos estánsufriendo bajo un bloqueo en Gaza y están muriendo poco a poco. ¿Esto no es un holocausto?”.En otro momento, puntualizó: “La relación (de Washington) con Siria incluía el regreso de unembajador norteamericano, pero eso no ha avanzado. Tampoco ha cambiado la situación en Irak.Afganistán está peor que antes. Ellos no son capaces de administrar un proceso de paz”. Si esverdad que la paz –y no la simple firma de un tratado– pasa por Damasco, entoncestambién es cierta la afirmación de Bibi Netanyahu acerca de que las conversaciones serán“muy, muy difíciles”. Tanto en Israel –por ciertas razones– como en Siria–por las opuestas–, la política para la región que ideó Obama todavía no ha decolado.Assad no sólo está decepcionado con el gobierno israelí (“extremista” es elcalificativo que le asesta) sino también con el pueblo que lo votó.

En los Estados Unidos, la convicción de que es una opción realista integrar a Siria dentro de unorden pro-norteamericano en Oriente Medio tiene perseverantes adherentes, pero también tenacesdetractores. Los que militan dentro del primer grupo sostienen que Siria es un “jugadorvital” en Oriente Medio, para usar las palabras del periodista George Baghdadi. Damascoinfluye sobre los hechos que transcurren en El Líbano, es un aliado cercano a Irán, comparte unafrontera crucial con Irak y tiene relaciones directas con grupos como Hamas o la organizaciónislamista Hezbollah, cuyo máximo líder, Hassan Nasrallah, fue huésped no hace mucho del presidentesirio al-Assad y del iraní Mahmoud Ahmadinejad, en una cumbre realizada en Damasco.

Sobre la mano contraria de la avenida milita Tony Badran, un especialista en Medio Oriente quetrabaja para el Centro de Investigaciones sobre Terrorismo de la Fundación para la Defensa de lasDemocracias (FDD), con sede en Washington. Dice que Bashar al-Assad ha mantenido la posición clavede su país en la política de Medio Oriente “aspirando” el proceso de paz y regresando alas artes militares por otros medios. Siria es un país débil, se explica, incapaz de enfrentar elpoder de Israel y la penetración norteamericana en la región; en consecuencia, urdió una alianzarealista y defensiva con Irán y con actores no estatales como Hamas y Hezbollah, tanto para evitarel aislamiento cuanto para acumular activos con los que presionar a Israel y a los Estados Unidos asentarse en una mesa para recobrar los Altos del Golán. En consecuencia, frustrará cualquieracuerdo regional que ignore sus intereses.

Los partidarios de las negociaciones con Siria no son fáciles de arrear. En el curso deltestimonio que brindara en abril Jeffrey Feltamn, secretario asistente de Estado para los asuntosde Oriente Próximo, frente al Subcomité de la Cámara de Representantes norteamericana, lacongresista por California Dana Rohrbacher le preguntó qué es lo que hace falta para convertir aSiria en un país árabe moderado, “como Jordania o Egipto”. Implícitamente, hizo alusióna los acuerdos de Camp David, firmados por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primerministro israelí Menachem Begin el 17 de septiembre de 1978, con la mediación del presidente de losEstados Unidos Jimmy Carter, mediante los cuales Egipto e Israel firmaron la paz zanjando susconflictos territoriales. Los Badran’s boys responden que es archisabido que desde Assadpadre (Hafez al-Assad, presidente de Siria desde 1970 hasta su muerte en 2000) existe la decisiónde “confrontar con el mundo de Camp David”.
El indisputable atractivo de Siria como “zona buffer” (amortiguador) hace que lasactuales autoridades norteamericanas no cesen de enviar emisarios de todo tipo, incluido FredericHof, un experto en resolución de conflictos, quien no hace mucho se reunió con el Waleed Mouallem,ministro sirio de Relaciones Exteriores. Cuando la prensa se intrigó respecto de los detalles delencuentro, las fuentes se negaron a entrar en especificidades. Tony Badran rabió.
Hay que ver qué harán los Estados Unidos frente a expresiones que cuestionan su influenciaglobal. El dilema bascula entre el precio del deseo y la oportunidad de la resignación.

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