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Obama y su “smart power”

El politólogo estadounidense Joseph Nye de la Universidad de Harvard, en un artículo publicado en noviembre de 2005 titulado “La cultura vence a los misiles”, explicaba la diferencia entre lo que llama el poder suave o blando (soft power) y el poder duro (hard power). En su concepción, el primero es la derivación de los valores de la cultura y en cambio, el segundo es el originado en la capacidad militar.

23-08-2026 | 06:36

El politólogo estadounidense Joseph Nye de la Universidad de Harvard, en un artículo publicadoen noviembre de 2005 titulado “La cultura vence a los misiles”, explicaba la diferenciaentre lo que llama el poder suave o blando (soft power) y el poder duro (hard power). En suconcepción, el primero es la derivación de los valores de la cultura y en cambio, el segundo es eloriginado en la capacidad militar. Este pensamiento surge después de la invasión a Irak, como unareacción a la ideología neoconservadora de Bush en relaciones internacionales. Es así unaalternativa liberal a dicha política, proponiendo dar prioridad a las instituciones y el estilo devida de los EE.UU. en la proyección y manifestación externa del poder. A través del análisis de laGuerra Fría, explicaba Nye la diferencia entre ambos poderes. Ella fue ganada por los EE.UU. y susaliados, por una combinación de fuerza militar (poder duro), que disuadió a la agresión soviética,y del poder atractivo de la cultura y las ideas occidentales (poder blando).


En su opinión, la música de los Beatles jugó un rol importante entre los instrumentos delpoder suave de Occidente frente al comunismo, recordando que en 1980 los opositores en la RepúblicaCheca erigieron un monumento de homenaje a John Lennon en Praga, en cada aniversario de su muertehabía una procesión anual por la paz y la democracia, y que en 1988 los organizadores de lasprotestas contra el régimen comunista en este país fundaron un Club de la Paz de Lennon, que exigíala salida de las tropas soviéticas.
Cuatro años atrás, Nye decía que en la guerra que libraba la Administración Bush contra elterrorismo no se estaba utilizando con eficacia el poder blando, optándose por utilizar sólo elinstrumento del poder duro o militar.
Agregaba que pese al desgaste que ya entonces para los EE.UU. había generado la Guerra deIrak, los sondeos mostraban que la cultura estadounidense seguía siendo atractiva para la mayoríamoderada del mundo musulmán, aunque sus políticas fueran impopulares. Agregaba que en Irán, dondelas autoridades religiosas describían a los EE.UU. como el Gran Satán, los jóvenes querían vervideos estadounidenses en sus casas. Tres años y medio más tarde, las protestas registradas enTeherán contra las irregularidades electorales confirmaron esta afirmación.
En un artículo publicado en marzo de 2007 cuyo título es “Entender el juego delpoder”, Nye define la distribución del poder en el ámbito internacional como un juego deajedrez tridimensional. En el tablero superior –las relaciones militares entre Estados–el mundo es unipolar, siendo probable que lo siga siendo por décadas, dado que los EE.UU. tienen lamitad del gasto en defensa total. En el tablero del medio, el de las relaciones económicas, elmundo es multipolar y ya la Casa Blanca no podía obtener los resultados que pretendía en lasrelaciones con Europa, Japón, China y otros países. En el tablero inferior, de las cuestionestransnacionales que están más allá del poder de los gobiernos nacionales –cambio climático,terrorismo global, pandemias y crisis económica mundial–, el poder está distribuido en formacaótica y no hay hegemonía estadounidense. Es en este tercer nivel donde la única forma deenfrentar los problemas mencionados con eficacia requiere de la cooperación con otros Estados, loque requiere usar al mismo tiempo tanto el poder blando de la cultura como el poder duro de lacoerción.


Siete meses antes, en pleno cuestionamiento a la guerra en Irak, en un artículo cuyo tituloes “Política de seducción, no de garrote”, propone que una política exterior realistade los EE.UU. requiere enfatizar la importancia de desarrollar una estrategia global que combine elpoder duro con el blando y su capacidad de atracción, y crear así un poder inteligente que loscombine.
En el párrafo final del artículo “Los bienes públicos globales”, insiste en que,tras la pérdida de imagen en la opinión pública mundial que EE.UU. ha tenido por la forma cómo hasido encarada la lucha contra el terrorismo, el país tendría que aprender a trabajar con otrasnaciones para compartir el liderazgo y ello exigiría combinar el poder blando y su atracción con elpoder duro del poderío militar, para producir una estrategia de poder inteligente que garantice losbienes públicos globales.
El mismo Nye comienza a utilizar otro término, que es el de smart power, para explicitar loque inicialmente había planteado como soft power.
En castellano, smart suele traducirse como elegante o atrayente. Es claro que no es lo mismodébil que elegante o atrayente.
Joseph Nye –un académico acostumbrado al uso de los medios de comunicación– lodefine como la habilidad para combinar poder duro y blando en una estrategia ganadora. En unartículo puramente académico, y por ende más complejo para el público promedio, Chester A. Crocker,Fer Osler Hampson y Pamela R. Aall lo definen como el involucramiento estratégico de la diplomacia,persuasión, capacidad de construcción y la proyección de poder e influencia encaminadas a lograr enrelación costo-efectividad teniendo legitimidad política y social.
El cambio de smart por soft tuvo por objetivo evitar que a los demócratas norteamericanos,tradicionalmente percibidos como más débiles en política exterior que los republicanos, el uso delsegundo término diera a sus adversarios un argumento de crítica en la comunicación masiva, cuandoel tema del antiterrorismo era relevante para la opinión pública.
En el mundo académico hay una discusión sobre quién fue el primero en introducir el términode smart power. De acuerdo a la revista norteamericana Foreing Policy –quizás la de mayorprestigio mundial en el estudio y análisis de las relaciones internacionales–, hay un debatesobre quién introdujo el término smart, ya que en 2004 Suzanne Nossel escribió un artículo titulado“Smart power” en otra revista prestigiosa en este campo, como es la Foreing Affairs.
Al mismo tiempo, aparece el libro de Joseph Nye, Soft power: El pensamiento y el éxito en lapolítica mundial. Quién lo escribió antes es un tema que probablemente nunca se resuelva.
Queda planteada la cuestión de si smart power es un mejor sinónimo de soft power o deltérmino que combina éste con el hard power, definido inicialmente como el intelligent power.
Pero mientras esta discusión puede prolongarse en el mundo académico, el uso de este términoy su concepto en la Administración Obama es un ejemplo interesante de cómo en los EE.UU. losacadémicos pueden influir en el diseño de las políticas públicas.


El 13 de enero de este año, a nueve días de la asunción de Barak Obama, la entonces senadorapor Nueva York, Hillary Clinton, durante la audiencia de confirmación en el Senado dijo:“Nosotros debemos usar lo que ha sido llamado el smart power –el uso pleno de todas lasherramientas a nuestra disposición–, eligiendo la herramienta correcta o combinándolas paracada situación. Con smart power, la diplomacia estará a la vanguardia en política exterior”.El término fue percibido entonces como una alternativa a la Transformacional Diplomacy–diplomacia transformadora– de su predecesora en el cargo, Condoleezza Rice, quientenía la formación académica que su sucesora no tiene, aunque no necesariamente su realismopolítico.
También la actual secretaria de Estado prometió vincular la diplomacia con el poder militar yeconómico, en matrimonio con los principios y el pragmatismo, agregando: “Hoy las amenazas deseguridad no pueden ser enfrentadas en aislamiento. El smart power requiere de ambos, amigos yadversarios, para reforzar las alianzas y forjar nuevas. Ello implica fortalecer las alianzasactuales, especialmente con nuestros socios de la OTAN”.
La Administración Obama lleva más de medio año en el poder y es claro que ha asumidoplenamente en relaciones internacionales el concepto del soft o smart power.
La imagen de Obama permanece intacta, aunque en su país ha comenzado a descender en julio,pese a lo cual tiene un nivel de aprobación cercano al 60%. Ello ha sido fundamentalmente por elaumento del desempleo.
A nivel mundial no ha perdido consenso y para ello ha usado en plenitud el soft power, siendouna manifestación acabada de ello su conciliador mensaje hacia los musulmanes. Pero es en lascuestiones concretas donde surgen los problemas.
Por ejemplo, frente a las protestas en Irán por la manipulación electoral, aplicar el softpower frente al actual gobierno, no cuestionando rápidamente la represión para no deteriorar larelación con el régimen actual y en consecuencia no cerrar la puerta a un acuerdo sobre el temanuclear, implica dar una manifestación de hard power frente a la opinión pública occidental y losliberales del mundo musulmán.


Es que ser simpático con Putin, Hu Hintao y Ahmadinejad puede ser por un lado unamanifestación de soft power para mejorar las relaciones bilaterales con estos países claves, pero ala vez implica traicionar en función de los objetivos del hard power –la seguridad– losprincipios y valores de la democracia que hacen a la esencia del primero.
La política latinoamericana de Obama da en las últimas semanas algunos ejemplos de ello.Mejorar el diálogo con Chávez es una manifestación de soft power frente a él y los países del ALBA,pero lo es de hard power respecto a la oposición venezolana, a la cual hoy acompaña más de la mitadde la opinión pública del país.
Aplicar los principios del soft power en la crisis hondureña implica que Obama reclame lareposición de Zelaya como presidente. Pero en la opinión pública hondureña, en la cual el 70% apoyaal gobierno de facto, la percepción es la contraria.
Es en estos casos donde en las últimas semanas se han percibido algunos matices entre elpresidente y su secretaria de Estado.
Mientras Obama ha mantenido el silencio frente a los constantes ultimátums de Chávez de quedeje de ser ambiguo en los hechos, al no presionar más por la reposición de Zelaya, Hillary Clintonen cambio ha criticado al presidente venezolano y ha adoptado incluso públicamente una actitud másnegociadora y menos principista en la crisis hondureña.
Es aquí donde el debate que deja abierta la política académica de si el smart power es unsinónimo del soft power, o lo es del poder inteligente que combina a ambos, adquiere significadopráctico. Pareciera así que mientras el presidente usa el smart power más como sinónimo del softpower, su secretaria de Estado lo percibe como una combinación del duro y el blando.

*Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

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