El Gobierno puede apelar ante la Corte Suprema de Justicia el fallo de la Cámara en loContencioso Administrativo Federal y así ganar algunos meses hasta la aplicación efectiva que leordena “en el término de 15 días” colocar “publicidad oficial en las distintaspublicaciones de la editorial, respetando un equilibrio razonable con aquellas de análogascaracterísticas”. Tiene hasta las 9:30 de la mañana del miércoles 25 de febrero para apelar,y si lo hace, la Corte puede aceptar o rechazar el análisis de la causa, pero los antecedentes deese tribunal llevan a pensar que si decidiera tratar la causa, sería para producir una doctrina queasiente aún más los derechos constitucionales, el principio de igualdad, la condena a ladiscriminación y el derecho a la libertad de prensa.
Si el Gobierno no apela, o si apela y la Corte Suprema rechaza su apelación, o si la Corte laacepta para confirmar lo dispuesto por la Cámara; o sea, en todos los casos, si la sentencia quedafirme, el Gobierno puede cumplir con lo ordenado por el tribunal o disimular su parcialincumplimiento con interpretaciones que generen nuevos reclamos ante la Justicia y terminenposponiendo la aplicación del fallo en alguna proporción. Un ejemplo de estas zancadillas delGobierno ya sucede hoy con muchos medios que, sin ser críticos, no son “amigos”, y aquienes les colocan publicidad oficial “para cumplir” pero luego les retrasan los pagosdurante un año mientras sólo cobran en fecha los medios “amigos”. Otro ejemplo fueronlos pocos avisos que recibió el diario PERFIL hace unos meses, que terminaron siendo un gesto degatopardismo al asumir Sergio Massa como jefe de Gabinete. Antes de este fallo y al no existir unaley que regule la distribución de publicidad oficial, su uso arbitrario no generaba consecuenciaspenales para los funcionarios; pero a partir de que existe una orden judicial, el funcionario queintente desobedecerla se expone a ser penalmente sancionado.
Si el Gobierno cumpliera su obligación, podría hacerlo de dos maneras: aumentando suinversión total en publicidad oficial para que los medios discriminados reciban lo mismo que hoyreciben los medios “amigos”, cada uno dentro de su categoría: revistas con revistas,diarios con diarios, radios con radios y televisoras con televisoras, respetando también “unequilibrio razonable” entre medios “de análogas características”, como dispuso laCámara. O puede hacerlo redistribuyendo la misma inversión total actual equitativamente, pero deesta forma reduciría significativamente la inversión en medios “amigos”. Si esto últimosucediese, ¿qué consecuencias tendría sobre el ambicioso plan de compra de radios en el añoelectoral por personas relacionadas con el kirchnerismo? ¿Y qué consecuencias tendría sobre losvarios medios ya existentes cuya principal fuente de ingreso era venderle al Estado?
Con el tiempo se irán combinando las dos posibilidades: los medios alineados al Gobiernorecibirán menos porque se repartirá la publicidad oficial entre más medios, y al perder laposibilidad de usar su distribución arbitraria como una herramienta de censura, progresivamente elGobierno hará menos publicidad, lo que volverá a hacer más pequeña la cuota que reciban los medios“amigos”. En cualquiera de los casos, una parte significativa de la política de mediosha comenzado su ocaso para pasar a ser definitivamente obsoleta luego de las elecciones de octubre.Un nuevo relato emergerá ante la opinión pública cuando el Gobierno pierda su capacidad de imponersu propia visión de la realidad, lo que aumentará el rechazo que parte de la sociedad ya manifiestade forma creciente desde el conflicto con el campo hace un año.
Parte de la ciclotimia argentina que tanto daño le hace a la política es el resultado delmétodo de poner diques que juntan presión para luego, inevitablemente, estallar. Esto que en laeconomía ya se percibe claramente sucede también con la opinión pública. Al contenerse las noticiasnegativas sobre un gobierno, los ciudadanos se forman una visión sobredimensionada de los valoresde su presidente para luego desbarrancarse hacia el opuesto cayendo en un sentimiento tan exageradocomo el anterior, potenciado por el desengaño.
“La Justicia llegó justo”, escribí en Perfil.com el mismo día que se produjo elfallo. Porque la presión sobre los medios que comenzó hace cinco años, como todo aquello que noencuentra un freno en la vida, se venía acelerando hasta alcanzar niveles cada vez másescandalosos. El levantamiento del programa de Nelson Castro fue, apenas, la más reciente acción decensura de una larga cadena que incluyó –en distintas proporciones– a decenas deperiodistas y medios independientes. Por eso este fallo de la Justicia sobre la publicidad oficialno podría haber llegado en momento más oportuno, sentando –además– un precedentejurídico histórico para todo el periodismo.
Quedan por hacer varios reconocimientos. A la Sociedad Interamericana de Prensa yespecialmente a Alejandro Miró Quesada, director del diario El Comercio de Lima, quien presidió laSIP en 2005 y encabezó la misión de ese año a la Argentina, cuando Néstor Kirchner conducía nuestropaís y ya las manipulaciones del Gobierno sobre el periodismo se hacían evidentes. Miró Quesada nosdijo: “Deben iniciar un juicio contra el Estado aunque les cueste varios años de dedicación yla situación comercial inicialmente empeore por las mayores represalias del Gobierno, motivadas porel mismo juicio. Tienen el deber de hacerlo porque cuentan con los recursos que no tienen laspequeñas publicaciones del interior del país, que luego se verán beneficiadas por lajurisprudencia. Es una responsabilidad cívica luchar contra el abuso de cualquier gobierno”.
A todos los lectores de las distintas publicaciones de Perfil que apoyaron el“Fideicomiso en contra de la discriminación con la publicidad oficial”, que tuvo aNelson Castro como conductor. El carácter simbólico de aquellos aportes no impidió cumplir suobjetivo de concientizar a la ciudadanía sobre los peligros de la manipulación con la publicidaddel Estado. Y a los colegas que nos acompañaron desde el comienzo en aquella conferencia de prensarealizada en el Hotel Panamericano en mayo de 2006, a la que concurrieron los corresponsalesextranjeros y muchos periodistas de todos los medios.
Finalmente, deseo transmitirle al lector una visión realista: el ocaso de determinadasprácticas no implica su fin. La debilidad suele hacer al bárbaro más bárbaro. Recuerdo que alfaltar algo más de un año para la llegada de la democracia, me alegré cuando la Corte Supremaordenó a la dictadura reabrir la revista que había clausurado y por entonces yo dirigía. El PoderEjecutivo aceptó lo que dispuso la Justicia, pero meses después ordenó mi encarcelamiento bajo otrocargo. Pero esa falta de ingenuidad no impide valorar que este fallo oxigena el clima institucionalde la Argentina y sus consecuencias trascienden en mucho al periodismo. Respecto de la publicidadoficial, el sucesor de Cristina Kirchner ya no podrá manejarse con igual discrecionalidad. Tampocomuchos gobernadores e intendentes que tenían las mismas prácticas.

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