Un destacado primer ministro socialdemócrata europeo ha conminado a sus connacionales a quegasten su salario consumiendo, porque en caso contrario perderán el empleo.
Durante los últimos años, el capitalismo globalizado ha sido criticado desde la izquierda porbasarse en un consumo desenfrenado, que además de olvidarse de valores como la igualdad y lasolidaridad, transformando a los ciudadanos en consumidores, desató un uso desenfrenado de materiasprimas que aceleró la destrucción del medio ambiente, poniendo en riesgo la subsistencia delplaneta.
Pienso que la crisis global que se está viviendo ha demostrado que muchas de las críticas quedesde la izquierda se realizaban hacia el capitalismo globalizado resultaron ciertas ofundamentadas.
Pero la cuestión es que ahora, en lugar de asumirse que la crisis puede dar la oportunidad paraun replanteo a fondo, pareciera que los gobiernos del mundo, más allá de sus diversas orientacionesideológicas, convergen en la misma solución: volver a llevar el consumo a los niveles previos a lacrisis. Es decir que en lugar de plantearse modificar el sistema, lo que se propone lisa yllanamente es restaurarlo.
Este pensamiento, en el cual convergen republicanos y demócratas en los EE.UU., socialdemócratasy democristianos en Europa, el autoritarismo ruso, el comunismo capitalista chino, la particulardemocracia india y la izquierda pragmática brasileña, no parece percibir que buscar la solución enel consumo es tratar de encontrarla en la misma causa que produjo la crisis.
En el caso argentino se aplica la misma receta. Se trata de que la gente consuma más autos,heladeras, termotanques, licuadoras, etc., más allá de que las necesite o no, pensando que de esamanera se evitará la recesión y la pérdida de puestos de trabajo. Mientras los rescatesmultimillonarios multiplican sus montos, una de cada seis personas del mundo sufre hambre y uno decada diez argentinos se alimenta en forma insuficiente, aunque el país es el mayor exportador dealimentos per cápita del mundo. Se busca que consuman más quienes tienen, olvidando alimentar aquienes no tienen. En lugar de aprovechar la crisis para achicar la brecha social, se buscansoluciones que la están agravando.
En la Argentina, en diciembre cayó sustancialmente la disposición de la gente a pedir crédito,al mismo tiempo que se presentaban las primeras iniciativas para promover el aumento del consumocomprando en cuotas.
En el mundo se avanza hacia soluciones como que el Estado se hace cargo de los llamados“bancos tóxicos”, cuando quizá sea el momento de cubrir sólo el ahorro de los sectoresde menores ingresos, y destinar recursos a financiar un buen seguro de desempleo para atenuar elcosto social que surgirá del inevitable ajuste de una estructura productiva basada en un aumentodesenfrenado e injustificado del consumo. A ello se agrega que a partir de un análisis histórico,se asume que las soluciones implementadas en los años treinta para enfrentar la crisis fueron lascorrectas y en consecuencia se las imita. La realidad es que no fueron tan correctas, ya que lacrisis que se inició en 1929 duró una década y recién con la Segunda Guerra Mundial el aparatoproductivo de los EE.UU. comenzó a superar las consecuencias de la crisis. Es que no todo lo queescribió Lord Keynes en 1936, siete años después de iniciada la crisis, resultó tan eficaz como hoyse cree.
En conclusión: el debate de ideas está muy por debajo de la gravedad de la crisis, y restaurarlos niveles de consumo previos a ella parece ser la solución a la que apuntan todos. Al reunirse enparalelo el Foro de Davos y el Foro Social Mundial, desde perspectivas ideológicas contrapuestas,aparece una notoria falta de ideas concretas y eficaces para enfrentar la grave crisis que vive elmundo al finalizar la primera década del tercer milenio.
*Director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.





