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Orgullo y prejuicio

Orgullo y prejuicio
24-08-2026 | 19:54

Pasan y pasan a todo lo que da un montón de autos de la policía por la avenida haciendo sonarlas sirenas a mil y uno decibeles. Nos preguntamos qué estará sucediendo y si los autos van haciael sur o hacia el norte para empezar a imaginarnos tiroteos entre bandas rivales o atrocesasesinatos con sangre por todas partes. No abrimos las persianas para mirar: nos basta con elbochinche de las sirenas. Podrían ser más discretos, ¿no? Las sirenas, las de verdad, las delcuerpo de doncella y cola de pez, no eran tan escandalosas. A juzgar por la tradición eran más bienmesuradas, juiciosas y prudentes. Cantaban, es cierto; cantaban sentaditas en las rocas a la orilladel mar, y se peinaban cual adolescentes que se planchan el pelo o se hacen la toca o se ponenbigudíes o lo que venga. Y de vez en cuando se llevaban a algún galán joven y fornido hacia elfondo del mar para que les hiciera compañía. Los griegos sabían mucho de esto, no sé si usted seacuerda. Ahora, claro, y en Rosario, la cosa está un poco perdida, como olvidada diría. Hay quetener en cuenta que acá no estamos frente al mar sino al costado de su padre, el Paraná. Por estoslugares no tenemos sirenas. O por lo menos, si las hay, nadie las ha visto. Aunque, como siempre,hay quienes sostienen que sí tenemos sirenas, pero que son sirenas de río, no de mar. Por qué no.Si hay peces de río y peces de mar, y si hay algunos que incluso migran de unas aguas a otras comoquien va de la sala al comedor, por qué no habría junto al Paraná sirenas de río que se sienten enlas barrancas a cantar y a peinarse y a esperar ya que estamos a algún morocho alto de ojos verdesque pase por el lugar y que pueda caer en sus redes, las de ellas. Por qué no. Dicen algunos quedicen que saben, que las sirenas del Paraná salen despacito y en silencio de entre las aguasbarrosas y buscan un lugar escondido de miradas indiscretas en el que se sientan a peinarse. Llevanespejo, por supuesto, para ver cómo les van quedando los bucles. También llevan en la mano ahuecadauna flor, una Dricafullu variegata que se pondrán aquí en la cabeza, cerca de la sien derecha unavez que el peinado les quede a su gusto. La dricafullu, ya se sabe, es casi transparente, pero enla oscuridad absoluta, cuando no hay luna ni luces de la calle ahí atrás, brillan. Sí, eso se dice,que brillan. Y a las sirenas les encantan los brillos. Yo no las he visto nunca. Cierto que nosuelo andar paseando por las barrancas a horas de la noche, pero es que ni siquiera he oído deprimera mano a alguien que las haya visto u oído. Una lástima. No me hace muy feliz pensar quepasarán y se perderán sin que nadie nunca las vea y las oiga. Caramba, ¿qué va a quedar de ellas?¿Nada? ¿Ni siquiera el recuerdo junto con el de las islas flotantes de camalotes que bajan delnorte cuando hay lluvias adecuadas, trayendo en el lomo boas constrictores, gatos monteses y hastaalgún puma? Ay. Por favor, si usted llega a verlas o sabe de alguien que las vio, avíseme.Gracias.

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