Otro diario

La aparición de un nuevo número de una revista cultural o literaria es siempre una buena noticia. Dicho esto, semejante afirmación no deja de ser complicada y difícil de sostener.

Otro diario
22-08-2026 | 21:52

La aparición de un nuevo número de una revista cultural o literaria es siempre una buenanoticia. Dicho esto, semejante afirmación no deja de ser complicada y difícil de sostener. ¿Es lomismo una revista que otra? ¿No deberíamos valorar cada una en su singularidad, y alegrarnos sólode la publicación de aquellas que nos interesa? La respuesta es sí. De hecho, algo así me ocurre enel mundo de los libros. Con muchos escritores siento que lo único que tengo en común es quefirmamos con nuestro nombre un objeto compuesto por dos cartulinas duras (cada vez menos) queencierran un número limitado de hojas de papel más blando, llenas de palabras. Fuera de eso, nomucho más.

Pues entonces, congratularse por la aparición de nuevos números de revistas literarias, sostenerque en sí su existencia, su persistencia, ya es un logro a rescatar, sería algo así como festejarsu permanencia en un parque jurásico, una reserva ecológica, una probeta que protege a los animalesen extinción. Es cierto. Pero (ah, humana contradicción) no puedo negar que me alegra que todavíahaya revistas culturales. Acaba de aparecer el nº 78 del Diario de Poesía, revista que cumplió 20años hace poco, y debo confesar que ese mero hecho ya me pone de buen humor. Diario de Poesía marcaun hito cultural y literario del que, a veces, no tenemos registro. Si me permiten, quisiera contarahora una breve anécdota ilustrativa. Hace dos años viajé a La Habana a participar en la Feria delLibro, ya que Argentina era el país invitado de honor. También viajó Daniel Samoilovich, directorde la revista (y también poeta). Apenas si nos conocíamos, sin embargo estuve bastante con él,participamos juntos en alguna mesa redonda, y he visto cómo lo trataban muchos poetas cubanos: paraellos el Diario era una revista mítica, una publicación que leían con un interés increíble, de laque sabían mucho, muchísimo. Era tanto el entusiasmo, que por momentos Samoilovich parecía MickJagger (no me animo a decir que el Diario tenía fans, pero casi). Y lo mismo ocurre en casi todaAmérica Latina.

Debo decir también que yo, que nunca escribí una línea de poesía (toda mi colaboración con elDiario fue publicar una vez una traducción de Raymond Roussel), escuché muchas veces de poetas, alo largo del tiempo, toda clase de ironías y críticas sobre la revista. En parte pueden sercerteras: en estos 20 años han publicado muchos malos poetas, han entrevistado poetas que no teníandemasiado para decir, se han enamorado de poetas jóvenes que no sólo dejaron de ser jóvenes sinoque el tiempo demostró que tampoco eran poetas, han defendido al objetivismo más que lo que elpropio objetivismo podía soportar. Pero eso es lo de menos. A esta altura, apenas si son detalles.Porque si el Diario de Poesía hubiera aparecido en México, sería una revista de culto entrenosotros. Y esos poetas quejosos (y yo mismo) recorrerían las librerías de viejo porteñas a labúsqueda de esa gran revista inhallable.

Porque lo cierto es lo siguiente: en estos más de 20 años, descubrí decenas de buenos poetas enel Diario de Poesía, leí cientos y cientos de grandes poemas en sus páginas y, sin ir más lejos,recuerdo casi de memoria más de uno de sus dossiers, por lo general impecablemente producidos,llenos de información y de textos notables. Así, al pasar, podría mencionar los de Asbhery,Virgilio Piñera o Wilcock. Sumado, además, al cuidado de sus traducciones, muchas veces a cargo–entre otros– de Mirta Rosenberg y el propio Samoilovich, a los que se les sumaronúltimamente nombres como la excelente poeta española Mercedes Cebrián, y el siempre erudito MatíasSerra Bradford. Volviendo al número que acaba de aparecer, incluye un dossier sobre poesía ymúsica. En la página 2 hay un llamado. Dice: “El número 79 aparece en noviembre de2009”. Somos muchos los que lo esperamos con alegría.

También en Perfil