Revisando papeles para esta nota, advertí que desde comienzos de 2008 no había publicado unasola línea sobre política argentina. El hecho me llamó la atención, ya que durante ese lapso habíaprestado una atención permanente a lo que acontecía en el país, había leído análisis sobre laactualidad política y hasta había participado en foros y concedido entrevistas sobre el tema. Séque no es cierto que a las voces se las lleva el viento mientras que “lo escritoqueda”. Pero yo actuaba como si creyera en esas falacias. ¿Por qué?
La explicación me llegó –indirectamente– de un artículo publicado por un periodistalúcido y progresista como es Mario Wainfeld. Allí pude leer: “Carlos Tomada tiene preparadadesde hace años una carpeta con dos solapas, que contiene sendas resoluciones fundadas, unaadmitiendo y otra denegando la personería (a los sindicatos de una misma rama que carecen deella)”. Tomada esperaría órdenes para proponer públicamente una o la otra. Así pues, un temacrucial de toda sociedad política es, para el Gobierno, pura materia de conveniencia oinconveniencia táctica. En cuanto a los principios, a ellos sí se los puede llevar el viento. Enéste como en otros casos, predominaban los intereses ligados al poder político. Y según loscaprichos, podés elegir blanco o negro (total, si te equivocaste siempre se puede dar marchaatrás).
Esa admirable duplicidad tiene matices. Blanco o negro son tintes extremos: entre ellos está laamplia gama de los grises hacia donde siempre se puede avanzar o retroceder. Estemos de acuerdo ono, Solanas “la vio” cuando dijo que el Gobierno suele incluir alguna cláusula progredentro de sus más turbios proyectos de ley. Carnadas para ocultar lo esencial.
Si muchos depositaron en los primeros tiempos de Néstor esperanzas en una gestión que seiniciaba con desplantes al FMI, reafirmación de los derechos humanos, una Corte Suprema imparcial yfuertes contenidos simbólicos ligados a la izquierda de los 70, luego en forma acelerada sufrieronsucesivas y cada vez más profundas decepciones. Era imposible, en verdad, conducir un país porcaminos progresistas cuando la cúpula gobernante da pruebas manifiestas de su complicidad conaquellos mismos –los corruptos, los ineptos, los serviles– que venía supuestamente areemplazar.
Dicho esto, las falencias del régimen kirchneriano no tienen una contrapartida positiva del ladode la oposición. De las oposiciones, mejor dicho. Si el Gobierno nos causa pena, las idas yvenidas, las limitaciones, los vaivenes, las alianzas o divorcios laberínticos y, en general, laspropuestas de distinto signo de la oposición causan risa. La pugna por ganar posiciones de poder,el vedettismo, las declaraciones apocalípticas, los permanentes titubeos, la falta total de ideas yla prisa por triunfar en las elecciones al precio de cualquier claudicación en términos deprincipios completan un panorama donde muy pocos, si saben avanzar sin prisa y desdeñan los atajosy los guiños cómplices, podrán crear en el futuro una verdadera alternativa progresista.
Fuimos un país que prometía proezas homéricas, que luego se enredó en un laberinto kafkiano;ojalá que no nos aguarde un futuro dantesco.
*Profesor emérito de la UBA. Investigador principal del Conicet.




