Se nos ha ido Fogwill, a quien no conocí. Estas páginas quedan ensombrecidas para siempre. Mimundo está lejos del suyo. Pese a ser vecinos de años de los sábados, pese a estar separados apenaspor medianeras de líneas y de tintas, jamás lo conocí. No he leído un solo libro suyo, ni élninguno mío, o eso supongo. Su partida me sorprende como sorprende el cambio absurdo de un vecinoque siempre ha estado allí pero del que no sabemos casi nada. Salvo lo único que él quiera mostrarpúblicamente: la foto en la que posa bizco (copete cuidadoso, inmejorable, de sus enojadas columnasde política); las permanentes provocaciones a la actitud neurótica y contradictoria del lector quese supone honrado y bienpensante; su pasión por el mundo castrense (otro planeta); su siemprerenovada indignación por esto o aquello; en fin, todo lo que el vecino muestra en la discreción dela parca afinidad que marca un barrio.
Con tales vecinos se mantiene una distancia cordial, salvo cuando sus caños se rompen en lapared que nos divide y uno duda si pelearse por los gastos e insumos del plomero o si seguir almargen, amparados en el refugio inapelable que ofrece la maciza medianera, húmeda de roturas, quepermite que los mundos existan paralelos, sin tocarse.
Fogwill empacó y se fue de golpe.
Todo lo demás sigue, en el barrio, inalterado. La prensa gira, la tinta se mezcla en losrodillos.
El paisaje para su muerte es absurdo, como lo será el mío, el de cualquiera. Unos ladrones seroban un Van Gogh de relativa monta de un museo en Egipto. Temo que se parece demasiado alargumento de la obra que hago cada fin de semana y me cuesta creer que la realidad me copie tanburdamente. Unos mineros chilenos están atrapados bajo setecientos metros de piedras y de angustia.Llevará meses rescatarlos. Les bajarán comida, agua y cartas. Y ya veremos qué más, porque estarmeses bajo tierra es también una pesadilla literaria e irreal.
¿Qué quiere decir, en tal paisaje casual, descoordinado, que Fogwill se haya ido?
Se ha ido Fogwill, lo que equivale a decir –simple y contundente– que Fogwill seha ido.
Que se ha ido al siempre.




