•utopia boliviana

Palabras, ideas y realidad

Una cosa es la palabra vaciada y flotando en soledad y otra, la palabra sostenida con una referencia que le da sentido, o que cierra su sentido. Una es hablar del “hombre nuevo” hoy, y otra, hacerlo cuando el Che estaba vivo y en combate, Cuba era un faro irradiador y existía el campo socialista.

24-08-2026 | 04:15

Una cosa es la palabra vaciada y flotando en soledad y otra, la palabra sostenida con unareferencia que le da sentido, o que cierra su sentido. Una es hablar del “hombre nuevo”hoy, y otra, hacerlo cuando el Che estaba vivo y en combate, Cuba era un faro irradiador y existíael campo socialista. Ambas situaciones refieren a las cambiantes condiciones del discurso. Aquelloera un emblema, una promesa, una utopía asentada en un poder mundial en disputa. Hoy, aquellostérminos casi han desaparecido de la circulación del habla. También la palabra pueblo, desdeantiguo vinculada a futuro, a destino; y que es nuclear a algunas utopías europeas del siglo XX o alos movimientos del Tercer Mundo, fue sustituida por una categoría más débil: opinión pública.
Aquella idea fuerza moderna del progreso continuo que impuso el positivismo fue empalmada conaquella en que la humanidad podía desplegar su potencialidad; pero sucumbió antes de la caída delsocialismo. Fue desplazada por el reinado de la autorreferencia y un hedonismo sin ética. Hay unlogos técnico que sostiene el discurso, sobre todo de los jóvenes; también está en las leccionessobre el mercadeo. En los eufemismos que enfrían los daños de los especuladores, cuyasconsecuencias las pagan los que menos tienen, que siguen capturados subjetivamente por suspatrones. También hay que registrar que el vocablo democracia genera menos dudas en nuestrascomarcas.

Las sociedades actuales están expuestas ante la autoridad de un puñado concentrado de ganadoresque no tienen rival. Porque con los antiglobófilos o los movimientos sociales no alcanza. Acompañanesta historia los lenguajes acordes a la inmovilidad de las cosas.
La cultura dominante fue erosionando la jerarquía de las palabras ordenadas en ideas yresignificándolas. En política la mayoría de los actores disponen de un arsenal de palabras quemarcan un espacio ideológico con mayor o menor conciencia; e intentan producir algún cambio en laquietud de la realidad.
Pero el problema es cuando las palabras no se pueden sostener en lo que las constituye, sevuelven inocuas. La lucha discursiva, entonces, es una confrontación de simulacros, muchas vecesuna beligerancia inútil, que desnuda la ausencia de una base estructural de los iconoclastas; y lasuficiencia de los dominadores. Y gana aquel que expresa mejor el sentido común de la comunidad ylos enunciados de los videographs.
Pero estos cambios están en paralelo con la relación de fuerzas mundiales y las actualidadeshegemónicas. El problema –dijo Humpty Dumpty– consiste en saber quién manda. Y esapregunta, guste o no guste, hoy tiene su respuesta.
Es indudable que la evolución cultural ha perjudicado más a la izquierda que a la derecha.
La rígida y tradicional topografía ideológica se flexibiliza, perdiendo oportunidad losextremos. Pero ha perjudicado más a los que exhiben un discurso clasista, sin clases; o un discursoemancipador, sin masas.
Posibilita y también limita a los gobiernos reformistas porque los obliga a caminar por unsendero muy estrecho y cuidarse de cómo enunciar los cambios, so pena de no ser comprendidos. Losintentos transformadores tienen que transitar sobre un espacio resistente del statu quo; yreconocen, con contradicciones, la hegemonía del núcleo duro del sistema.
El cambio también ha alcanzado a la derecha, que evita autoidentificarse, refugiándose enversiones más moderadas. Posse no es Maurras. Tampoco Macri es Alvaro Alsogaray, no sólo en cuantoa las fortalezas de las lecturas, sino al sentido pragmático de aquél que chocaría con el espíritudogmático de éste.
Frente a estos nuevos escenarios de la palabra, es que hay excepciones a la tendencia.
Y una de ellas que sobresale, porque hay una relación fuerte y directa entre palabra, idea yrealidad efectiva, es la experiencia boliviana. Experiencia que merece ser vista como unaoriginalidad frente a una configuración social en que muchas palabras se desplazan como cáscara,despreocupadas de su objetividad.

*Sociólogo.

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