•nuevo estilo

¿Para qué sirven los presidentes?

Hace unos seis meses publiqué en este mismo diario una columna a propósito de un próximo coloquio sobre los medios de comunicación y la función presidencial, tomando como punto de partida la llegada a las playas de Japaratinga –un pequeño pueblo de pescadores en el nordeste del Brasil– de un manatí hembra de la familia de los Trichechidae, llamada Luna, adolescente de 16 años.

23-08-2026 | 14:46

Hace unos seis meses publiqué en este mismo diario una columna a propósito de un próximocoloquio sobre los medios de comunicación y la función presidencial, tomando como punto de partidala llegada a las playas de Japaratinga –un pequeño pueblo de pescadores en el nordeste delBrasil– de un manatí hembra de la familia de los Trichechidae, llamada Luna, adolescente de16 años. Al parecer, Luna se ha ido con su novio a la desembocadura de un río de agua dulce a pocoskilómetros de Japaratinga (como, digamos, Carla Bruni se fue a Egipto con su novio, NicolasSarkozy). El pueblo, en cambio, fue invadido esta semana por un centenar de especialistasinternacionales en comunicación, semiótica y otras ciencias sociales, convocado por el CentroInternacional de Semiótica y Comunicación (Ciseco), que debatió durante cinco días para qué sirvenlos presidentes y en qué se están transformando. Los casos, entre otros, de Sarkozy, Evo Morales,Chávez, Uribe, Obama, Berlusconi, Zapatero, fueron largamente discutidos. Hubo una sesión especialsobre las mujeres presidentes o las candidatas a la función en los últimos años (Bachelet, CristinaFernández de Kirchner, la candidata francesa Ségolène Royale). La Rede Globo, principal auspiciantedel coloquio a través de Globo Universidade, grabó para la posteridad la integridad de lasdiscusiones.

Hubo tres momentos fuertes en el coloquio. El día lunes, en la sesión de apertura, la presenciavirtual de Umberto Eco, a través de una entrevista que le hice en agosto pasado en Italia,entrevista a la que aludí en este mismo diario hace varias semanas (los lectores de mi columnaserán siempre, como corresponde, los primeros en ser informados). En ella, Umberto Eco expresó unaposición muy fuerte, según la cual la creciente visibilidad de los cuerpos presidenciales (procesoiniciado por la televisión en 1960, con el debate Nixon-Kennedy) implica la muerte de la democraciarepresentativa. El día martes por la mañana, Luiz Dulci, ministro de Estado jefe de la SecretaríaGeneral del gobierno brasileño, explicó algunas de las características del discurso del presidenteLula, y subrayó la importancia que el primer mandatario, más allá de las relaciones institucionalesentre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, le atribuye a ciertas modalidades de vínculo consectores esenciales de la sociedad civil (organizaciones no gubernamentales, múltiples asociacionesde ciudadanos, sindicatos), cuando se trata de compulsar los puntos de vista divergentes sobreproblemas fundamentales de la gestión de gobierno. El ministro Dulci insistió sobre la búsqueda deconsenso y de negociación del presidente del Brasil, como resultado de su larga experiencia comolíder del sindicato metalúrgico. El tema de la voluntad de negociación reapareció en el tercermomento fuerte del coloquio, el día miércoles, cuando Eduardo Duhalde evocó algunos momentos clavesde su presidencia, subrayando enfáticamente la importancia crucial de la búsqueda de consenso en elproceso de salida de la grave crisis argentina de 2001. Duhalde subrayó también las gravesconsecuencias de la creciente hegemonía de la función presidencial en América latina, insistiendoen la necesidad de ir construyendo las bases de regímenes parlamentarios.

Personalmente, atravesé la multiplicidad de discusiones que se produjeron durante esta semana,afectado por un sentimiento preciso y orientado por una convicción que se fue reforzando a lo largode los debates. El sentimiento tiene que ver con los peligros de lo que podemos llamar laprofesionalización del campo político y cobró forma en mí a partir de una frase del ministro Dulci,según el cual Lula, en sus discursos, ha ido hablando cada vez más de economía, porque “nohay asunto público que sea sólo una cuestión de especialistas”. Este sentimiento puedeparecer paradójico en un coloquio lleno, precisamente, de supuestos especialistas. Pero laexperiencia de los largos diálogos, tan poco frecuentes, que este coloquio hizo posibles, entreactores sociales y “académicos”, incita decididamente a la modestia por parte de estosúltimos. La convicción tiene que ver con la insistencia, tanto del ministro de Lula como de EduardoDuhalde, en la cuestión social; es decir, en el principio central de la igualdad. Este principiopuede parecer banal o, por decirlo de algún modo, apenas “políticamente correcto”. Perolo importante es el rol que debe jugar la percepción de su transgresión. Poco importa si se trata ono de un “telepresidente”. La desigualdad de saber, de recursos, de calidad de vida,debe ser ese escándalo que ponga en movimiento, día tras día, las pasiones del ocupante de lafunción presidencial.

*Profesor plenario Universidad de San Andrés.

También en Perfil