•CONFLICTO

Parece que la Selección de todos no está hecha para algunos

El entuerto que estalló el martes pasado entre el técnico del conjunto nacional y el enganche de Boca luego de que éste renunció al Seleccionado argentino, sigue mostrando disparadores –los cuales se detallan en esta nota– que hacen casi imposible un acercamiento entre las partes. La mala relación de Riquelme con la joven guardia –de la que Carlos Tevez, Lionel Messi, Sergio Agüero y Fernando Gago son los principales referentes– lo dejó casi sin consenso dentro del grupo. De la nueva camada, sólo Javier Mascherano, el capitán del equipo, mantiene diálogo con el autoexcluido.

22-08-2026 | 04:40

Hacía un calor de los mil demonios en Maracaibo, ese día de junio de 2007. Se estaba jugando laCopa América de Venezuela y un canal deportivo decidió hacer un móvil en vivo con Carlos Tevez. Losperiodistas destinados por el canal eran dos. Uno de ellos recibió una frase curiosa de parte deTevez: “Che, Gordo, vos me dijiste que el 10 había cambiado, que estaba mejor, y sigue siendoel mismo hijo de puta que conocí en Boca”. La tremenda afirmación del pibe de Fuerte Apache,con la cámara apagada, ponía al descubierto el secreto que “el grupo” guardaba conmayor recelo: la mala relación de las principales figuras con Juan Román Riquelme. El rencor deTevez hacia Román venía de larga data. Jamás se bancó que Riquelme lo ninguneara llamándolo por elnúmero, cuando recién asomaba la cabeza en Primera. Para Riquelme, no era Carlitos, ni siquiera era“Tevez”: era simplemente, “el 9”. Tevez hasta se había sacado fotos conRomán, era su ídolo. La distancia en el trato cambió esa idolatría por un enojo que, parece, notiene fin.

En aquel mismo torneo, Riquelme echó a uno de los jugadores más jóvenes de una ronda de mateporque tomaba una gaseosa. “Salí de acá, andá a tomar Coca-Cola a otro lado, acá tomamosmate”, le espetó con cero onda. Todos miraron a Román. El 10 de Boca ni se inmutó. Con HernánCrespo venía con problemas desde el Mundial de Alemania. El delantero de Inter le recriminó su pocapredisposición a pasarle la pelota, Román discutió y no se hablaron más, salvo en el campo dejuego.

Y todavía se recuerda el arribo de Messi a China, para disputar los Juegos Olímpicos. Sejuntaron en un cuarto y se dijeron lo que había que decirse. Ahí sí el delantero del Barcelonahabló: “Román, nosotros no nos llevamos bien o no tenemos onda, pero tratemos de conviviraunque sea este tiempo para ganar la medalla”. Riquelme firmó el armisticio y los resultadosse vieron en la cancha. En Beijing se vio la mejor versión de la sociedad Messi-Riquelme. Pero fueun momento, una fotografía en medio de una película.

Como se recordará, Diego Maradona estuvo en esos Juegos Olímpicos y fue tomando nota de todoeso. Allí, Grondona le dio un adelanto de que podría ser el entrenador nacional; fue por eso queDiego trabajó como contenedor y se acercó mucho a los pibes. “Los pibes” son Messi,Agüero y Gago. Tal vez haya sido este contacto en Beijing –que Riquelme vivió muy decerca– el primer paso de todo este lío. A Román no le cayó muy bien que Maradona se acercaratanto a Messi, su competidor directo por el timón del equipo. Agüero tiene un vínculo familiar conDiego y esto hace suponer que tiene ciertos privilegios. No saben lo que dicen, no conocen aMaradona los que piensan eso. Por lo visto, tampoco lo conoce Riquelme, que fue uno de los primerosen creerlo. Es más, lo sigue pensando. Román cuenta en su círculo áulico que en los viajes queDiego hizo a Europa (y no en los partidos con Escocia y Francia, como leímos esta semana) recibiócomentarios negativos sobre él. Román se refiere a esas cenas en España, Italia e Inglaterra queMaradona tuvo en su última gira de visita a los jugadores y de las que se dio debida cuenta en estacolumna.

Fernando Gago, por su parte, generó un vínculo muy cercano a Gabriel Heinze. Los días en Madridlos unieron y trasladaron esa amistad a la Selección. Heinze es un tipo muy querido, no sólo porGago, sino por una abrumadora mayoría de jugadores del Seleccionado. Aquel famoso abrazo masivo alGringo en Perú, tres días después de que Basile lo prendió fuego en la cancha de River sacándolo enel primer tiempo tras el gol de Paraguay, marcó el final del ciclo anterior. Y, además, dejó claroquién es uno de los líderes de este grupo. Este detalle también es importante.

Demasiados conflictos vinculados con Riquelme: Tevez, Gago, Heinze, Crespo, Messi. Agüero es muyamigo de Messi y, encima, el yerno del técnico. El único que mantiene cierta relación con Románes

Javier Mascherano. Es más de respeto que de afecto. Poco, pero es algo.

Maradona tomó nota de todo esto. Con Pekerman y Basile eran “Riquelme y diez más”.Con Maradona no. Diego fue claro cuando dijo “Mascherano y diez más” y le dio lacapitanía al volante del Liverpool. Trató de diferenciarse de sus antecesores y siempre se negó aque Riquelme jugara a como diera lugar, como sucedió en los dos ciclos anteriores. Diego jamás negóa Román. Basta con recordar que en su partido de despedida, la única camiseta de Boca que se pusoMaradona fue la de Riquelme. Pero dejó entrever que sin una preparación adecuada o que si nocumplía con las cuestiones tácticas, no iba a jugar.

Digamos, entonces, que Riquelme se veía venir que no le iba a ser tan fácil tener un espacio enel equipo a cualquier precio. Ya no estaba Basile, que lo puso aún cuando estaba colgado en elVillarreal (segundo semestre de 2007) y apenas se entrenaba. Ahora, Maradona notó que Riquelme noestá bien. Y tiene razón. Riquelme jugó mal contra Huracán. En cambio, Román fue importantísimo enla victoria contra el Táchira. Pero frente a Independiente fue fácilmente absorbido por la marca.Ya hemos dicho aquí que el fútbol internacional tiene exigencias más altas que el torneo local. Sino se está bien físicamente, no hay manera de trascender en el fútbol internacional. El mejorRiquelme europeo estaba veloz; jugaba como Maradona pretendía que jugara. Diego es consciente deque, bien entrenado y sano, Riquelme tiene que estar.

Lo que pocos saben, es que Maradona llamó más de tres veces a Riquelme antes del excelentereportaje que le hicieron en el programa Gol de medianoche, de TyC Sports, la semana pasada. Ahídijo que lo quería cerca del arco y no al lado del central o de los volantes de marca. Nada delotro mundo, nada vejatorio. Sólo cuestiones futboleras. Pero la verdad es que Diego intentó hablaren privado con Riquelme antes de la nota que desató la furia del 10 de Boca. Román no lo atendió.Para ser claros: lo que Diego dijo en televisión le vino como anillo al dedo para tenerlo comoexcusa, pero Riquelme se fue de la Selección porque sospecha que sus días de privilegio terminarony que llega el tiempo de los Messi, Agüero, Tevez y Gago. Justamente, cuatro apellidos que Románjamás querría escuchar.

En cambio, sí atendió a Telenoche, su programa favorito. Y allí –atribulado, pensando quehay un técnico que no le iba a hacer concesiones y un grupo que no lo tiene entre suspreferidos– renunció una vez más.

Parece que la Selección argentina, la real, la de mayores, la que exige todo y un poco más, nofue hecha para Juan Román Riquelme.

Es una pena.

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