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¡Paren de representar!

La semana pasada escribí sobre el patético episodio Ibarra, editado y ambientado por la TV, el gran ojo que construye lo verosímil. La campaña electoral vulgariza el trabajo de los actores. Cualquier pelafustán puede actuar (ya sea de candidato o de extra). Actuar no es patrimonio exclusivo del arte, y en el teatro se da hoy un fenómeno puntual, no importa cómo lo llamemos; sea postdrama, o sea que declaremos la muerte del “drama”.

22-08-2026 | 18:05

La semana pasada escribí sobre el patético episodio Ibarra, editado y ambientado por la TV, elgran ojo que construye lo verosímil. La campaña electoral vulgariza el trabajo de los actores.Cualquier pelafustán puede actuar (ya sea de candidato o de extra). Actuar no es patrimonioexclusivo del arte, y en el teatro se da hoy un fenómeno puntual, no importa cómo lo llamemos; seapostdrama, o sea que declaremos la muerte del “drama”. Pero el problema de fondo es elmismo en teatro o en política: ¿qué se representa en una representación?


“Paren de representar” parece ser no sólo una indignada proclama popular sinotambién el eslogan de Mi vida después, la obra de Lola Arias en el Teatro Sarmiento. Allí–como en cualquier obra– hay seis actores. Pero en vez de representar a personajesimaginados por un autor, se presentan a sí mismos y cuentan su historia, y la de sus padres. Laelección de estas seis voces no es azarosa; Lola no cree del todo en la suerte del ready-made. Lamuerte en combate del papá de Carla, guerrillero del ERP, tiene infinitas versiones; Carla lee suúltima carta por enésima vez, y luego golpea bombos y platillos, transformando la energía emocionalde su drama en una presentación sin analogía: es lo más desolador que veré este año. Vanina es hijabiológica de un agente de la Policía de Inteligencia, apropiador de su hermano Juan, no biológico.Blas es hijo de un cura; Mariano, de un desaparecido militante en la JP. Pablo tiene sangre dealcurnia, de Leopoldo Lugones, y es hijo de un gerente de banco intervenido por los militares (¿yquién baila ese malambo a través de Pablo, su abuelo y su padre?); Liza tuvo que nacer en México yaque sus padres se exiliaron. ¿Qué historia cuentan? ¿Qué recorte violento, incómodo, inmediato dela Argentina flota en la sala con tan impúdica furia? Aunque el punto de vista esté tomado deantemano (es inevitable) aquí sucede algo fascinante; algo en las antípodas de la farsa politiqueraque reina afuera. Es el cruce (siempre violento, siempre huidizo) entre la historia de un país y lahistoria de algunos individuos de un país. Es política de verdad, sin la bobera del embalaje. Esteatro.

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