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Pasos en el desván

Lástima que ya no hay desvanes. Bohardillas, digo. O en todo caso altillos, sotabancos, sobrados o no me acuerdo de cuántos sinónimos más. Hay que andar mucho, por barrios muy decaídos, para encontrar una casa grandota en la que allá arriba se adivina un espacio entre el cielo raso del último piso y el techo.

Pasos en el desván
23-08-2026 | 10:40

Lástima que ya no hay desvanes. Bohardillas, digo. O en todo caso altillos, sotabancos, sobradoso no me acuerdo de cuántos sinónimos más. Hay que andar mucho, por barrios muy decaídos, paraencontrar una casa grandota en la que allá arriba se adivina un espacio entre el cielo raso delúltimo piso y el techo. Un espacio en el que se puede adivinar todo. Un espacio de misterio, eso eslo importante. Ahora las casas se hacen con lo imprescindible, y lo imprescindible ha llegado a serdescartable. De los departamentos ni hablemos. En todo caso, si son caros carísimos y ampliosamplísimos, tendrán una cosa llamada baulera pero la baulera no es un desván, ni necesidad que hayde aclararlo. Para empezar, la baulera está en el sótano o en el estacionamiento subterráneo, y ahíno hay misterios sino olor a chapa y a aceite y, muy pocas veces, a naftalina. Para seguir, labaulera es para eso, para guardar baúles. Baúles, valijas, sillas plegables, bicicletas hasta quellegue el próximo verano, a lo mejor una caja de herramientas y un almohadón viejo. Para volver aseguir, la baulera no tiene ventanas: es una cosa compacta y sin ojos. Tampoco tiene oídos. Y paraterminar, es fría, cosas que son su inconveniente y su pecado más notables. La baulera es elpresente medio echado a perder: pareciera que tiene que venir el forense y dictaminar:“Espichó hace una semana”; perdón: “Falleció hace entre tres meses y cinco días apartir de la fecha”.
El desván, en cambio, es el pasado que florece. El desván es novelesco y, si me apuran,poético. Hay cajas llenas de viejas fotografías de señoras que nadie sabe quiénes fueron. Hay unmaniquí desconsolado. Hay un caballito de madera rengo y agujereado; un par de botasdescuajeringadas, un caleidoscopio que ha perdido sus piedritas de colores, una cámara fotográficadestripada. Y todo está cubierto de polvo y por las ventanas se ven el jardín, la costanera y másallá el mar. Pero sobre todo, hay que pensarlo de noche, cuando se oyen pasos suaves allá arriba enel desván y el pavor entra en los dormitorios. Abajo, la baulera bosteza. Arriba, alguien baila elvals del adiós.

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