•el escandalo en el congreso

Patas cortas, manos largas

De las denuncias de coimas y los conciliábulos clandestinos para frenar la investigación, se pasó al sopapo de Camaño a Kunkel. Perdieron todos.

Patas cortas, manos largas
24-08-2026 | 19:53

La gorda está loca: vive denunciando corrupciones y apocalipsis. La piba ya se puso la camisetade todos los partidos. La chupacirios es de derecha y está en contra del aborto y de los gays. Lapingüina es nuevita y no entiende las reglas del juego. Elisa Carrió, Patricia Bullrich, CynthiaHotton y Elsa Alvarez fueron descalificadas por lo bajo con esa fiereza. Los que acusaron a lascuatro acusadoras no tuvieron en cuenta un pequeño detalle: esas mujeres corajudas decían laverdad. Se les podrá hacer mil críticas pero, en este caso, tenían razón. Fueron honestas hasta elsincericidio, se negaron a mentir, resistieron el embate corporativo que dice sin decir:“Esto pasa siempre, chicas, no quieran inventar la pólvora”. Esta vez, latransversalidad se dio entre aquellos que por distintos motivos coincidieron en un extraña alianzaanti investigación. Figuras del kirchnerismo, el radicalismo, el macrismo y hasta(sorprendentemente) Margarita Stolbizer y la socialista Mónica Fein se asociaron para cerrar todaslas ventanas y dejar sin luz una sesión tan oscura.

Es cierto que nadie aportó pruebas para certificar que se produjo el delito de coima o quefuncionó la Banelco de Cristina. Pero también debe reconocerse que las cuatro diputadas hicieron lacrónica de un escándalo anunciado porque, como dijo Felipe Solá, esa “no fue una sesiónnormal”. Lo lógico para todo aquel que quisiera mantener limpio el buen nombre y honor delCongreso era investigar hasta las últimas consecuencias, incitar para que hablen los que callaron,dar garantías y apoyos a los que se atrevieron a decir lo que sucedió. La clausura abrupta de lastres cuestiones de privilegio, el ninguneo discriminatorio de lo revelado por “el grupo delas cuatro” fue una manera de no separar la paja del trigo, de que paguen justos porpecadores.
Ni el kirchnerismo ni el radicalismo ni el macrismo hicieron el mínimo esfuerzo paraestablecer qué más había pasado. Prefirieron mirar hacia otro lado.

Fue revelador observar cómo la macrista Laura Alonso fue ovacionada por los miembros del Frentepara la Victoria. Y cómo ella le dio un fuerte beso al diputado radical Juan Pedro Tunessi mientraslo alentaba, “muy bien, muy bien”. El legislador, en su ataque a Carrió, usóterminología cristinista cuando habló de “fusilamientos mediáticos”. Dos altas fuentesde PRO confirmaron a PERFIL que los cuatro diputados que se fueron del recinto y apagaron suscelulares “jamás plantearon diferencias políticas” y que, más allá del acuerdo para darpor superado el entredicho en el bloque, las ausencias “fueron inexplicables”, comodijo Federico Pinedo en caliente y ratificó después al no avalar el voto de Alonso, que desechó lasdenuncias en la Comisión de Asuntos Constitucionales. Tunessi no se preguntó ni mostró suindignación por los diputados radicales de Catamarca y Río Negro que abandonaron el recinto pororden de sus gobernadores o por los argumentos insólitos que dieron algunos correligionarios de subancada, que desaparecieron.

Ya se sabe que en una guerra la primera víctima es la verdad. Tal vez por eso, simbólicamente,el repudiable cachetazo de Graciela Camaño a Carlos Kunkel vino a poner un broche de vergüenza atono con el nivel de agresividad y violencia verbal con que los legisladores se acusaron unos a losotros. Esa batalla campal ya se derramó hacia el sector más politizado de la sociedad. Han sidocontaminados con ese veneno tanto los que apoyan a CFK como quienes la combaten. La muerte deNéstor Kirchner mostró ese fenómeno multiplicado en los mensajes en las radios, en las puteadas yamenazas callejeras o en la Web a puro posteo francotirador o twitteo insultante. Muchos debieroncensurar (o directamente cerrar) los mensajes de sus propios oyentes y lectores porque el nivel derencor era casi una incitación a la violencia física. Con el sopapo de Camaño pasó lo mismo. Hubocataratas de mensajes grabados en los programas y radios oficialistas que caracterizaron de“fascista” la actitud de Camaño, como propuso Agustín Rossi. En las emisoras máscríticas las voces elevaban a Camaño a la categoría de campeona mundial de todos los pesos.“Fue una piña bien puesta”, volcó Chiche Duhalde. “Una bofetada divina, depelícula americana”, pifió Elisa Carrió. “Ni siquiera lo noqueó”, bromeó con malgusto Macri. Nadie advierte sobre los peligros de que este tipo de castigos por mano propia semultipliquen y generen graves derivaciones. ¿Que pasaría si Diana Conti, por ejemplo, le metierauna piña a Julio Cobos o a Solá?

Los opositores perdieron una gran ocasión para profundizar el modelo de reclamar transparenciapara las acciones del Gobierno. Tapar, ocultar, sólo beneficia a los delincuentes de la política.Los que tienen una trayectoria limpia (que son muchos, por suerte) deben pelear para extirpar a losque utilizan la democracia para enriquecerse o para inaugurar obras en sus provincias a cambio deconvicciones. Aprietes y cooptaciones hubo siempre, pero llegaron al clímax y deben ser denunciadossi se pretende recuperar el entusiasmo de las grandes mayorías (no sólo de la militancia) por laética republicana. El policía honesto, siempre se ha dicho, tiene que colaborar para exonerar alque mancha el uniforme. Pasa lo mismo en todas las profesiones y oficios. En el periodismo, esto seelevó a la enésima potencia. Desde que desembarcó el kirchnerismo, cada vez hay menos espacio parael periodismo independiente. Todos los días hay más operadores políticos que disfrazan las noticiaspara usarlas como armas de destrucción masiva en ambos rincones del ring. Cada uno lleva agua parasu molino.

El debate a cielo abierto y de cara a la sociedad siempre es bienvenido. Se trata de unextendido y recurrente reclamo surgido a partir de que el kirchnerismo hiperconcentró el poder yrechazó todo tipo de diálogo. La conversación entre distintos es el pulmón por donde respira lademocracia. Pero estos días, la opinión pública asistió asombrada a la versión degradada de labúsqueda de acuerdos. La que ocurre clandestinamente entre gallos y medianoche y no puede serconfesada en público porque se basa en propuestas indecentes, mecanismos extorsivos, perversos einmorales. Y en algunos casos ilegales.

Moraleja: las manos limpias no alcanzan para gobernar, pero son una condición necesaria paraconstruir liderazgos políticos genuinos. Los argentinos ya probamos el “roba pero hace”y comprendimos que esa malversación, como la mentira, tiene patas cortas.

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