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Pedí tres deseos

¿En qué momento fue que los razonables ateos integrales nos volvimos pasmosa minoría, e incluso objeto de burla de los esquizofrénicos creyentes?

22-08-2026 | 10:47

En qué momento fue que los razonables ateos integrales nos volvimos pasmosa minoría, e inclusoobjeto de burla de los esquizofrénicos creyentes?
Hace unos días, en plena fantasía ariana (ilusión lisérgica de los que creen en astros), fuemi cumpleaños. Ibamos de gira, así que me vi festejando en tres lugares diferentes (Bratislava,Brno, Praga). De tanto repetir el rito (y una más al volver a casa) me agobió el peso de lasuperstición. Y eso que soy un tipo dispuesto a jugar a cualquier cosa. Pero nunca puedoconcentrarme en el ritual de los deseos. Que son tres. Porque sí. Porque es más mágico. Las velasarden, todos gritan para evitar el chorreado sobre la chocotorta y uno debe pensar tres cosas confuerza. Lo hago porque vivo en una sociedad psicótica. Pero hace tiempo que frunzo el ceño, elevouno a uno los dedos de la mano, primero el pulgar, después el índice y finalmente el mayor, y soploel velamen sin haber pensado nada. Ultimamente me he refinado; no sólo no pienso nada sino que aveces deseo cosas muy concretas, que bien podrían ocurrir sin tan divina intervención: que no mecorten el gas, que florezca la Santa Rita, que el frío mate al mosquito del dengue. La última vezpedí un calefón para Vivi, que me lo sugería a los gritos. ¿Un desperdicio? Me parece más coherenteque pedir paz en el mundo, el desarme mundial, amor en general, o un Oscar de la Academia. Antessolía pedir sistemáticamente “que no me muera este año”, pero ahora me parece que undeseo que se expresa en negativo no es un buen deseo.
Exagero, ya sé. Pero muy frecuentemente (mientras el mundo moderno se torna medieval) se nospiden explicaciones por no creer en lo que no ocurre según causa y efecto. Me cuesta ver larelación causal entre la velita y la paz en el mundo, y todos a mi alrededor, lejos de felicitarmepor mi suspicacia, más bien me hacen sentir que soy la peste, se ofenden, o juran no venir más a mifiestita.
Fue también el tema de mi última obra: ¿por qué toda religión deviene superstición? Lapresentamos en Berlín y hubo debate. Tuve que dar explicaciones a un espectador muy indignado conlo ofensivo de la tesis. ¿Ofensivo? ¿Y si me empiezo a ofender yo por la sarta de mentiras que nosquieren hacer creer a la gente razonable? ¿Y si me resultan un poco ofensivas las guerras ymasacres que en nombre de sus dioses organizan estas irracionales fes? ¿Cómo fue que las nacionesse volvieron católicas, musulmanas, judías? ¿Cómo es que un presidente como Bush, por ejemplo, debejurar por su “fe en Dios”? ¿Qué disparate léxico es ése, y cómo es que ya nadie parecedispuesto a denunciar la aberración?
La fe es una cosa abominable. No esa fe ideal, inofensiva, que –atravesando losequívocos del tiempo– nos llega con connotaciones cariñosas: “Deseá algo con fuerza,que a lo mejor se te cumple”. Me refiero a lo que realmente significa la fe religiosa: lacreencia disparatada en un dogma cualquiera, hecho de mentiras y literatura forjadas por poderestradicionales, establecidos para la dominación y el control de masas.
Para los que estén tan indignados como yo, vean la película de Larry Charles Religulous, unamezcla de “religiuos” y “ridiculous”, en la que un razonable Bill Maherentrevista a creyentes. Mormones, judíos, chantas, católicos, musulmanes, camioneros yprotestantes, todos son puestos en justo ridículo a la hora de distinguir fe de esquizofrenia,terquedad de literatura. La naturalidad con la que fracasa el malévolo plan de la fe en estapelícula ha renovado un poco mi fe en la especie humana.

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