•costos y distribucion del ingreso

Peligro: nos vuelve a gustar la inflación

Decir que la suba generalizada de precios no afecta el crecimiento es lo mismo que argüir que los cigarrillos no afectan la salud porque mi abuelo fumaba tres atados por día y vivió hasta los 90.

24-08-2026 | 13:45

La Argentina del 2010 se está recuperando a muy buen ritmo de la recesión del 2009. Este rebotese debe, como ya comentáramos, a una extraordinaria performance del sector agropecuario después dela sequía devastadora de la campaña anterior; a un Brasil que, por su propio rebote, es unaaspiradora de automóviles, autopartes y otros insumos industriales importantes; a un escenariofinanciero global que, hasta hace un par de meses, lucía tranquilo; y a un sector público que haexacerbado su gasto y que ahora no sólo se financia con impuestos y con lo que le queda de la Anses–que este año ya será deficitario en sus flujos– sino que, además, utiliza reservas yemisión del Banco Central.

En los primeros cinco meses del año, la combinación de todos estos factores ha brindado unescenario de fuerte crecimiento y de un salto en el ritmo de la inflación, ya instalada en unentorno del 25% anual –y, lo que es más grave, con expectativas de inflación superiores a eseguarismo–, y con negociaciones paritarias que ya no miran la inflación pasada y procuran“ganarle” a la inflación futura.

Mientras esto sucede, las contradicciones reinan en el relato oficial, cómodo en esteescenario.

Ahí comparten el mismo párrafo frases como las que siguen: “La inflación es un problema depoca oferta para satisfacer la demanda. Es necesario alentar la inversión, por eso vamos a darcrédito a tasa fija con emisión del Banco Central”.

Otros ejemplos: “La confianza en el futuro de la economía argentina hace que crezcasostenidamente la inversión”. “La inflación no se relaciona con la política monetaria ycambiaria.” “No se puede acelerar la devaluación, algunos dirigentes ignoran el efectodel dólar alto sobre la inflación.” “Los aumentos salariales no originaninflación.” “Apelamos a la responsabilidad sindical para que no desborden los pedidosde aumento salarial, hay un límite.” “Vamos a aumentar los salarios en el sectorpúblico el 23% para no fogonear expectativas de inflación desmedidas.” Etc., etc.

Todo esto se dice al mismo tiempo y, a veces, hasta por la misma persona.

Esta misma confusión se ha trasladado, lamentablemente, a varios analistas y políticos quesostienen, en la Argentina del Bicentenario, que no están probados los efectos devastadores de laalta inflación, la corrupción, y la debilidad de las instituciones sobre el crecimiento económicode largo plazo, la distribución del ingreso y la calidad de vida.

También ellos –nosotros– se sienten cómodos en medio de la inflación. No alcanza, alparecer, con el retroceso relativo de nuestro país frente a quienes han seguido otraspolíticas.

No alcanza, tampoco, con el hecho de que gran parte de la región crece más que la Argentina,pero con tasas de inflación bajísimas y con genuinas mejoras en la distribución del ingreso.

Argumentan, en cambio, que en la historia hay casos de países de supuesto éxito con altainflación y corrupción. Pero alegar que no está probado que un contexto de alta inflación y decorrupción generalizada afecta el crecimiento económico de un país y la prosperidad de sushabitantes es como sugerir que no está probado que el cigarrillo afecta la salud porque “miabuelo fumaba tres atados por día y vivió hasta los 90 años”.

Y a este escenario complejo de mediano plazo se le suma uno internacional que esta cambiandomoderadamente, pero que puede empeorar aun más violentamente. El panorama financiero global se haenrarecido desde la crisis del euro y desde que los motores del crecimiento global –China,India, el propio Brasil– empiezan a notar efectos no deseados en su crecimiento, lo que losestá llevando a levantar el pie del acelerador.

A su vez, la menor demanda europea, la caída del precio del euro y la suave devaluación del realhacen que el tipo de cambio de la Argentina, descontado el diferencial de inflación, luzca menoscompetitivo.

Los sacudones financieros impiden, al menos por ahora, acceder al mercado de capitales parafinanciarse. En síntesis, un gobierno confundido que ha perdido la brújula macro –si algunavez la tuvo– con una economía creciendo en alta inflación. Y una sociedad que está empezando,otra vez, peligrosamente, a “tomarle el gustito” a la droga de la inflación,subestimando las consecuencias sobre la distribución del ingreso y el crecimiento de largoplazo.

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