•RECONCILIACION FRANCOALEMANA

Perdón a los culpables

24-08-2026 | 15:24

Castigar a quién? ¿A criminales individualizados, a colectividades cómplices, a grupos deindividuos herederos de aquellos criminales o, con mayor frecuencia, de aquellas colectividades?Resulta chocante que algunos asesinos y torturadores, todavía vivos, puedan llevar una vidatranquila y confortable. Sin duda, buscarlos, perseguirlos, detenerlos y someterlos a juicio, seríamostrar respeto por la memoria de las víctimas y por la de los sobrevivientes. Seguramente fuenecesario que existiera un Simon Wiesenthal, una Beate Klarsfeld, para detectar y atrapar a loscriminales, aun envejecidos. Pero no estamos obligados a admitir que esa es la traducción másfecunda de la memoria en acción. El pedido de justicia puede estar unido de dos maneras diferentesa la memoria: Barbie podía permanecer en Bolivia sin que las torturas y las deportaciones cayeranen el olvido. Hacerle un juicio a Maurice Papon pudo tener como objetivo llamar la atención sobrealgunas complicidades que la nación en la que se produjeron se niega a tomar en consideración. Detodas formas, la sanción exigida por los crímenes del pasado y las complicidades del pasado, sóloes legítima si no se yuxtapone a la indulgencia ante los crímenes de hoy: un gobierno que exalta lamemoria a través de un juicio, pero permanece silencioso frente a las matanzas que se perpetran enotros países, no manifiesta un sentido muy profundo de la justicia.

El grado de culpabilidad de una colectividad étnica, religiosa o nacional, merece discutirse,siempre que se recuerde el momento en que el crimen fue cometido, siempre que se evite tornarartificialmente homogéneo al grupo, mediante el recurso simplificador del artículo determinado: losmusulmanes, los católicos, los turcos, los alemanes. Pero en general, la memoria se sigueejerciendo cuando el crimen ya es viejo, en todo caso, más viejo que la mayoría de las personasvivas pertenecientes al grupo culpable.

La cuestión de la culpa hereditaria no se superpone al problema mucho más difícil del perdón.Sólo existe grandeza en el perdón de la víctima al verdugo, del torturado al torturador, se tratedel perdón otorgado al criminal triunfante en nombre de un amor ilimitado, o del perdón quebeneficia al criminal vencido, porque la víctima no tiene interés en vengarse, ni siquiera decastigar, y ve a su verdugo como un producto de condicionamientos que lo llevaron a proceder así.Pero el perdón no está a disposición de los sobrevivientes, de los que no fueron víctimas. Elperdón es también algo que puede pedir el culpable. No sólo para obtener una remisión de lacondena. Mejor: para proclamar su falta y pedir ser relevado de ella. Es lo que el creyente le pidea Dios, no sin haber perdonado antes a quienes lo ofendieron a él. Se trata de ofensasinterpersonales. En el caso de las colectividades, la situación es diferente: la cuestión de unperdón que se concede a los herederos de un grupo criminal no debería plantearse. No hay nada queperdonarles a los jóvenes alemanes o turcos de hoy: sólo se les debe exigir que tengan concienciade los crímenes infligidos anteriormente, en nombre del pueblo al que pertenecen, a otro pueblo, alque esa memoria debería llevar a conceder un respeto especial. En cambio, el pedido de perdón poseeuna verdadera grandeza cuando es formulado por un inocente que se solidariza con una faltacolectiva, e incluye en su pedido hasta a los herederos de la colectividad culpable. Eso ocurriócuando Willy Brandt se arrodilló ante el monumento del Gueto de Varsovia.

Las confusiones sobre el concepto de perdón oscurecieron el concepto de reconciliación. Resultaabusivo hablar de reconciliación franco-alemana en cuanto a la segunda posguerra, y más aún dereconciliación entre judíos y cristianos, como las Iglesias lo hacen últimamente con frecuencia. Sesugiere una idea de reciprocidad en la ofensa que llevaría a la reciprocidad de un perdón. PeroFrancia no le hizo ningún daño a la Alemania de Hitler y ¡tampoco se ve realmente que los judíostengan que ser perdonados por los cristianos! Hablar de reconciliación era más legítimo paraFrancia y Alemania durante los años veinte y, sin duda, lo es para los israelíes y los palestinosde hoy. Argumentar sobre la culpabilidad, sobre la falta colectiva, su memoria, las ideas de perdóny reconciliación, supone que se le otorgó un valor a una actitud intelectual: la búsqueda decoherencia en el juicio moral, antes que en el análisis.


*Politólogo, sociólogo y periodista alemán. Autor del libro El Crimen y la Memoria (Ed. El Ateneo).

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