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Periodismo y plusvalía

El domingo pasado, Roberto Guareschi presentó y analizó en este mismo diario, bajo el título “¿Pero roban o no roban?”, una discusión que tuvo lugar en el Monaco Media Forum y que reunió a Mathias Döpfner (CEO de Axel Springer) y a Arianna Huffington, cofundadora y editora jefa del The Huffington Post, uno de los más destacados sitios actuales de periodismo digital.

23-08-2026 | 21:45

El domingo pasado, Roberto Guareschi presentó y analizó en este mismo diario, bajo el título“¿Pero roban o no roban?”, una discusión que tuvo lugar en el Monaco Media Forum y quereunió a Mathias Döpfner (CEO de Axel Springer) y a Arianna Huffington, cofundadora y editora jefadel The Huffington Post, uno de los más destacados sitios actuales de periodismo digital. Lamoderadora del panel fue Christine Ockrent, una de las más famosas periodistas de la televisiónfrancesa, presentadora estrella, en los años ochenta, de uno de los noticiarios de la noche. En suintroducción, Christine Ockrent dijo que se iba a discutir sobre contenidos, sobre las noticias,“probablemente uno de los contenidos cuya producción es más costosa, y altamenteperecedera”. La flecha indicando el centro de la discusión estaba trazada: los medios delperiodismo tradicional (gráfico o televisivo) enfrentan altos costos de producción, mientras que elperiodismo digital produce poco o nada, y se limita a “levantar” noticias de múltiplesfuentes. Durante el debate, Döpfner señalará que el gran error de los diarios ha sido dar accesogratis a sus contenidos.
Bueno, el lector habrá podido leer (o puede hacerlo entrando gratis en:http://www.perfil.com/contenidos/2009/ 11/14/ noticia_ 0045.html) el sabroso relato que haceGuareschi de esa polémica, que él califica de “educada y rabiosa”. Lo que aquí meinteresa es que ese panel del Monaco Media Forum invita a hacer algo que, de cuando en cuando,resulta saludable: volver a las fuentes.
“La expresión relativa del valor de la mercancía es siempre incompleta, pues la serieen que toma cuerpo no se acaba nunca. La cadena en que cada ecuación de valor se articula con lasotras puede alargarse constantemente, empalmándose a ella nuevas y nuevas clases de mercancías, quesuministran los materiales para nuevas y nuevas expresiones de valor (…) Como aquí la formanatural de cada clase concreta de mercancías es una forma equivalencial determinada al lado deotras innumerables, sólo existen formas equivalenciales restringidas, cada una de las cualesexcluye a las demás. Y lo mismo ocurre con la clase de trabajo útil, concreto, determinado, que secontiene en cada equivalente especial de mercancías: sólo es una forma especial, y por lo tantoincompleta, del trabajo humano” (Marx, El capital, vol.1: p. 30). Si miramos sólo unfragmento (por ejemplo: acceso pago/acceso gratuito a los contenidos informativos) de la cadenainfinita de generación capitalista de valor agregado, estamos planteando mal el problema (o tal vezquien lo hace sólo está planteando su problema, como muy bien lo subraya Guareschi a propósito deMathias Döpfner: éste “supone que si no es negocio para los medios tradicionales no lo serápara nadie”). Es verdad que cualquier discusión relativa a las condiciones determinadas de unnegocio sólo puede abarcar un fragmento de la cadena de creación de valor. Pero entonces habría quepreguntarse si los lugares de producción de plusvalía no se están acaso desplazando, y lo queocurre es tal vez que algunos actores, como resultado de la evolución tecnológica, se encuentran degolpe en el luen el lugar equivocado. Guareschi relata que Döpfner, en un momento de la discusión,dijo que la gratuidad es “un producto de comunistas”, que “asocian gratuidad condemocracia”.
En este contexto, dos grandes lecciones de Marx: que la economía capitalista excluyeprecisamente el concepto de ‘gratuidad’, porque en la cadena de creación de valor (quehoy podemos describir como un sistema auto-organizante y auto-reflexivo) no se corta ningúneslabón. Y que cuando se lee la plusvalía como confiscación, resultado de la explotación históricade unos seres humanos por otros (o sea como resultado de las relaciones de poder), se vuelvevisible una insoportable paradoja, porque el dispositivo reposa al mismo tiempo en el principio dela igualdad entre todas las formas del trabajo humano. La paradoja sigue estando en el centro delos sistemas políticos democráticos.
Las condiciones, materiales y profesionales, de producción de esa mercancía que la historiamoderna ha llamado la información, están desplazándose, en cierto modo dispersándose. Discutamosentonces sobre cómo es y cómo debiera ser el producto información en el nuevo contexto, a fin dedefinir criterios para evaluar los cambios en las condiciones de creación de valor agregado. Y (sieso nos tranquiliza), tengamos presente que en las sociedades en que vivimos nada es gratis.
¿Qué decir de la actitud de muchos responsables de medios tradicionales? Al fin y al cabo eshumano y comprensible que cuando cobramos conciencia de que vamos a perder el control de algo,tendamos también a perder la paciencia.

*Profesor plenario Universidad de San Andrés.

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