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Pobres, pero manipulados

Terminar con la pobreza no es una cuestión de meses ni de un período presidencial. Aunque las cifras del INDEC fueran creíbles y no un conjunto de números inventados (cuando se publican) de acuerdo a la conveniencia del Gobierno, detrás de las estadísticas hay una realidad mucho más dura de la que marca un índice que puede ascender o descender diez puntos en poco tiempo.

23-08-2026 | 08:31

Terminar con la pobreza no es una cuestión de meses ni de un período presidencial. Aunque lascifras del INDEC fueran creíbles y no un conjunto de números inventados (cuando se publican) deacuerdo a la conveniencia del Gobierno, detrás de las estadísticas hay una realidad mucho más durade la que marca un índice que puede ascender o descender diez puntos en poco tiempo. Se suelereducir la pobreza a una famosa “línea”, tan imaginaria como el límite entre loshemisferios. Así se llega a decir, por ejemplo, que un punto más de inflación crea miles de nuevospobres aunque los ciudadanos involucrados en esos cambios de categoría no se enteran de ello. Engeneral, eran pobres antes y seguirán siendo pobres después, se mida su condición por el ingresofamiliar o por el consumo de bienes, como ahora se les ha dado a los funcionarios por discutir. Enun país en el que los universitarios son hijos de universitarios, en el que una parte importante dela población no está capacitada para desempeñar tareas moderadamente complejas y en el que lamovilidad social ascendente es muy dificultosa desde hace décadas, la pobreza no es sólo un asuntograve sino permanente, que poco tiene que ver con las crisis de 2001 o de 2008 ni con la aplicaciónde más o menos retenciones a la soja. La verdad es que en la Argentina la pobreza es endémica ygeneralizada. La falta de oportunidades y la mala calidad de vida hace que muchos trabajadores seanpobres más allá de sus salarios circunstanciales y otros tantos miembros de la clase media seanpobres más allá de sus aspiraciones y de su sentido de pertenencia.


Pero esos niveles profundos y estructurales de pobreza están acompañados por un tratamientosuperficial y oportunista del tema. La pobreza no es fácil de eliminar, pero se podría eliminar almenos el discurso fácil sobre la pobreza. Es cierto que a las iglesias o a las organizacionescaritativas se les da bien hablar del tema. Nadie les pide precisión en los números ni estánobligadas a formular políticas para corregirla; les basta, en cambio, señalar sus resultados másagobiantes. Pero en medio del clima crispado que nos envuelve, los dirigentes políticos (incluyo alos empresarios y sindicales) suelen orillar una prédica obscena. En la oposición, donde personajesque toda su vida pensaron que pobres hubo y habrá siempre, descubren, de pronto, el“escándalo de la pobreza”; en el oficialismo, donde los más altos funcionarios nieganla realidad y proclaman que el problema no son los pobres sino los ricos o que no importa que hayapobres mientras se elimine la inequidad, como si pensaran con alegría en un futuro con cuarentamillones de miserables aunque, eso sí, todos parejos (salvo, posiblemente, quienes viven en ElCalafate). Ambos discursos son manipuladores y ofenden a los pobres, que deberían tener, al menos,el derecho de no estar en boca del todo el mundo.
Por eso, sería buena una tregua que proscribiera por un tiempo el uso de la palabra“pobreza”. Por lo menos hasta que se demuestren intenciones serias de superarla. Peroasí como la encendida discusión actual es una pérdida de tiempo, es urgente hablar del hambre y laindigencia. El hambre se puede evitar a corto plazo y se pueden satisfacer las necesidades másprimarias de la población. Y allí sí, la propuesta de una asignación universal a la infancia es unapolítica concreta que no sólo el Gobierno, sin también varios partidos de la oposición se niegan aconsiderar para perpetuar, en cambio, mecanismos clientelares, burocráticos y discriminatorios. Laasignación universal es factible en términos presupuestarios y constituye, además, un pasoimportante hacia la inclusión social. En cambio, es hora de tomar nota del fracaso e incluso de lainconveniencia de dictaminar quién es pobre y quién deja de serlo e instrumentar los forzadosplanes focalizados. Un ejemplo de fracaso anticipado es el reciente anuncio de la Presidenta sobrela creación de cooperativas de trabajo, que resulta una alternativa parcial y onerosa, destinada acrear empleo precario y militancia cautiva y a multiplicar la multitud parasitaria de pobrólogosque proliferan en municipios y reparticiones.

*Periodista y escritor.

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