•la mirada DE ROBerto garcia

Poco fuego, mucho humo

No parece que haya tanto fuego. Sin embargo, hay demasiado humo. Tal vez contaminante, como el residuo venenoso que taló la vida de centenares de víctimas en Cromañón.

23-08-2026 | 20:53

No parece que haya tanto fuego. Sin embargo, hay demasiado humo. Tal vez contaminante, como elresiduo venenoso que taló la vida de centenares de víctimas en Cromañón. Uno no acepta el peligroporque lo ignora, como los chicos: ¿quién podía prever la fatalidad extrema del humo en eseboliche? Más bien, en todo caso, se temía por el fuego. Los grandes, a su vez, suman otroingrediente a la ignorancia: como muchos provienen de otras décadas, en las que había más fuegoletal que humo, se consideran con experiencia suficiente para devaluar lo que ocurre en unasociedad neblinosa, a la que le cuesta ver, y es una irritada báscula entre categorías primariascomo la del miedo y la del castigo. Amparos, además, del maniqueísmo blanco o negro, amigo oenemigo, que forja calamidades a partir de que unos rechazan esa eventualidad y otros imaginan esosacontecimientos como si fueran vacaciones. Patología argentina recurrente.

Por 15 días locos
Un compendio sencillo sobre hechos escalonados en los últimos l5 días (paros, acampes,cortes, declaraciones, amenazas, imputaciones, insubordinaciones múltiples, la curiosidad de quelos gobiernos de cualquier índole espíen a los ciudadanos) sólo retratan el estado febril de ungrano que no se sabe si explotará o, finalmente, se absorberá en el cuerpo enfermo. Ni unantibiótico en la superficie, sólo aportes para complicar el cuadro. Por citar algunos: ElisaCarrió advierte sobre un diciembre violento y recorre embajadas para alertar sobre los Kirchnercomo si éstos fueran Rosas y ella Urquiza reclamando asistencia a Brasil para derrocarlo; algunosgrupos “sociales” anticipan jornadas revolucionarias, otros no menos“sociales” afirman estar dispuestos a defender la otra “revolución”(ciertos cínicos de la realidad sostienen que esos núcleos sólo demandan más tajada dineraria paramantenerse y crecer); Aníbal Fernández, una fuente inagotable de titulares periodísticos, no dejade advertir sobre conspiraciones en marcha, jura que “no nos van a sacar” y menos“no nos vamos a ir”; Hugo Biolcati diagnostica que la ira del pueblo, de su pueblo,proviene de la ira del Gobierno; la nueva política de Mauricio Macri se involucra en un caso de“escuchas” deplorable con sospechas varias, pero multitud de afectados; los artistasfamosos que más lideran el pasatismo televisivo de pronto se comprometen a su modo, sencillamente,contra la epidemia del delito y por ese atrevimiento son acusados de “ricos”; laPresidenta reduce los conflictos a un solo enfrentamiento, al que ella protagoniza con el GrupoClarín (uno, que lidió con el multimedio por décadas mientras los Kirchner jugaban a las muñecascon el “monopolio” –palabra que no les corresponde por otra parte, autoría quizásde Julio Ramos– y se intercambiaban favores mutuos en detrimento de otros); por si noalcanzara este festival diario, después de prometerse que a pesar del diálogo nunca sefotografiaría con Luis D’Elía o Emilio Pérsico (una mañana reciente, en la cúpula de la CGT),Hugo Moyano se allana a esa instantánea antes prohibida con rostro risueño y amenazante que loaparta y enemista con dirigentes sindicales afines. Es que pocos disfrutan con la promesa deconvertirse en soldados para proteger la calle y al Gobierno, ya que esa decisión para reclutarvoluntades para la defensa también implica acumular lanzas que pueden pasar al ataque. Para quienguste de las palabras para calificar este cuadro, abundan en el diccionario y empiezan con la mismaletra: insensatez, intolerancia, impotencia, inmadurez, impaciencia.

Espejitos y abanicos
Sobran en los medios comentarios sobre la furia oficial, también sobre sus miedos, su actitudpermisiva ante ciertos reclamos (por ejemplo, el modo en que resolvió, entregando, lo que antes lesnegaba a los grupos que acamparon en la 9 de Julio), contratando voluntades, ofreciendo espejitos,fingiendo que hasta controla lo que inesperadamente se le ha descontrolado. En cambio, poco sehabla del entusiasmo reivindicativo que gobierna a ciertos espíritus, unos acosados por la venganza(la derecha, dirían en Olivos) y otros presuntamente progresistas porque, desde la demanda social,el encuadramiento de los gremios o la exoneración de delegados sindicales, sienten que la hora losllama para una gran aventura congelada desde el siglo pasado. Como a Lugones con la espada, aunquecon sentido inverso. Otra argentinidad: suponer lo que no son, prender inútilmente una maderaempapada. Eso sí: generan humo. Mortal, tal vez.
Es notable la cantidad de sellos y etiquetas que hoy distinguen al abanico“social” de la izquierda –casi un éxtasis si un burocrático registro de marcascobrara un canon por esa existencia–, buscadores de planes rentados y otros subdisios paracubrir lo que el Estado no cubre en los sectores menos favorecidos. O para aumentar esadependencia, como hicieron los sindicatos con la salud cuando los hospitales y la medicina públicano alcanzaban para satisfacer necesidades. Empezaron como apéndices, según la ley de obrassociales, terminaron dominando el sistema (5 millones de almas).
Hay quienes desconfian de esa pretensión loable, tanto como de la del movimiento obrero en sumomento. Suponen que esa multiplicación de agrupaciones “sociales” persigue un finpolítico, incluso superior a la modesta cobertura que el Gobierno se guarda para sí, con afánprotector de sus intereses (y estabilidad). Sin embargo, si crece, hasta puede ser opuesta a losdesignios oficiales, evidencia que ronda en las cabezas de Olivos ante su desesperación por nopoder sujetarlos en la calle. No faltan antecedentes de quienes, en el pasado, fomentaron esasmovilizaciones de postergación social para un ulterior fin político, el propio. Basta con lasimpleza del generoso estribillo “qué lindo que va a ser el Hospital de Niños en el SheratonHotel”.
Casi un lugar común, local y minúsculo como dato, que tampoco revela el curso de la afiebradasituación de hoy. Ya que este tipo de experiencias ha tropezado, aun en la alegría de sufortalecimiento partidario, con límites: el propio Estado (o los contribuyentes) que los alimenta.O que les concede pasivamente. Si uno toma el ejemplo del puente de Gualeguaychú (cerrado hace másde tres años), bien podría imaginar que, por falta de intervención en los subtes –no olvidar,un servicio público, “subtes para todos”–, en la Argentina pueden dejar defuncionar sine die. Con complacencia o no del Estado por el reclamo, la pregunta se impone: ¿quétipo de revolución se inicia a partir de que la gente no pueda transportarse bajo tierra? El mismosentido se le puede otorgar a la sucesión incrementada de cortes de avenidas y autopistas, alflorecimiento de nuevos acampes, ¿se supone que ese desborde –más las declaracionesad-hoc– inducen a un proceso revulsivo o simplemente al establecimiento del caosciudadano?

Acción y objetivos
Hace años, ni vale la pena recordar la cantidad, como periodista tuve la oportunidad deentrevistar en la clandestinidad a un dirigente tupamaro en el Uruguay, entonces un Movimiento deLiberación Nacional pacífico y original, que no abjuraba de la lucha armada, pero que en lapráctica sólo realizaba asaltos a bancos, fugas de la cárcel o les robaba el oro a los millonariosde sus cajas fuertes. Casi simpáticos. En aquella ocasión, durante una charla en motocicleta y enuna plaza pública de Montevideo, el guerrillero urbano me entregó un documento reconociendo laautoría del secuestro de un funcionario de la Embajada de los Estados Unidos (Claude Fly).
Casi ingenuamente, le pregunté a este guerrillero sobre el objetivo militar y político quepresidía ese tipo de actos, y me respondió para darme aproximadamente el pensamiento del consejodirectivo del MLN: deteriorar al máximo al gobierno uruguayo para lograr la intervención castrensede la Argentina y Brasil para que, luego, el pueblo se levantara contra esa invasión. Era obvio quesu referencia de entonces era Vietnam, más seductora que el modelo soviético de Cuba.
Discutimos al respecto, por entonces podía ser osado, pero también racional, no congeniamos ymás tarde le referí al abogado –defensor de presos Tupamaros y proclive a laorganización– que me había combinado la entrevista, mi impresión disparatada sobre esapropuesta tupamara.
Ocurre, me refirió el abogado, que la organización ha pensado más en la acción que en elobjetivo y que esa acción, finalmente, tiene un techo: no se alcanza el poder a través desecuestros, asaltos o golpes tipo Robin Hood. Y, si se lo logra, el daño consiguiente a la sociedadpuede ser incalculable.

Fuego democrático
Después de pérdidas irresponsables, Tupamaros optó por un camino democrático y se distanciódel fuego. Hasta alcanzó el poder y hoy uno de sus ex jefes, como Pepe Mujica, es candidato apresidente. Habrá que ver cómo otros países se apartan del mínimo fuego y del terrorífico humo, tanasfixiante que obliga a arrastrarse por el piso para sobrevivir. Ya que, literalmente, puedematar.

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