La liebre saltó con la denuncia de Hillary Clinton, cuando en la interna demócrata se enfrentó asu actual jefe y entonces rival, señalando la condición florida de sus discursos, que presuntamentelo inhabilitaría para gobernar los Estados Unidos. “Se hace campaña con poesía, pero segobierna con prosa”, acusó.
Efectivamente, los discursos de Obama los escribía (los escribe) Jon Favreau, un poeta de 28años. En Argentina, los discursos de los políticos los escriben periodistas o, si se busca unperfil idóneo, algún especialista en marketing. No está mal el encargo, pero es visible que esosprofesionales asumen de antemano el criterio de brindar servidumbre verbal a quien los contrata. Unpoeta, en cambio…cualquiera sea la clase de poeta que se contrate, tiene una relaciónparticular con el lenguaje. El lenguaje no es su instrumento, sino su primera materia, el objeto dedonde extrae todo sentido, algo que está fuera del circuito de la comunicación inmediata, una perlaque no se obtiene de antemano. Retomando. Alguien podrá pensar que, si el arte de la redacción dediscursos es una práctica subordinada y elemental dirigida a que el político que busca capturarvotos cautive a su electorado, Obama se equivocó al elegir a un poeta, y que habría captado mayorcantidad de votos de haberse limitado a pronunciar discursos convencionales. Pero esa es una manerasimplista de pensarlo. El lenguaje es una cárcel, rige nuestros destinos, nos da forma cuandonacemos y nos despide cuando morimos. Y muertos nosotros, el lenguaje sigue. Por eso, no esindiferente quien escribe para un político, porque la lengua que maneje el escriba será la víboraque destilará su primera ponzoña sobre el oído del hombre destinado a proclamarla para todos.Idealmente, un poeta excepcional hará que su lenguaje excepcional percuda de tal manera al hombreque leerá sus discursos, que el primer objeto de su transformación será el político, y luego, elmundo, quizá seguirá el rumbo. Pruebas al canto, aunque sean de signo contrario: las ficcionesreligiosas que circulan por el planeta logrando efectos reales; el primero de los cuales, que ennombre de la palabra de un abstracto Señor la gente se mate una a otra.
*Periodista y escritor.




