Poetas y películas

Compro el número de septiembre de El niño Stanton (“revista de poesía y arte”), en parte porque viene con un DVD de Marilyn Contardi sobre Juan L. Ortiz. La película incluye un notable fragmento donde el poeta, ya anciano, se aleja con gracia chaplinesca por un sendero del bosque. La directora cuenta que mucho tiempo más tarde, en otro rodaje, intentó repetir la toma en el mismo lugar con un personaje diferente, pero la magia había desaparecido como parte del aura de Juanele.

Poetas y películas
22-08-2026 | 01:20

Compro el número de septiembre de El niño Stanton (“revista de poesía y arte”), enparte porque viene con un DVD de Marilyn Contardi sobre Juan L. Ortiz. La película incluye unnotable fragmento donde el poeta, ya anciano, se aleja con gracia chaplinesca por un sendero delbosque. La directora cuenta que mucho tiempo más tarde, en otro rodaje, intentó repetir la toma enel mismo lugar con un personaje diferente, pero la magia había desaparecido como parte del aura deJuanele.
El mismo número de Stanton incluye un dossier sobre Leopoldo María Panero, poeta de cultocuyo nombre está asociado a una película también de culto: El desencanto, de Jaime Chávarri. Nuncala había visto, pero después de leer los formidables poemas incluidos en la revista, decidí que erael momento apropiado. El nombre de Chávarri se asocia con el sentimentalismo de Las cosas delquerer y otros emprendimientos comerciales pero en El desencanto tuvo su mejor momento frente a unmaterial poco común. La película comienza con una ceremonia típica del franquismo: la inauguracióndel monumento a Leopoldo Panero (1909-1962, padre de Leopoldo María) en su pueblo natal. Elhomenajeado fue uno de los poetas más o menos oficiales del régimen. Su obra abunda en referenciasa dios y la familia y sus panegiristas la califican como “la de mayor ternura humana que haproducido la literatura española moderna”.
Uno de los aciertos de El desencanto es que nunca se ve una imagen de Panero padre, cuyaestatua está oculta antes del acto y luego se transforma en el fantasma que domina la película. Esque este hombre ejemplar, que escribía versos como “Voy contigo, hijo mío, frenesí soñoliento/ de mi carne, palabra de mi callada hondura”, era al parecer una bestia, un individuoegoísta y brutal. La impresionante chifladura de sus tres hijos parece la mejor prueba de suverdadero carácter. Pero el mayor (Juan Luis) resultó también poeta y el del medio (Leopoldo María)un poeta genial, aunque su vida transcurre desde hace muchos años entre un manicomio y otro. Eldesencanto y la familia Panero son acaso demasiado ejemplares como alegoría de la España de Franco,de una cara exterior respetable que esconde un profundo horror subterráneo. Pero si el film todavíaimpresiona es porque el sufrimiento y la locura casi grotesca de los personajes son irrepetibles.Hay algo buñueliano en esa gente.
El desencanto no es una película sobre la calidad artística de Leopoldo María, sino sobre ladisfuncionalidad de su familia. De poesía se habla más bien poco durante el film. ¿Era tanirrelevante Panero padre como hoy nos hacen sospechar su vida y su filiación política? ¿Es tanbueno Panero hijo como estamos hoy tan inclinados a aceptar sin discusiones? El dossier de Stantonse pregunta por qué el medio literario argentino no le ha prestado la debida consideración, dada lacategoría de su obra, su relativa fama en España y el hecho de que escribe en castellano. Locaracterizan en principio como el Osvaldo Lamborghini español, aunque por el volumen de suproducción “Osvaldo sería más bien el Panero argentino”. El menor de los Lamborghini esla contraseña, el talismán de la literatura argentina actual y eso hace que la referencia seaoportuna, más allá de las comparaciones. Hoy es en buena medida a través de Lamborghini que seentiende aquí el conjunto de la literatura universal. Panero sería una referencia importante paralos que conciben la literatura como una guerra contra las trampas del mercado. Aunque también unopodría preguntarse por qué ni Lamborghini ni Juan L. Ortiz son debidamente conocidos en España. Talvez por el provincianismo, tal vez porque el destino de un poeta es análogo a esa imagen fugaz enla película de Contardi. Como bien muestra El desencanto, ni los monumentos ayudan a laperdurabilidad.

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