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Política y marketing electoral

Política y marketing electoral
28-07-2026 | 13:22

El análisis de los resultados probables de la elección presidencial de 2011 requiere formularuna cantidad de preguntas interrelacionadas y tomar en cuenta las respuestas a esas preguntas. Elsolo enunciado de las preguntas llenaría toda esta columna; las respuestas podrían llevar un libroentero, que presumimos nadie escribirá. La conclusión más simple es que el resultado de la elecciónpresidencial de 2011 es hoy absolutamente incierto.
A continuación, algunas de las preguntas y ligeros esbozos de algunas respuestas.
¿Se votará simultáneamente para elegir autoridades provinciales y legisladores y para elegirpresidente y vice? Aparentemente no. La diferencia es mayúscula, porque para muchos dirigentes laelección local es más relevante que la nacional; si ambas se acoplan o desacoplan cambia suestrategia. Para muchos dirigentes, en la elección local se juega su capital político relevante; elgobierno central es una herramienta para sus proyectos, no un fin en sí mismo, y en últimainstancia siempre resulta concebible negociar con quien esté sentado en el sillón de Rivadavia.Precisamente por eso, la estrategia de Kirchner complica la vida de los políticos locales,presionándolos a jugar sus cartas a la elección nacional a expensas de sus interesesterritoriales.


Para muchos opositores también esto es relevante, porque hay fuerzas políticas nacionalespero también fuerzas locales para las cuales la conveniencia de acoplarse a candidaturas nacionalesestá lejos de ser obvia. Y quienes tienen proyectos nacionales –como la UCR– tambiénnecesitan consolidar su posición en sus distritos clave; la articulación entre el plano local y elnacional es muy crítica.
¿Se formarán unas pocas grandes alianzas o se presentará una amplia diversidad decandidaturas? Si se piensa que el kirchnerismo difícilmente bajará del 35 por ciento y bien podríaestar en el 40 –posiblemente su techo en primera vuelta–, que haya una granconvergencia opositora o que no la haya cambia todo. Se oye con frecuencia el argumento de que lascosas se definirán en la segunda vuelta. Esa idea tiene dos problemas: uno, es un condicional,porque para que eso ocurra tiene que haber segunda vuelta; dos, para muchos votantes un motivocentral de su voto es la probabilidad de lo que suceda en la segunda vuelta, descontada a la horade decidir el voto en la primera vuelta. No es como la ruleta, donde cada bola es independiente dela anterior.


Un tema particular en este gran tema más general es si se definen coaliciones como parte dela oferta electoral inicial o se pospone el tema hasta después de definido el resultado. La UCRestá hoy concentrada en su frente interno, y se entiende que así sea; de allí surgirá una fórmulapresidencial, por interna abierta o por acuerdo. Ahora bien, muchos ciudadanos se preguntan: ¿podráel radicalismo asegurar la gobernabilidad? Por buenas o por malas razones –a mi juicio,malas, incorrectas– muchos tienen la idea de que el radicalismo no está muy preparado paraasegurar la gobernabilidad del país. Y piensan: sólo mediante un gobierno de coalición podría unpresidente radical asegurar la gobernabilidad. A los radicales considerar este asunto hoy losdistrae de su proceso interno; además, a muchos radicales la idea no les gusta demasiado (lacoalición tal vez se asocia a la idea de “doblarse”, algo intolerable para un partidocuya tradición es que “no se rompe”). Pero para muchos votantes la coalición es lagarantía de la gobernabilidad, y por lo tanto un motivo para votar o no votar a un candidatoradical.


¿Cómo podría gobernar el país un gobierno que presumiblemente ganará por poca diferencia, notendrá mayoría en el Congreso y deberá tomar decisiones dificilísimas en frentes como el fiscal, elcambiario, los precios de los servicios públicos, el crimen, la educación…? Es cierto que eseproblema afecta tanto a un eventual ganador opositor como a Néstor o Cristina de Kirchner; peromuchísimos votantes no lo ven así, porque los Kirchner ya están en el gobierno, ya gobiernan y handemostrado que pueden hacerlo, y no será nada fácil conseguir que dejen de poder gobernar; encambio, para uno nuevo, la tarea empezará de cero y tendrá que tratar de deshacer el entuerto querecibirá del gobierno saliente. Hay quienes piensan que estas son minucias al lado de laimportancia de lograr un cambio histórico, el quiebre de un ciclo político. Lo cierto es que paramuchísimos votantes la cosa no es tan dramática: entre el fantasma de la ingobernabilidad (léase,1989, 2001 y 2002, o aun antes, 1962, 1966, 1976) y un gobierno que no encanta, que hasta fastidia,pero que gobierna, la opción bien puede ser exactamente la contraria. Y a estos se suman los que noestán tan desencantados con este gobierno, que son unos cuantos.


Para muchos, en esta elección está en juego Kirchner sí vs. Kirchner no. Para muchos otros noes así; para no pocos de estos, el kirchnerismo es un producto conocido, atributos buenos y malosbien conocidos, precio conocido, relación precio-calidad bien conocida. La opción que se planteanes entre ese producto y opciones alternativas poco conocidas, atributos inciertos, diferenciaciónimaginada pero no testeada, precio incierto... Los opositores sufren un problema de marketing: dequé hablar para sintonizar con los votantes.
En gran medida, se trata de un desafío de competencia electoral en un mercado confundido ycon poca información de la que es relevante y suficiente para tomar decisiones. Se requierenherramientas de análisis y de marketing electoral. Estas no van en contra de la política, pero nose agotan en el hacer político cada día. Mientras esas herramientas no se usan, la incertidumbredisminuye un poco… a favor de los Kirchner.

*Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

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