| UNO DE LOS SEIS CHICOS QUE MURIO en el incendio del edificio tomado en La Boca elsábado 10. |
Al igual que la religión, el fanatismo político utiliza la culpa como un instrumento dedominación. Así como hay pecado religioso, hay pecado ideológico. En una sociedad donde seconsidere como pueblo sólo el sector que simpatiza con el Gobierno, quien se atreva a serpolíticamente incorrecto corre el riesgo de vivir en estado de excomunión. Es por eso que lamayoría de las personas –como también pasa en las religiones– simula creer en lo que nocree y declama preceptos que no practica. Esto sucede desde los grupos de pertenenciaprofesionales, vecinales o de afinidad más pequeños, hasta en la sociedad en su conjunto.
Entre aquellos cuyo trabajo depende de la aprobación de amplias audiencias, como sucede conlos políticos y los periodistas, seguir las encuestas y opinar en sintonía con lo que quiere lagente es una práctica habitual. El problema es que las sociedades necesitan estadistas, personasque precisamente merecen ese calificativo y ocupar las más altas posiciones porque tienen lacapacidad de torcer el masivo impulso primitivo de tomar por el camino más corto y de convencer ala sociedad de ir por el camino correcto.
Que el ex presidente haya esperado hasta que la mayoría de los habitantes no sólo seconvenciera, sino que expresara que cortar puentes como el de Gualeguaychú no es lo que correspondepara recién allí decir “nunca estuvimos de acuerdo con los cortes”, es una señal decómodo cinismo. También surfea sobre la ola de la opinión pública el gobernador de la Provincia deBuenos Aires cuando dice que “ahora sí el campo tiene razón”, mirando con un ojo lo quepasa en su provincia y con el otro lo que sucede en Santa Fe, donde el monosilábico Reutemann diceque ahora sí (“ahora” es la palabra mágica que permite justificar todo cambio) podríaser candidato a presidente, rompiendo el monopolio de Scioli como único candidato kirchneristapotable.
Hay grados y patologías en la utilización de lo políticamente correcto. Está el del timoratoque, aterrado por perder popularidad, nunca contradice la opinión dominante de cada momento; Sciolio Reutemann, por ejemplo. Y está el cínico que no sólo utiliza el envión de la corrientemayoritaria para impulsar su vuelo, sino que se transforma en el mismísimo viento para encarnarseen el profeta de esa corriente y acusar a quien le estorbe de ser un malvado.
El extensamente ridículo corte del puente de Gualeguaychú es sólo el ejemplo más emblemáticode la ocupación del espacio público o privado sin que el Estado intervenga. El domingo pasado,PERFIL les dedicó su foto principal de tapa a los seis hermanitos que murieron quemados el díaanterior, en el incendio de un edificio del barrio de La Boca, ocupado ilegalmente por ochofamilias que vivían desde 2001 en esa propiedad, que antes de ser usurpada fue una sucursal del exBanco Italia y Río de la Plata. Sólo el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene 780 propiedadesocupadas, y hay una infinidad de edificios privados y casas en idéntico mal estado.
La cantidad de personas que viven en asentamientos precarios en la Ciudad de Buenos Aires seduplicó en los últimos cinco años. No es que sus habitantes se hayan empobrecido en ese período–por lo menos, hasta hace algunos meses–, sino el resultado del flujo migratorio. Elcaso emblemático es el de la Villa 31 de la Recoleta, con construcciones de hasta cuatro pisos,pero ésta es apenas la versión sofisticada de muchos otros asentamientos verdaderamente precarios einhumanos.
¿Quién puede negar los argumentos de que en la pradera más fértil del planeta no deberíanfaltar alimentos para que no haya desnutridos, o que los chicos de la calle exigen la atención delEstado para suplantar lo que sus padres no pueden darles, o que haya habitantes que no estén sanosy educados no es sólo una responsabilidad de ellos mismos? Pero, ¿se soluciona el déficithabitacional permitiendo usurpaciones de edificios y terrenos públicos y privados o, por elcontrario, se expone a los mismos que se quiere beneficiar a peligros que pueden derivar ensituaciones similares a la muerte de los seis hermanitos del barrio de La Boca?
Durante la crisis del campo, este diario criticó la metodología del corte de rutas como formade manifestar oposición al Gobierno. Probablemente Néstor Kirchner, previendo la conflictividad quese viene, comience a preocuparse por haber alentado una metodología que puede terminar siendo letalen su contra. Más allá de cualquier conveniencia política, todos los partidos y sus dirigentesdeberían asumir como una política de Estado el no utilizar la ocupación del espacio público oprivado como forma de coacción al adversario o de cosecha de adhesiones entre los más necesitados,alentándolos a tomar lo que necesitan por la fuerza; y, en su lugar, crear un subsidio universalpara todos los desocupados, que les permita vivir con dignidad sin caer en la ilegalidad.






