Sí, las épocas son mortales. ¿Cómo no habrían de serlo si la rellenan con nosotros? Pena nopoder asistirlas en su marcha. Sanarles el cuerpo. Frenar su desviación. Curar sus malos hábitos.Dejarlas presentables cuando cumplido su ciclo arriben asombrosas a reemplazar la actualidad queenvejeció.
No. Por ahora al Homo le cuesta dar pie con bola. Está informado (y parlotea de lolindo sobre lo feo que le va) pero salvo en repetir, no arriesga en nada. Filosofa sobre lopringoso y absurdo del capítulo terrestre, pero no cambia de género. Cine, televisión, gabinetes degobierno, ahondan con fruición en series negras. Les place mantener el suspenso, crear monstruos,echarnos a la cara baldes de sangre real de Africa, o de tomate en Hollywood.
Practicar el tiro al pichón contra el más débil de la comarca es el clásico más firme delfolklore mundial. No hay modo de saltar de esta cinta sinfín. Darse al reclamo o al ejemplo, suenaa tonto. Hitler tiene más prensa que Gandhi. Los monstruos no llegan a la punta del rating sin la millonada de monstruitos que forcejeanpara elevarlos. Esta deformación colectiva que se supone es la historia, no pasa dehistorieta. Negra. Con más globos copados por interjecciones como “bang”,“pum”, “crash”, que frases con sentido. En aguantar este protocolo se va lavida de la especie. Todavía vivimos en su antesala, no en su realización. Por no reaccionarseguimos ignorando como viene la mano de la historia del país que nos toca, y del mundo que tambiénnos toca. Solo nos es dable aprender de la televisión como ser más imbécil, vacuo y víctima gustosacada día.
Vivimos en mayor desorden que un gorrión, un eucaliptos, un oso carolina. Aves que emigran enformación sobre nuestras cabezas lo hacen siguiendo un plan de vuelo colectivo y preciso. Cuando undepredador se ensaña con un cardumen de cornalitos, no hay queja ni reclamo al pacto San José deCosta Rica. Sus adultos no chillan: actúan. Un mensaje relámpago atraviesa a sus individuos queipso facto se apelotonan por edad agrupando a los más jóvenes en el centro y a los cornalosgerontes en la superficie más expuesta de la bola. Se ofrecen en sacrificio por edad. Practican la“humanidad” que nosotros evitamos en las secuencias urbanas que piden nuestra acción nonuestra queja. No se hacen los osos (de ser cierto que ellos ”se hacen”) Pese a suextrema fragilidad los cornalitos responden a un mandato sagrado y se entregan en sacrificio.
“Los niños y las mujeres primero” fue un amago de realización cornalita que paranuestra vergüenza perdimos hace tiempo. Hoy los primeros que atrapan los salvavidas y huyen en los botes para 50, son lasintegrantes del directorio, los miembros del gabinete, los capos de la comisión directiva.Los bárbaros no sabían que eran bárbaros. Nadie dijo jamás “Estoy orgulloso de sermedieval” El presente no se puede etiquetar pues nadie sabe que diablos es, ni hacia dondeva, ni de dónde vienen los tiros. Quienes arriben tras nosotros y reciban como torta en la cara eldesastre que dejamos, analizarán los escombros y catalogarán nuestro paso por el mundo. ¿Qué diránde nosotros? Puede que la etiqueten como la época del chanchito enjabonado. La de los 7.000millones de chanchitos enjabonados. 40 del Coño Sur. Sí, yo incluido. No faltaría más.
(*) Especial para Perfil.com




