Por qué, de pronto, los Kirchner están tan entusiasmados por salir del default?
Entiéndase bien: como ya comenté desde esta columna, cuando se iniciaron las gestiones por elcanje, todo intento por convertir a la Argentina en un país “normal” y parecido alresto del mundo que funciona, debe ser bienvenido.
Sin embargo, dados los antecedentes y la reputación de los gobernantes actuales, la pregunta queinicia estas líneas no deja de obsesionarme. Es cierto, dicho sea de paso, que salir del defaultpara la actual administración, tiene un muy pequeño costo de caja, mientras emite deuda que pesaráen los presupuestos de otros años.
Pero igual, ¿qué hace que un gobierno que mantiene defaults parciales, con la deuda nuevacanjeada –manipulación del índice de precios al consumidor que ajusta parte de los bonosentregados en el 2005–; con la deuda con jubilados y pensionados –por haberes malliquidados–; con contratos no renegociados en muchas de las concesiones de serviciospúblicos, etc., etc., se decida a reconocer, precisamente, esta deuda?
Confieso que las respuestas más frecuentes que escucho de analistas y colegas no terminan deconvencerme.
Algunos malintencionados plantean que es otro gran negocio de los K y sus amigos, coninformación privilegiada. Puede ser. Pero es demasiado costo político ante una parte delprogresismo local, como para justificar la medida sólo por esta razón. Kirchner, hasta ahora, hatenido la astucia de vincular sus eventuales negocios con alguna “causa popular” que legenerara, además de un rédito económico, un rédito político.
El canje le mejora la imagen ante quienes no lo votarán, pero se la empeora ante otra parte dela sociedad que podría, en su momento, apoyarlo. Para alguien que cuenta los votos probables de auno, es un lujo que no podría haberse dado, ni aún por un buen negocio.
Otros, sostienen que el canje se hace ahora para, aprovechando la liquidez internacional y laspenurias fiscales locales, poder volver a endeudarse a tasas razonable. También es probable. Perolo cierto es que las dificultades de la Argentina para endeudarse en el mercado internacional atasas bajas no surgen exclusivamente de la existencia de deuda en default, sino de “casi todolo demás”.
La Argentina anterior a las mentiras del INDEC pagaba la misma tasa que Brasil, aun con estadeuda en default. Y, por otra parte, el monto que el actual gobierno argentino podría conseguir enel mercado global, comparado con el que se necesita para cerrar el agujero fiscal, es tan pequeño,que equivale a ofrecerle un glóbulo rojo a un Drácula en abstinencia por meses. Otra vez, pocopremio para tanto costo.
Otros dicen que la Presidenta no quiere seguir pasando el papelón de sentarse en la mesa delG-20 (sitial, dicho sea de paso, que la Argentina se ganó en la década del 90, cuando Kirchner eramenemista y no a la inversa, como ahora) como la oveja negra de la familia. También es probable.Pero para no ser esa oveja negra, no alcanza con salir del default, hay muchas otras cosas quehacer que el Gobierno, al menos hasta ahora, no está dispuesto a llevar a cabo.
Otros, por su parte, indican que es para impulsar la inversión privada, y el crecimiento, demanera de mejorar las perspectivas electorales del oficialismo. Otra vez, el flujo de capitales alpaís fue bueno, aun con esta deuda en default, y será malo hasta que se despeje la incertidumbrepolítica sobre el nuevo gobierno. Sobre todo en un escenario de alta inflación y dudas sobre lasostenibilidad del tipo de cambio nominal. ¿Quién arriesga inversiones sin tener alguna idea sobrelos precios relativos de sus insumos y productos, sobre todo si tiene que vender dólares, parainvertir pesos?
Finalmente, un amigo mío sostiene que Kirchner necesita arreglar el default para terminar con elpeligro de embargos a bienes de la República, de manera de completar la expropiación pendiente deAerolíneas (cuyas acciones siguen en poder de sus anteriores dueños) y concretar la “grannacionalización” de otras empresas que genere el gran golpe de efecto que anda buscando. Perosiendo, otra vez, la oferta de canje unilateral, para que no sigan los embargos habrá que obteneruna gran aceptación de los minoristas que demuestre una negociación “de buena fe”.
Yo sigo con la intriga. Mi problema con las teorías conspirativas es que sobreestiman lainteligencia de los conspiradores. Veremos.




