•DEMOCRACIA CONTRADICTORIA

¿Por qué hablamos de gobernabilidad?

Después de 25 años de democracia la cuestión de la gobernabilidad debería ser un tema superado. Sin embargo, es un concepto que ha vuelto con fuerza, ya sea explícita o implícitamente, en los discursos tanto del oficialismo como de la oposición.

22-08-2026 | 07:00

Después de 25 años de democracia la cuestión de la gobernabilidad debería ser un tema superado.Sin embargo, es un concepto que ha vuelto con fuerza, ya sea explícita o implícitamente, en losdiscursos tanto del oficialismo como de la oposición. Desde las épocas de la transición democráticaque la idea de riesgo de gobernabilidad no tenía el mismo sentido de alarma. ¿Pero de qué se hablacuando se hace referencia a la gobernabilidad?

Al igual que la idea misma de democracia, la cuestión de la gobernabilidad debe ser consideradadesde una visión comprehensiva y no minimalista. Así como el ámbito de demarcación de los procesosdemocráticos no se agota en los derechos cívicos, la gobernabilidad democrática no se agota en elsostenimiento del orden público y las buenas y funcionales relaciones entre el Ejecutivo y elCongreso, sino en una nueva ecuación de elementos interrelacionados.

La gobernabilidad democrática puede entenderse como la capacidad de un sistema político–líderes e instituciones– para manejar eficazmente los desafíos internos y externos deuna sociedad, por medio de políticas públicas orientadas por prácticas y valores democráticosbuscando los consensos necesarios entre diferentes sectores de la sociedad. O sea, lagobernabilidad tiene que ver con la capacidad de gerenciamiento responsable de un sistema político(nacional o local) que se traduzca en gobernar bien y eficazmente, particularmente en lo que hace avalores fundamentales y objetivos económico-sociales.

Vivimos una época signada por múltiples y llamativas contradicciones. En muchospaíses de América latina se evidencian procesos de cambios profundos en sus sistemas políticos y enlos vínculos que la ciudadanía establece con ellos. Es cierto que las democracias se han expandidoen lo que hace a su aceptación popular, pero al mismo tiempo las propias instituciones basales delrégimen democrático son fuertemente cuestionadas por la mayoría de la población, que ve en ellassólo un espacio de acceso al poder para beneficio propio más que instancias eficaces para resolverlos problemas de la población.

Las elecciones periódicas, la alternancia, los avances innegables en el control y transparenciade los actos eleccionarios, y hasta los avances en la defensa de los derechos humanos conviven consituaciones de desigualdad social vergonzosas (condiciones en que el ejercicio de la ciudadanía sehace difícil) o con limitaciones, en muchos casos, de la vigencia del Estado de Derecho, laautonomía de poderes o la existencia de sectores de privilegio e impunidad.

El tema de la gobernabilidad no se agota en la idea de orden social. Su caráctermultidimensional abarca tanto aspectos político-institucionales como sociales y de seguridadpública.

Implica no sólo el manejo democrático de los conflictos, a través de mecanismos institucionalescomo los congresos; supone, además, fomentar una verdadera cultura de diálogo, respeto y toleranciaen el conjunto de actores sociales y políticos de la sociedad.

Recordemos sólo un dato: 14 presidentes debieron abandonar su cargo de manera perentoriadesde el retorno de la democracia en América latina. Tres de esos casos nos pertenecen. Y ello nopor obra de un golpe militar, sino de un espontaneísmo popular alimentado de frustración y rechazohacia el conjunto de la dirigencia y gran parte del entramado institucional.

Muchos países latinoamericanos están mostrando hoy serias dificultades para constituir mayoríaspolíticas que aseguren estabilidad política. Varias son las causas, desde los cambios en laestructura social y los procesos asociados con la globalización hasta la incidencia de los mediosmasivos en la lógica de la construcción de poder político.

El riesgo de gobernabilidad democrática de un país está relacionado, en definitiva, con el gradode responsabilidad del oficialismo y la oposición para consensuar soluciones y procesar losconflictos y, muy especialmente, con el grado de legitimidad de sus actores políticos.

Ello hace evidente la necesidad de cambios urgentes en el ejercicio de la representaciónpolítica y el diseño y gestión de los asuntos públicos, ya que los votos son condición necesariapero no suficiente para sustentar por sí solos el poder político.

La gobernabilidad democrática depende en última instancia de la representatividad y legitimidadde las instituciones políticas, y éstas dependen a su vez de la capacidad de esas institucionespara cumplir a cabalidad sus funciones.


*Socióloga.
** Ex vicecanciller.

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